sábado, 30 de junio de 2018

Experiencias con el facherío altruista

Ayer mismo no pude aguantar más. Quizá habría sido más estético aguantar otro día, coincidiendo con la fecha en la que tengo constancia oficial de la inutilidad de presentarse a hacer conferencias - independientemente de lo que se documente, lo que se demuestre, se referencie o sea constatable. La cosa es que hoy quería hablar de algo que no muchos conocen: el facherío progresista.

Todos conocen fácilmente qué es eso del facherío conservador de toda la vida, su conservadurismo tira hacia en España hacia el cristianismo y, aunque Mussolini era ateo, hace falta una ideología dogmática y anticientífica que conforme la verdadera base de lo que fue a llamarse fascismo (en el caso del fascismo histórico la creencia de una raza diferente y, a partir de ahí, el supremacismo racial). Ese principio dogmático busca enarbolar la superioridad del individuo por haber nacido dentro de un grupo: se trata de la negación del ser para que comparta una categorización que le sobrepase a partir de su cuna.

Pero el progresismo también quiere jugar a ese juego. Da igual las corbatas en el Congreso que los piercings; la gente no vota porque un partido u otro prometa o tenga un programa: las puñaladas traperas a mitad de partido se van a suceder una detrás de otra. No existe criterio, todo lo más: la gente facha espera no un contenido: sino peinados o rastras en el Congreso. Es la estética lo que cuenta, no el contenido. Y, partiendo de la estética, da igual que el amado líder traicione hasta la última coma de cualquier cosa que diga: sabe que la traición puede ser progresiva y siempre, siempre, siempre sus amigos fachas le apoyarán.

Este sectarismo basado en la pertenencia al grupo más de uno podría pensar que jamás podría existir en grupos anónimos con carácter meritocrático orientado hacia el altruismo, como ocurre en el hacktivismo. Sin embargo, el objeto de esta entrada es precisamente lo que he terminado de confirmar.

Existe, precisamente, una licencia de software que impide que un grupo hacktivista pueda valerse de dicho software si sus desarrolladores lo aprovechan para crear o promover sociedades fascistas; se entiende: estas medidas buscan que los grupos sociales del hacktivismo cierren sus puertas a ese facherío que se cuele entre los progresistas.

La cosa es que, a diferencia de otros blogs, en este no me preocuparé en dar enlaces o referencias..., escribo inercialmente. Y, como no podía ser de otra manera, ya había calado desde hace años al grupo de hackmeeting en España, y de cómo censuraba algunos mensajes que enviaba..., o los editaba de manera peculiar.

Sólo había sacado provecho del hackmeeting cuando convoqué a través de él que la gente se reuniera en Madrid, viniendo de varios países..., la convocatoria fue un éxito; pero para conseguir que los administradores mi hicieran caso sólo tuve que hablar con desprecio a España y escribir en inglés - cuando los destinatarios eran hispanohablantes.

Sin embargo, hace poco se propuso crear un grupo para que se juntaran informáticos y compartieran trabajo. El administrador, desde el hackmeeting, fue abriendo una muestra de prueba..., ahí fue donde me desmarqué: si todos hablábamos español, ¿por qué seguirle el juego a la hispanofobia? Al hacer esto pude empezar a sospechar que, efectivamente, ya empezaban a ignorar mi existencia, quizá a la espera de que me fuera del hackmeeting por mi propio pie.

Fue con la llegada de la licencia antifascismo que mencioné antes justo lo utilicé para romper un hilo e iniciar un proceso de confirmación de mis tesis: ¿es cierto que el hackmeeting español es manejado por unos supremacistas hispanófobos? Me venía el debate como anillo al dedo: en virtud de lo que pudiera debatirse y del nivel de sus participantes vería contrastada mi hipótesis. Y aquí me tenéis: me desuscribí irrevocablemente e, incluso, bloqueé a una de las administradoras que me enviaba correos.

El resumen del cuadro fascista escondido por parte del progresista consiste en formar parte de una élite minoritaria para poder sostenerse bajo el sesgo del estatus quo. Y así liderar la marcha underground contra el mainstreaming: es como una analogía perfecta del movimiento feminazi, nada que ver con el feminismo y la necesidad de luchar contra el patriarcado que acosa hoy día más a los hombres que a las mujeres en la sociedad occidental moderna.

Cuando estuve exponiendo mi crítica a la licencia decía que era demasiado ambigua y, por tanto, no podía ser aplicable (obviamente defendía la posición contraria - quería que fuera aplicable, siempre y cuando todos estuviéramos de acuerdo con cómo debería de estar redactada). En cualquier caso era verdad: tal como estaba redactada era absurda, porque obligaba al debate antes de aceptar algo así.

Y ahí estaba yo: incitando el debate. Problema: que la mejor manera de volver a la gente estúpida es hacerse el sueco. Esa es el arma clave: cada vez que expongas un problema, como es cosa del amado líder decidirlo, lo mejor es desviar el debate, emitir muñecos de paja..., y, al mismo tiempo, acusar a quien ha creado el hilo de ser él el que desvía el debate y de emitir tales muñecos de paja. Por otro lado, se cogen términos técnicos y se falsean - directamente: para crear un debate superficial de la interpretación de unos términos conocidos por todos.

El objeto es bien sencillo: si todo es tan complejo que no podemos ponernos de acuerdo, entonces mejor que lo decidan los administradores, los amados líderes.

Tenía fascistas delante, pero nunca les llamé como tal. Ahora bien, como es un hecho que esa gentuza me genera auténtica repulsión y, como tengo por norma no mentir en un debate, el haber ocultado ese sentimiento me habría parecido contrario a mis principios. Por eso mismo, se acortó el debate desde mi punto de vista y les mandé a freir monas - como no podía ser de otra manera.

E insisto, me habría parecido más estético el haber escrito esto mañana..., o eso creo.

La gracia de todo esto es que aún se me había acusado de cosas tan estúpidas y de nivel de jardín de infancia como que estaba aplicando la ley que dice que en toda conversación alguien menciona a Hitler..., ¡vaya! ¡y yo que pensaba que el hilo iba justamente sobre el fascismo! Curiosamente yo ni saqué el propio hilo de la licencia fascista, lo que extrage fue un subhilo para responder a las preguntas planteadas por un compañero.

Por cada frase que escribía se acumulaba como respuesta una parrafada de despropósitos: había encontrado en ese grupo una explosión combinatoria de estupidez. Es como si usaran las neuronas para intentar ver de qué manera pudieran parecer más inútiles e imbéciles. No eran coherentes ni con ellos mismos..., y aún me quedo corto.

En definitiva. Una cosa es hablar de toxicidad, y otra muy distinta cuando un fascista escondido se encuentra con su judío particular. Es otro level. Lo he vivido y, debo decirlo, ahora me río. En su momento fue más la decepción de corroborar lo que sospechaba..., pero si llego a guardar las mezquindades que salían de esas conversaciones sería comerse la cabeza innecesariamente.

Bueno, pues ya lo sabéis. No espero que nadie saque nada en claro; pero esto ha sido un ejemplo práctico que nos enseña que si queremos crear un grupo underground debemos preocuparnos de redactar con claridad nuestro código deontológico cosa que, según parece, en el hackmeeting no tienen ni pajolera idea de lo que es ni han oido hablar de algo por el estilo.

viernes, 29 de junio de 2018

Mi segunda entrada

Parece que ahora los debates es el acercamiento de presos de la ETA, y no ha faltado el malnacido que ha opinado que en la política antiterrorista no caben las víctimas. Parece que no avanzamos. Parece que es como si realmente fuera un pensamiento o progresista o conservador..., pero da igual el color de la cortina. Ya sea Stalin o ya sea Hitler, los rasgos que necesita una democracia para que sucumba a ser una dictadura son unos pocos; y no tiene nada que ver los discursos, las amistades, el pasado o los colores.

La cosa es que aún se sigue sin entender que las víctimas deben formar parte de la política antiterrorista. Y hay que entenderlo todo desde un punto de vista amplio: ¿acaso no hay quien se queja de que en Cuba haya un único partido encargado de los temas militares que afectan a la población? Poco a poco las asambleas cubanas van adquiriendo una mayor autodeterminación, pues el objeto es, indudablemente: que tales familias puedan formar parte de la política militar del país. Cosa bastante difícil si es cierto que sigue en guerra y que su modelo económico suele ser atacado constantemente desde un exterior muy cercano.

¿Qué pasa cuando un país decide iniciar una guerra contra otro país? Lo normal: que las familias que están en medio se quejan. Porque no hay otra: ¿por qué nos tiene que afectar los deseos de poder e invasión de los que ostentan el poder? El poder es del pueblo, no de esos malnacidos.

Por eso mismo, no hay que confundir la política de reinserción con la política antiterrorista. Si bien dentro de la política antiterrorista debe haber un apartado para la reinserción social, donde se verá cómo define cada parte qué entiende por reinserción, se debe entender que la única política antiterrorista aceptable debe pasar por la correcta legislación sobre las fórmulas de reinserción social que deben ser ejecutadas por los correspondientes profesionales. De esa manera aseguramos la neutralidad del proceso.

¿Y quiénes deben redactar o vigilar la redacción de tales políticas? ¡Obviamente los primeros afectados por ellas! Las leyes antiviolaciones vigiladas por asociaciones de víctimas de violación. Las leyes antipiratería vigiladas por asociaciones víctimas de la piratería. Las leyes antiocupa vigiladas por asociaciones víctimas de la ocupación..., de la misma manera que el movimiento ocupa, los internautas y asociaciones de presos deban también formar parte.

A esto, señores, se le llama DEMOCRACIA. Cuando excluyes a una parte: también tiene nombre. Y estos movimientos deben redactar leyes que tengan sentido para que puedan aplicarse: en vez de los sinsentidos redactados en la Ley de violencia de género que debería ser objeto de repulsa si nos atenemos a los tratados internacionales, ya sea de Europa o incluso de la ONU..., demasiado obvio como para explicar cómo en algunos aspectos España recuerda mucho a Arabia Saudí.

Dicho lo cual, lo volveré a ver: cómo algún experto excluye a las víctimas porque papá estado es el que se encarga de confundir la moralidad con la ética, de vulnerar derechos fundamentales, y de saltarse la neutralidad de los procesos reinsertativos con el fin de hacer posible el mesianismo negociador y reinventarse el papel usurpador y dictador del poder ejecutivo.

Bajo una ley escrita en condiciones lo normal sería conseguir el acercamiento de los presos de ETA tras la revisión judicial correspondiente; pero como no existe tal ley, y todo se pretende hacer de cualquier manera, mejor nos montamos un falso debate y así hasta parece demasiado complicado como para que pidamos a gritos que nos salve el presidente del gobierno. Lamentable.

Por eso los que se hacen los suecos mejor que nadie son los que eligen a los siguientes premios Nóbel.

Hala, ya me he desahogado.
Que paséis buena mañana.

jueves, 28 de junio de 2018

Historias 1

Al salir de clase algunos preadolescentes tienen la oportunidad de terminar de conocerse antes de que el sistema comunista les separe y los clasifique entre las distintas opciones que ofrece la secundaria. Antes de la primera segregación meritocrática, genios y lentos, guapos y feos, adaptados, ricos y no tan ricos tienen la opción de terminar de mezclarse entre ellos sin importar nada. Así que, como en un ritual, poco importan las guerras que destrozaron el planeta años atrás, poco importan las banderas e himnos que aún les queden por terminar de comprender y poco importa la versión edulcorada de la historia que les fueron a contar para que algún día aprendan a desecharla. Ahora tienen la oportunidad de reunirse por una hora y jugar, según el caso, al fútbol.

#historiasdefútbol

Aurelio no ve, y es de nacimiento. Lleva unas gafas especiales que le lanza una suerte de colores al cerebro para percibir la cercanía de los objetos. Son los milagros de la tecnología: desde hace años los ordenadores pueden empatizar en parte con las personas, pero no es posible aún devolverle la vista a un ciego de nacimiento. Como formas sinuosas se perfilan deformes y extrañas sin que Carlos las pueda terminar de entender. Las gafas emiten unas señales a la cabeza, pero son deformaciones o espectros de lo que realmente sucede ahí fuera.

Esa es la realidad que le falta por ver, pero no tiene tanta fuerza cuando se ha crecido bajo la fortaleza de escuchar de primera mano, palpar de primera mano e, incluso, oler de primera mano; con los años se comprende que la interpretación que hace una máquina de lo que se ve no es más que un pequeño juego - como una falsedad aceptable y graciosa; una forma virtuosa de autoengañarse.

Y el peor de los autoengaños era el de Aurelio, tenía 13 años y estaba a punto de terminar la escuela, pero ese día ya no estaba dispuesto a abandonarse él una vez más: ya se lo había dicho un profesor, “debes aprovechar para estar con ellos ahora más que nunca, no tienes porqué jugar si no quieres”. Y, efectivamente, ¿para qué jugar? Ahora bien, esa norma ya no podía más el tener sentido para él – quería estar entre ellos, no escucharlos, formar parte de primera mano y no formar parte de la mentira de ser un espectador.

Es por ello que se levantó y se ofertó para integrarse en el equipo que estaba perdiendo por dos goles de diferencia.

- ¡Venga, que tenemos miedo de hacerte daño!
- Eres un peligro, déjalo.
- Si tenemos que ocuparte de ti, ¿qué gracia tiene el juego?

Aurelio pensaba que tenían razón en que no debían dejar de jugar como siempre, que él ya se encargaba. Que no le pusieran en la defensa porque serviría de bien poco. Y efectivamente, consiguió convencerlos de la manera bien simple: dando un patadón al balón para colarlo de casualidad en la portería. Si el destino se hubiera marcado en su contra, se habría librado de la humillación de que lo aceptaran en el equipo.

Así que jugaron, y Aurelio pudo sentir la liberación de tener, de vez en cuando, el balón en los pies; para notar como una y otra vez se caía y tropezaba o se movía demasiado lento.

- Sólo tienes que tirar como antes.
- Que vayas lento eso no quiere decir que no te la deba coger.
- Si quieres vuelve de nuevo a las gradas.

Pero Aurelio también tenía un cierto tesón. Acababan de encajar dos goles más, mientras su equipo aún se descomponía de tanto correr y se desmoralizaba. El capitán se dirigió a Aurelio:

- Mira, cuando cojas el balón tus compañeros se alejarán de ti, los otros irán a por ti. Así que pasa o tira. Esa es la única lección.

Aurelio reconoció la idea: el que tiene el balón, los espectros que se te abalanzan y aquellos que buscan el pasillo para el pase. No era tan complicado. Tuvo la oportunidad de recordar cómo un verano jugaba a tirar penaltis en la playa. En familia todo eso era mucho más sencillo. Entonces tenían que pujar por ser los siguientes en tirar: aquel que fuera a por el balón era para quitarle la oportunidad de tirar, aquel que se aparta es para dejarle intentarlo. Siempre ha sido así.

Pero como siempre fue así, no hay sitio para ganadores en estas historias. Los intentos suelen estar vinculados con los fracasos. El aprender algo nuevo suele estar vinculado con aprenderlo para otra ocasión. Habían encajado para cuando terminó esa hora cinco goles y, para cuando Aurelio dio con la manera de darle al balón y sorprender al portero, sólo marcó un gol tras un pase de la muerte del capitán.

- ¿Por qué no probaste a tirar por ti mismo? - le preguntó Aurelio mientras lo laureaba su equipo.
- Porque este gol ahora sí vale por cinco.

Dentro de unos años puede que ya se olviden los unos de los otros, recordarían - tal vez - que perdieron por goleada. Sin embargo, ¿acaso esa sensación de decorosa victoria no les inundaría? La barrera autoimpuesta aniquilada y el conocerse de manera mucho más auténtica. Entonces, ¿cuál fue la mala contabilidad? ¿Cómo es que como buenos perdedores debían aceptar su derrota cuando en realidad habían ganado algo mucho más tangible? En el fondo todos lo tenían claro.

miércoles, 27 de junio de 2018

Expulsando demonios

Me he visto a mí mismo comiéndome la cabeza de nuevo, hablando solo..., pero ya no puedo sentir vergüenza de nada porque no tengo vida social. El aburrimiento ha creado una nueva vía en la vida que me ha tocado vivir: consiste en tener la obligación de dejar de hacer nada por la sociedad porque la sociedad no sólo no le saca provecho, sino que además los malos aprovechan, o parecen aprovechar, esa tecnología para desarrollar sus necedades.

En lo que a mí me respecta el mundo se puede dar por perdido: no tenemos unos referentes en los que basarnos. No hay una historia de la ciencia ni nada que se le parezca basada en los méritos, más que en las apariencias. Y a los hechos me remito: si tuviéramos que basarnos en las experiencias que establecieron el modelo de dominancia cerebral de Herrmann, podríamos entender que las mujeres científicas y artistas debieran de ser muchísimas menos que los hombres; sin embargo, ¿por qué no hay negros o gitanos? De la misma manera, estas mismas mujeres habrían destacado en el mundo de la política o en pedagogía, si nos basáramos en dicho modelo, y, sin embargo,  bien sabemos que los grandes políticos y pedagogos también son hombres.

¿Cómo es posible que en ciencias sociales las mujeres no hayan plantado su hegemonia absoluta como lo han hecho los varones en las ciencias? La explicación es obvia porque, si simplemente negáramos el modelo de dominancia cerebral, todavía podría ser peor: ha existido un marcado patriarcado confabulando contra los méritos de las personas.

El plan que pudiéramos tener algunos de ayudar a hacer florecer las vergüenzas del patriarcado habría sido lo suficientemente válido para ayudar a hacer comprender que el problema trasciende mucho más: que toda la sociedad científica y la crítica se fundamentan en preceptos fachas. El talento en la vida real es algo tan secundario que asusta. Ya no es que no sea posible encontrar muchas estrellas en el mismo pedestal, lo cual es algo estructural y, de por sí, no es un problema salvo de aceptación: el problema es que se colocan en el pedestal expresamente a los que sean de tu hermandad.

Los criterios de selección para triunfar no consiste en estudiar mucho y tener mucho talento: eso sirve de bien poco. El verdadero objeto, incluso por encima del trabajo duro o de creer en lo que se hace, es conocer gente y no dedicarse a llamar en las puertas, sino en esperar a que alguien te abra una puerta para entrar en ella y dar a entender que la invitación y la gran idea de su permanencia en la estancia fue de quien le invita. Por tanto el talento consiste en descubrir dónde están los cerrojos de las puertas que te impiden avanzar, abrirlos por dentro sin que descubran que has sido tú y esperar por la fuerza del tiempo y la costumbre a que la puerta se abra sola para coincidir con quien se piense que te está invitando a pasar.

Es un proceso realmente trivial. Y sí, lo he visto, lo he practicado, me lo han ofrecido cientos, miles de veces..., pero nunca, nunca, nunca he pasado. Lo mío es pura ciencia. Quizá deba arrepentirme de mis estudios sobre la inmundicia del ser humano occidental, pero es el precio que debe adoptar el buen criminólogo - al menos tengo consciencia de que los cuadros psicológicos que tengo en mente son puros, son auténticos.

Pero nada, escribía ésto no para ofrecer nada, sino para desahogarme. Tan pronto como he empezado a limpiarme de los demonios de dentro ya habré terminado y seré capaz de hacer la mañana.

Que pasen un buen día.



martes, 26 de junio de 2018

Las primeras experiencias

En momentos como éstos, ni las empresas, ni los inventos y, ni mucho menos, los amigos o lo público, van a poder ofrecer solución a lo que resulte desde mi punto de vista contingente, incluso en términos generales. Este proceso de volverse un tanto más hermitaño no es sino resultado de haberle propuesto al mundo el que simulara colocar el pie sobre mi persona y que, en cuanto viera una peculiar luz, lo apartara para ayudar a hacer ver qué es lo que se esconde detrás de todo éso.

Sin embargo, cuando le ofreces a un necio poner el pie sobre algo, éste simplemente se limita a pisotearlo. Dicen que la envidia o la maldad son actos de una dimensión extraña. Se me antoja que cuando un torpe no quiere admitir que lo es, se limita a actuar como si su plan incluyera maldades - cuando la maldad en sí misma no existe. Son trasvaloraciones de actos torpes, crueldades provenientes de discapacitados y gente sociopatizada. En definitiva, es un tipo de necedad.

Y es entonces cuando me pregunto, ¿qué es lo que ha hecho el ser humano para que el noble ejercicio de la escritura y su literatura, que es el pilar fundamental que diferencia una civilización de una agrupación de tribus, se haya convertido en un déspota ejercicio de la pornografía del buen gusto en lo políticamente correcto o del ejercicio mismo de hablar por hablar y no tanto por un mensaje que se quisiera transmitir trasversalmente a las personas que rodean al autor?

Si ya no somos capaces de hacer algo tan enervantemente noble como denunciar lo que el autor cree que es objeto de denuncia, a pesar de la trivialidad que suponga para los que no sean tan legos como él o yo mismo, entonces ya no nos corresponde sentir orgullo como civilización; bien podríamos limitarnos a contarnos entre nosotros lo azul que está el agua y lo sucia que está la mar, para luego concluir que lo sucio ya no es poesía, salvo para el bufón que desee seguir vendiendo libros.

Tras llevar a cabo los estudios que he tomado en consideración, ya he decidido que no vale la pena hablar de los memes culturales que definen nuestra civilización, pues es raro encontrar a uno sólo entre mis semejantes con capacidad o ganas de desarrollar la idea más simple que nunca ha parecido que haya pretendido culminar.

En su lugar, aunque sea como una afición personal, iniciaré mi propia investigación sobre la pragmática de la sociabilidad animal; para la cual, tras arduos años de investigación, era lógico pensar que el idioma que albergue la historia de la literatura y el arte más extenso debía también poseer los esquemas más adecuados para encontrar un protolenguaje que desarrolle alguna suerte de teoría de la mente. Suerte que hable el castellano y, a estas alturas, me río de la academia que concede los premios nóbel: ¿que no tenemos entre los hispanohablantes suficientes grandes y buenos ejemplos de una hermosa literatura? ¿No será que el resto de los idiomas no es capaz de aprovechar la pragmática que viene del castellano y su mentalidad a la hora de marcar las pautas de la historia?

Pues eso mismo he estado considerando últimamente, pues por mucho que he buscado no he conseguido, por el momento - salvo por alguna referencia vaga, encontrar esas pautas que serían susceptibles de crear una historia de manera automática.

Y bien, si son bien conocidas las herramientas que ayudan a los escritores a escribir, parece que en ocasiones a más de uno se le olvida, una vez más, la importancia de la trascendencia, la pragmática del autor cuando escribe la obra.

No faltará el falso humilde, o tonto útil, que dirá que obra y escribe por placer personal. Ahora, en este blog, no me iré con remilgos pues más bajo no puedo caer, y más alto imposible. Considero que no encontraremos seriedad en las afirmaciones de quien se dedica a escribir miles y miles de palabras sin una buena razón. Que nos dicen: es su trabajo. Y yo pensaré: entonces nos da mierda. Que nos dicen: él dijo que lo hacía por dinero. Y yo pensaré: a lo mejor os estaban mandando a la mierda.

Básicamente así empiezo mi blog..., poco a poco con una nueva concepción.

No diré nada útil, y no sé si me vale la pena incluso publicitar algo así. El tiempo dirá.

viernes, 22 de junio de 2018

Primera entrada de prueba

Estoy pensando en crearme este blog para escribir historias y participar en concursos, no para ganarlos, sino para marcarme objetivos de vez en cuando y así no terminar de hacer algo.

Cuando a la persona le arrebatan el derecho a avanzar, se convierte en un mero individuo.
Cuando al individuo le arrebatan los sueños, se convierte en un sujeto.
Cuando el sujeto pierde la acción, se convierte en un objeto.
Cuando al objeto nadie lo referencia, se convierte en basura.