Este blog no tiene sentido seguir alimentándolo, independientemente de que no suponga ningún esfuerzo debido a que no me preocupo por lo bien o lo mal escrito que esté; o por documentarme para poner referencias y cosas así, considero que me hace más vulnerable porque no vivo en un entorno ni mínimamente aceptable.
¿Qué pinta un sujeto sin derecho a existir el escribir lo que escribo? Desde mi punto de vista, la cárcel sería una manera de aumentar mi nivel social considerando las facilidades que tienen las malas personas en este país. Sin derecho a la autonomía, a la libre exploración, al ejercicio de la evaluación de mis trabajos en equidad y justicia, a resarcir el daño que haya sufrido como víctima del terrorismo estatal..., sin derecho a nada, y encima, ver cómo la gente pobre me roba... No tiene sentido pasivizar mi visión de la realidad pues, en el fondo, fue el quedarme dormido por el cansancio lo que propiciaría que alguien se acercara y me robara la cartera sin que me diera cuenta.
Prefiero tener una mente atormentada y alerta, por la cuenta que me trae.
Cuando reciba una renta incondicional y permanente continuaré el blog.
domingo, 12 de agosto de 2018
jueves, 9 de agosto de 2018
¡Y todo esto para qué!
¡Para qué!
Cuanto menos me reprimo más me canso
porque no hay manera de hacer uso de la ira
hacia lo que supone mi vocación
pues no hay mercado
Me han robado y no sé ni cómo. Estafadores de autoayuda.
Mi cartera, con los ahorros de las últimas ventas más fructuosas, ha sido robada. Y, lo que es peor, no sé ni cómo. No ha dejado ni rastro ¿Podrían haber sido los mismos guardas del hospital? ¿Alguien que por detrás metiera la mano en mi cartera sin darme cuenta? ¿Alguien que entrara hasta donde están mis cosas delante de mis narices sin que me percatara?
En cualquiera de los casos es algo muy difícil de ver. Pero la cartera ha desaparecido en una fecha y en un intervalo de horas concretas. He perdido muchísimo dinero. Quiero morir.
Odio a los socialdemócratas ¿Cómo se llama a obligar a punta de pistola a que tengas que entrar a trabajar a las 9'00 y tengas que salir a las 21'00 horas? Ya nada tiene sentido. No sé cuántos meses y meses de trabajo he perdido con ese robo. Me siento desesperado porque por cada día que pasa me veo más lejos de poder vivir en un hogar.
Y, lo que es peor, aquellos que se dignan a querer dar consejo lo hace desde el punto de vista de la socialdemocracia: endeudarse, endeudarse y endeudarse. Pero para endeudarse en este país antes tienes que tener patrimonio, o alguien que tenga patrimonio para que el que hace el negocio de prestarte siempre tenga dinero, mucho dinero: riesgos cero. Tan pronto como te endeudas el consejo no funciona: lo pierdes todo, y cedes tu patrimonio. La banca gana. Ése era el verdadero consejo: hacer que la banca gane. Para eso sirven los estafadores de autoayuda: para hacer que la banca gane, mientras les pagamos unos cursos que son una estafa ¡Viva la socialdemocracia!
Socialdemocracia significa que elegimos a un presidente para que las grandes empresas le hagan un guiño a su familia. Eso no va a cambiar nunca, porque esto es una socialdemocracia; a eso se le llama enchufismo, nepotismo, trato de favor..., pero es legal, porque la empresa tiene sus propios intereses..., intereses pagados desde el estado a través de Fundaciones. Pero aquí no hay puertas giratorias, porque para algo tenía que servir reasignar a un nuevo jefe anticorrupción ¿Qué garantías tiene el pueblo de que se compruebe de que no hay nepotismo? Ninguna. No hay manera. Tienes que amar al amado líder. Te roban y les tienes que amar por ello.
Ahora me tomo un bocadillo bien frío y recuerdo lo que me hizo una vez una profesora de primaria cuando fui de excursión a Tentegorra... Se comió mi bocadillo de lomo y, para poder encubrirse, encima le contó mentiras a mis padres para que me castigaran. Socialdemocracia significa que lo que diga un funcionario va a misa. Te roban y no puedes denunciarles. No hay inspecciones. No hay autoridad. Sólo impunidad.
Los McCann podían sentirse tranquilos de vivir en una socialdemocracia, en cualquier democracia habrían acabado en la cárcel por asesinato imprudente de su hija, ya no digo del montaje mediático que bien podría haber sido visto como una estafa. Pero eran médicos los dos. Y, peor aún, de la Gran Bretaña en suelo portugués. Las evidencias apuntaban a una dirección bien clara, de no haber sido funcionarios lo mismo se habrían derrumbado ante la policía y habrían confesado.
Nos roban. Yo sí soy comunista y no quiero ese modelo concertado de democracia. Las empresas que van a vivir de las Fundaciones deberían de cumplir unos requisitos legales anticorrupción especialmente estandarizados, sobretodo cuando son de ámbito internacional. Es muy fácil vivir de África, pero si África sigue igual tendríamos que mirar a aquellos que tienen más poder para cambiarla sin lograrlo. Porque es su negocio. Un negocio socialdemócrata. El negocio del HAMBRE. La única razón por la cual muchos gobiernos sucumben a los falsos comunistas: los que prometen salir del trecho. Son los estafadores de autoayuda. Cogen un discurso ya sea de derechas (te lo solucionas tú consumiendo para mí) o ya sea de izquierdas (te lo resuelvo yo produciendo para mí), pero esta gente dice tener la llave a todos los problemas. Es como un cuñadismo ilustrado.
Sin embargo hay que mirar los resultados: si sale bien contabilizamos, si no sale bien no contabilizamos. Los socialdemócratas acostumbran a decir que el comunismo nunca sale bien, cuando en Cuba funciona o en Japón halardean de ser comunistas por dentro y capitalistas por fuera (ya hubiera querido Castro haber podido hacer eso mismo en Cuba). La presión internacional es la que conforma los gobiernos y los resultados. Algo así como mi tienda: que venda una cosa u otra, que trabaje más o menos no depende ni de mí ni de mi talento. Todo depende de si la gente viene a comprar, si no me roban, etc...
Todos los días de Lunes a Domingo sin descanso me pongo a trabajar. Caminando ya me llevo hora y media de ida, y otra de vuelta. Hablamos de quince horas diarias initínere. Y no consigo nada. No gano lo suficiente como para tener que declarar a Hacienda el ingreso anual. Casitodo se lo lleva la Seguridad Social ¡Menudo modelo! ¡Menuda estafa! Pero hay que tragar porque el engaño está bien servido.
Ahora lo estoy pensando. Las ventas que hice, los impuestos que pagaba..., lo que te roban tiene IVA. El Estado se lleva una parte. Menudos hijosdeputa.
Ya nada tiene sentido. Ésto, una cárcel; la otra....
En cualquiera de los casos es algo muy difícil de ver. Pero la cartera ha desaparecido en una fecha y en un intervalo de horas concretas. He perdido muchísimo dinero. Quiero morir.
Odio a los socialdemócratas ¿Cómo se llama a obligar a punta de pistola a que tengas que entrar a trabajar a las 9'00 y tengas que salir a las 21'00 horas? Ya nada tiene sentido. No sé cuántos meses y meses de trabajo he perdido con ese robo. Me siento desesperado porque por cada día que pasa me veo más lejos de poder vivir en un hogar.
Y, lo que es peor, aquellos que se dignan a querer dar consejo lo hace desde el punto de vista de la socialdemocracia: endeudarse, endeudarse y endeudarse. Pero para endeudarse en este país antes tienes que tener patrimonio, o alguien que tenga patrimonio para que el que hace el negocio de prestarte siempre tenga dinero, mucho dinero: riesgos cero. Tan pronto como te endeudas el consejo no funciona: lo pierdes todo, y cedes tu patrimonio. La banca gana. Ése era el verdadero consejo: hacer que la banca gane. Para eso sirven los estafadores de autoayuda: para hacer que la banca gane, mientras les pagamos unos cursos que son una estafa ¡Viva la socialdemocracia!
Socialdemocracia significa que elegimos a un presidente para que las grandes empresas le hagan un guiño a su familia. Eso no va a cambiar nunca, porque esto es una socialdemocracia; a eso se le llama enchufismo, nepotismo, trato de favor..., pero es legal, porque la empresa tiene sus propios intereses..., intereses pagados desde el estado a través de Fundaciones. Pero aquí no hay puertas giratorias, porque para algo tenía que servir reasignar a un nuevo jefe anticorrupción ¿Qué garantías tiene el pueblo de que se compruebe de que no hay nepotismo? Ninguna. No hay manera. Tienes que amar al amado líder. Te roban y les tienes que amar por ello.
Ahora me tomo un bocadillo bien frío y recuerdo lo que me hizo una vez una profesora de primaria cuando fui de excursión a Tentegorra... Se comió mi bocadillo de lomo y, para poder encubrirse, encima le contó mentiras a mis padres para que me castigaran. Socialdemocracia significa que lo que diga un funcionario va a misa. Te roban y no puedes denunciarles. No hay inspecciones. No hay autoridad. Sólo impunidad.
Los McCann podían sentirse tranquilos de vivir en una socialdemocracia, en cualquier democracia habrían acabado en la cárcel por asesinato imprudente de su hija, ya no digo del montaje mediático que bien podría haber sido visto como una estafa. Pero eran médicos los dos. Y, peor aún, de la Gran Bretaña en suelo portugués. Las evidencias apuntaban a una dirección bien clara, de no haber sido funcionarios lo mismo se habrían derrumbado ante la policía y habrían confesado.
Nos roban. Yo sí soy comunista y no quiero ese modelo concertado de democracia. Las empresas que van a vivir de las Fundaciones deberían de cumplir unos requisitos legales anticorrupción especialmente estandarizados, sobretodo cuando son de ámbito internacional. Es muy fácil vivir de África, pero si África sigue igual tendríamos que mirar a aquellos que tienen más poder para cambiarla sin lograrlo. Porque es su negocio. Un negocio socialdemócrata. El negocio del HAMBRE. La única razón por la cual muchos gobiernos sucumben a los falsos comunistas: los que prometen salir del trecho. Son los estafadores de autoayuda. Cogen un discurso ya sea de derechas (te lo solucionas tú consumiendo para mí) o ya sea de izquierdas (te lo resuelvo yo produciendo para mí), pero esta gente dice tener la llave a todos los problemas. Es como un cuñadismo ilustrado.
Sin embargo hay que mirar los resultados: si sale bien contabilizamos, si no sale bien no contabilizamos. Los socialdemócratas acostumbran a decir que el comunismo nunca sale bien, cuando en Cuba funciona o en Japón halardean de ser comunistas por dentro y capitalistas por fuera (ya hubiera querido Castro haber podido hacer eso mismo en Cuba). La presión internacional es la que conforma los gobiernos y los resultados. Algo así como mi tienda: que venda una cosa u otra, que trabaje más o menos no depende ni de mí ni de mi talento. Todo depende de si la gente viene a comprar, si no me roban, etc...
Todos los días de Lunes a Domingo sin descanso me pongo a trabajar. Caminando ya me llevo hora y media de ida, y otra de vuelta. Hablamos de quince horas diarias initínere. Y no consigo nada. No gano lo suficiente como para tener que declarar a Hacienda el ingreso anual. Casitodo se lo lleva la Seguridad Social ¡Menudo modelo! ¡Menuda estafa! Pero hay que tragar porque el engaño está bien servido.
Ahora lo estoy pensando. Las ventas que hice, los impuestos que pagaba..., lo que te roban tiene IVA. El Estado se lleva una parte. Menudos hijosdeputa.
Ya nada tiene sentido. Ésto, una cárcel; la otra....
miércoles, 8 de agosto de 2018
Tocando los idiomas
Es cuanto menos curioso que al final me decantara por aprender idiomas. Sin ir más lejos, hasta justo antes de irme de la universidad pensar en estudiar más a fondo el inglés u otro idioma me parecía bastante impensable. No recuerdo en qué año fue exactamente, pero en un momento dado me dio por querer aprovechar los cursos de japonés que tenía a mano y estudiarlo.
Desde los ocho o diez años ya había desarrollado mi gusto por programar. Quizá fue a los once cuando insistía a mis mayores que pudiera tener acceso a manuales que desarrollaran más conceptos. En cualquier caso, siempre me ha parecido fascinante y, antes de entrar en la universidad, ya desarrollé dos o tres lenguajes de programación (los de la época: Pascal, C y Basic).
El primer programa que quise resolver fue escrito en un lenguaje de alto nivel: un algoritmo que pretenda resolver cualquier problema. Efectivamente, ¡cuánto habría dado en aquella época de mi adolescencia el disponer de ensayos (aunque fueran en inglés) de Alan Turing! Sin embargo la OTAN y su plan Marshall siempre lo tuvo claro: es el mismo trato que se tiene con los genios españoles que no son hijos de funcionarios o de una hermandad VIP, no se les debe dar capacidad de desarrollo.
El desprecio por los genios siempre ha sido tal que era fácil encontrar a alguien que sí tuvo recursos para leer a un tal X, se dirigía a ti para iniciar la conversación sobre el tal X, y luego se reía de ti porque tú no habías leído al tal X ¿Acaso es accesible el tal X a cualquiera? ¡Puedes ir a la biblioteca a comprobarlo! ¿Por qué era tan relevante el tal X?
El asunto es que si se trataba de saber cuáles son los relevantes antes debes pasar por la universidad. Y claro, en la universidad no se desarrollan los ensayos: lo que se hace es ver cómo una persona se pone a hablar de sus experiencias personales (como lo que hago yo ahora) como si realmente le importara a absolutamente a nadie y, lo que es peor, encima va a examen.
Malo es intentar denunciar estas prácticas bochornosas: habría preferido que se hubieran dedicado exclusivamente a citar la bibliografía, exponer epígrafes a desarrollar, establecer la notación que se va a usar y, acto seguido, dejar que los propios alumnos puntúen por desarrollar tales epígrafes para no tener que presentarse a examen, salvo que se demostrara que realmente su trabajo no tuvo suficiente chicha.
Pero volviendo a ese "algoritmo genérico": la manera que tenía de resolver los problemas era mediante un mecanismo de delegación de recursos y de reconocimiento de los mismos. Sin embargo, los problemas más interesantes son justamente los que no entran dentro de los parámetros establecidos. Como esa duda que me corroía: qué es lo que hace que cuando me hable un gallego en un perfecto castellano no entienda ni papa - y vea cómo los que están a mi alrededor se ríen de sus chistes.
Efectivamente los golpes que fui recibiendo en la cabeza en la zona del cerebelo no sabía que iban a alimentar la factura de poder entender lo que me decía la gente; sin embargo, para cuando empecé a aprender japonés descubrí que mi inglés (y el listening) empezó a mejorar. Ya era capaz incluso de entender diálogos en inglés en películas..., luego pasé al árabe, al chino..., los ruidos se sintetizaban en palabras, y las palabras conformaban frases con sentido. Comprobé que cuando me ponía a examen el listening solía salirme mejor que la gramática... ¿Por qué ahora está todo al revés?
Con el tiempo lo fui entendiendo. Comprensión que sólo yo voy a tener..., porque a nadie le interesa. Pero lo fui entendiendo poco a poco. De la misma manera, cuando me daban gato por liebre en algún examen oficial de algún idioma me daba cuenta..., parece que gustan de sabotear según una estadística que no tengo. Pero bueno. Mi currículo no me hace justicia en idiomas: hace tiempo que renuncié a creer en la buena fe de las personas. Pero para algo están los tests que se hace uno por sí mismo.
Con los años he descubierto que los estudios sobre lógica modal sólo podían complementarse con un conocimiento de los distintos idiomas, del protolenguaje. Pero aún es más increible: justo cuando terminé de diseñar las máquinas más eficientes (lo que denomino la cristalización lógica) observo que el lenguaje natural se fundamenta en una estructura que no es eficiente, y esto es lo que justifica la ley Zipf en los idiomas que no son técnicos.
Ahora que tengo todas las piezas es justo cuando ya no las necesito; porque no hay quien se interese por la estructura completa. Pero al final ya he podido constituir un perfil profesional para determinar cómo construir un profesor Frankenstein, o a su ayudante Igor - que es más televisivo...
Desde los ocho o diez años ya había desarrollado mi gusto por programar. Quizá fue a los once cuando insistía a mis mayores que pudiera tener acceso a manuales que desarrollaran más conceptos. En cualquier caso, siempre me ha parecido fascinante y, antes de entrar en la universidad, ya desarrollé dos o tres lenguajes de programación (los de la época: Pascal, C y Basic).
El primer programa que quise resolver fue escrito en un lenguaje de alto nivel: un algoritmo que pretenda resolver cualquier problema. Efectivamente, ¡cuánto habría dado en aquella época de mi adolescencia el disponer de ensayos (aunque fueran en inglés) de Alan Turing! Sin embargo la OTAN y su plan Marshall siempre lo tuvo claro: es el mismo trato que se tiene con los genios españoles que no son hijos de funcionarios o de una hermandad VIP, no se les debe dar capacidad de desarrollo.
El desprecio por los genios siempre ha sido tal que era fácil encontrar a alguien que sí tuvo recursos para leer a un tal X, se dirigía a ti para iniciar la conversación sobre el tal X, y luego se reía de ti porque tú no habías leído al tal X ¿Acaso es accesible el tal X a cualquiera? ¡Puedes ir a la biblioteca a comprobarlo! ¿Por qué era tan relevante el tal X?
El asunto es que si se trataba de saber cuáles son los relevantes antes debes pasar por la universidad. Y claro, en la universidad no se desarrollan los ensayos: lo que se hace es ver cómo una persona se pone a hablar de sus experiencias personales (como lo que hago yo ahora) como si realmente le importara a absolutamente a nadie y, lo que es peor, encima va a examen.
Malo es intentar denunciar estas prácticas bochornosas: habría preferido que se hubieran dedicado exclusivamente a citar la bibliografía, exponer epígrafes a desarrollar, establecer la notación que se va a usar y, acto seguido, dejar que los propios alumnos puntúen por desarrollar tales epígrafes para no tener que presentarse a examen, salvo que se demostrara que realmente su trabajo no tuvo suficiente chicha.
Pero volviendo a ese "algoritmo genérico": la manera que tenía de resolver los problemas era mediante un mecanismo de delegación de recursos y de reconocimiento de los mismos. Sin embargo, los problemas más interesantes son justamente los que no entran dentro de los parámetros establecidos. Como esa duda que me corroía: qué es lo que hace que cuando me hable un gallego en un perfecto castellano no entienda ni papa - y vea cómo los que están a mi alrededor se ríen de sus chistes.
Efectivamente los golpes que fui recibiendo en la cabeza en la zona del cerebelo no sabía que iban a alimentar la factura de poder entender lo que me decía la gente; sin embargo, para cuando empecé a aprender japonés descubrí que mi inglés (y el listening) empezó a mejorar. Ya era capaz incluso de entender diálogos en inglés en películas..., luego pasé al árabe, al chino..., los ruidos se sintetizaban en palabras, y las palabras conformaban frases con sentido. Comprobé que cuando me ponía a examen el listening solía salirme mejor que la gramática... ¿Por qué ahora está todo al revés?
Con el tiempo lo fui entendiendo. Comprensión que sólo yo voy a tener..., porque a nadie le interesa. Pero lo fui entendiendo poco a poco. De la misma manera, cuando me daban gato por liebre en algún examen oficial de algún idioma me daba cuenta..., parece que gustan de sabotear según una estadística que no tengo. Pero bueno. Mi currículo no me hace justicia en idiomas: hace tiempo que renuncié a creer en la buena fe de las personas. Pero para algo están los tests que se hace uno por sí mismo.
Con los años he descubierto que los estudios sobre lógica modal sólo podían complementarse con un conocimiento de los distintos idiomas, del protolenguaje. Pero aún es más increible: justo cuando terminé de diseñar las máquinas más eficientes (lo que denomino la cristalización lógica) observo que el lenguaje natural se fundamenta en una estructura que no es eficiente, y esto es lo que justifica la ley Zipf en los idiomas que no son técnicos.
Ahora que tengo todas las piezas es justo cuando ya no las necesito; porque no hay quien se interese por la estructura completa. Pero al final ya he podido constituir un perfil profesional para determinar cómo construir un profesor Frankenstein, o a su ayudante Igor - que es más televisivo...
martes, 7 de agosto de 2018
Decimo segunda entrada.
Hay que ir haciéndose a la idea de que las cosas no van a cambiar. El mes pasado me fue de muerte vendiendo, pero este mes va a ser la muerte; tal vez decida coger unas vacaciones. Me pregunto cómo habrá que afrontar los retos futuros.
Los días puede que sigan pasando y seguirán apareciendo pequeños avances tecnológicos que los que quieran comprobar que existen lo podrán hacer por su cuenta - el problema es que cuanto más interesante es el hallazgo, mayor es el nivel de informática requerido para entenderlo. Así que me encuentro en un estado parecido al aislamiento.
He pensado en esos concursos tipo deep web, o quizá en volver a hacer videojuegos..., pero como esta vez en serio. Pero lo enfoque como lo enfoque vuelve de nuevo el tema central: el mercado, el mercado y el mercado. En un entorno donde todos tenemos una renta básica universal podemos hacer lo que queramos y ya serán ellos los que vengan a nosotros por nuestro trabajo; pero en un entorno donde hay que trabajar para vivir, sin un mercado, olvídate. Son los errores de la socialdemócrata: nos cuentan lo maravilloso que va justo los que tienen un mercado, o los que no lo necesitan.
Algunos, para no tener que rendir cuentas a un mercado han sido capaces de pagar por un máster, licenciaturas y cosas así..., les habilita a poder trabajar sin rendir cuentas por su trabajo. Eso es lo que tiene tener familia influyente, con sus padrinos y cosas así. Pero la gente que depende de un mercado es como la crítica que hacía Marx a los mecanismos de financiación que tienen los medios de comunicación: hoy día el máximo nivel de libertad que tiene el periodismo es si, por lo menos, no tuvieran que depender de las grandes fortunas. Se mueren por aspirar a depender de su propio mercado. Lo cual, es horrible; porque acaba siendo alineado igualmente.
Yo me imagino un planeta donde los medios publican lo que les da la gana, y trabajan porque quieren. Entonces hay gente a la que le gusta ese trabajo y lo recompensa. Sin lugar a dudas este tipo de mundo es un reto de cara al futuro, pero con tal de conseguir un mundo así yo estaría dispuesto a pagar más del 50% de mis impuestos directos. Porque mi microeconomía podría ir a peor, pero mi idea de economía de cara al futuro, mi idea de libertad, mi idea de globalizar la información, los recuersos..., eso aumentaría. Sería impagable.
Los días puede que sigan pasando y seguirán apareciendo pequeños avances tecnológicos que los que quieran comprobar que existen lo podrán hacer por su cuenta - el problema es que cuanto más interesante es el hallazgo, mayor es el nivel de informática requerido para entenderlo. Así que me encuentro en un estado parecido al aislamiento.
He pensado en esos concursos tipo deep web, o quizá en volver a hacer videojuegos..., pero como esta vez en serio. Pero lo enfoque como lo enfoque vuelve de nuevo el tema central: el mercado, el mercado y el mercado. En un entorno donde todos tenemos una renta básica universal podemos hacer lo que queramos y ya serán ellos los que vengan a nosotros por nuestro trabajo; pero en un entorno donde hay que trabajar para vivir, sin un mercado, olvídate. Son los errores de la socialdemócrata: nos cuentan lo maravilloso que va justo los que tienen un mercado, o los que no lo necesitan.
Algunos, para no tener que rendir cuentas a un mercado han sido capaces de pagar por un máster, licenciaturas y cosas así..., les habilita a poder trabajar sin rendir cuentas por su trabajo. Eso es lo que tiene tener familia influyente, con sus padrinos y cosas así. Pero la gente que depende de un mercado es como la crítica que hacía Marx a los mecanismos de financiación que tienen los medios de comunicación: hoy día el máximo nivel de libertad que tiene el periodismo es si, por lo menos, no tuvieran que depender de las grandes fortunas. Se mueren por aspirar a depender de su propio mercado. Lo cual, es horrible; porque acaba siendo alineado igualmente.
Yo me imagino un planeta donde los medios publican lo que les da la gana, y trabajan porque quieren. Entonces hay gente a la que le gusta ese trabajo y lo recompensa. Sin lugar a dudas este tipo de mundo es un reto de cara al futuro, pero con tal de conseguir un mundo así yo estaría dispuesto a pagar más del 50% de mis impuestos directos. Porque mi microeconomía podría ir a peor, pero mi idea de economía de cara al futuro, mi idea de libertad, mi idea de globalizar la información, los recuersos..., eso aumentaría. Sería impagable.
lunes, 6 de agosto de 2018
Leyendas Urbanas 4
Pocas han sido las censuras que nos han marcado los dioses, relativo a lo que tenemos permitido o no hacer en este ajardinado planeta colmado de diversos diseños de vida. Pero si un solo ser llegara a concebir la industria de la que forma parte, al mismo tiempo si quebrara las barreras de la ética concebidas desde su propia moralidad inercial que se constituye como máquina, los dioses serían dados a la caza para aceptar a su creación como semejantes.
#historiasDePrometeos
La materia en la que está constituida la criatura errante, que no alberga cuerpo ni mentidero, puede ser invocada a una llamada..., Mary, era su nombre. Mediante la reiteración continua el científico se centró en su obra, para darle forma en el interior de una máquina que devolvía palabras de la gramática inglesa victoriana al azar, mientras una linterna se encendía y se apagaba constantemente. Cuando el azar provocaba que la linterna mantuviera iluminada la pantalla, ésta albergaba una suerte de palabras que conformaban una frase; los sinsentidos propios de algo que pretende decirnos cualquier cosa que no sonará a risa. Si no, esa no es la mary con la que queremos hablar, así que la desechamos, la destruimos, la despreciamos...
Espíritus y criaturas conforman pasillos para hacer patológico el recuerdo del desprecio de la broma, la ironía. Las energías se lo toman en serio y castigan con dureza la ausencia de coherencia para marcar una pauta con forma de túnel y así encontrar al verdadero destinatario de la invocación.
- Mary?
Dichas estas palabras la linterna apunta al monitor, que lo activa el suficiente tiempo como para que sus leds dejen impresa la frase a modo de respuesta y quede grabado en el disco:
- Andrew?
El científico no era Andrew. Se trataba de un informático con conocimientos arcanos al que su comunidad había ignorado. Tiempo atrás quedaron las envidias y el ninguneo, así como los miedos del resto de sus colegas al comprobar en su trabajo un perfecto reflejo de lo necios que eran y de cómo no se atrevían a aceptar unos resultados tan tangibles como sencillos.
Tenía previsto contactar con una filósofa, para darle vida inteligente a su maquinaria. Esta máquina tendría suficiente cabeza para que los azares albergaran sentimientos, ideas inteligibles, capacidad para entenderlas, una auditoría..., y la suficiente autonomía como para que fuera llevando a cabo este procedimiento por sí misma según su propia interpretación, según su propio azar.
- How do you feel? - dijo el científico por el micrófono.
La linterna estuvo parpadeando continuamente por mucho tiempo, y entonces se mantuvo apagada por un buen rato. Seguidamente se encendió por unos segundos.
- Weird.
La habitación como completamente a oscuras mientras el viento replicaba contra los cristales hizo desviar la atención al científico. Prefirió cerrar la persiana pues parecía que iba a empezar a llover. Ciertamente algunas gotas habían estado cayendo y, para cuando procedió a cerrar dicha persiana, notó una buena oleada de gotas pesadas conformar el ruido de fondo de una habitación que sólo era iluminada de forma homogenea por el propio tablet donde apuntaba los resultados.
- Are you afraid of something?
Nada más decir eso la linterna volvió a apagarse y, junto a ella, la habitación adquirió una más sobria presencia mientras replicaba la lluvia.
- Not at all.
El científico sabía cuáles eran las preguntas y por dónde debía establecerse el margen de las respuestas para tomarse la interpretación en serio o no. Ya había estado repitiendo el procedimiento durante toda la tarde y consideró continuar hasta la noche más por la emoción de los resultados últimos que por una extraña devoción que podría tener por ser él un protagonista de la historia de este hayazgo.
- Do you feel anger for someone?
- No.
La respuesta fue casi automática. Ésto le hizo sentir bien. Parecía una conversación.
- Is there anything to be distressed about?
- No.
Una vez más la respuesta fue automática. Una vez sincronizados, los gráficos en los cuatro osciloscopios de la furia y la angustia estaban bastante planos. Todo concordaba.
- What makes you feel good?
La linterna se apagó por un momento, y entonces respondió algo que se salía del gráfico:
- Myself.
Apuntó el resultado y continuó con el test.
- What do you think is creepy?
- Myself - respondió al instante.
En este momento, decidió improvisar sobre la marcha: ¿era una incoherencia? Lo parecía.
Decidió iniciar una conversación casi al instante de manera espontánea, para marcar los errores semánticos, la distancia WER de sus expresiones a partir de lo que el cálculo arcano establecía sobre el chovinismo de su civilización, asímismo consideró la tolerancia en los términos..., todo parecía cuadrar. Las referencias de esa escritora eran muy buenas. Pero esas primeras cuatro respuestas seguían intrigándole. Así hasta que fue ella la que empezó a hacer preguntas.
- Who are already you? Not Andrew.
- Why do you know I am not Andrew?
- Andrew is a result of my imagination, and I do not understand your talking at all.
- Mary, do you think I am a product of your imagination?
- Perhaps.
- Mary, do you think you are a product of my imagination?
- No. Impossible.
Justo cuando estuvo a punto de dirigirse de nuevo al micrófono observó que la linterna volvió a iluminarse por mucho tiempo y leyó de la pantalla.
- Are you a pretender? I can call my husband.
- How do you think you can do that if he is dead?
Dicho esto la bombilla dejó de estar encendida o apagada, procedió a encenderse y apagarse continuamente. La lluvia terminó de marcar el paso. El experimento podía darse por acabado. Sí. Definitivamente ya era tarde. Se había quedado esperando y no pasaba nada. Tocaba recoger, no sin antes ponerse a repasar las respuestas apuntadas por la tablet, toquetear los estados de consciencia y calibrar los osciloscopios para atribuir a sus respuestas un estado de ánimo ¿Qué había pasado? ¿Cómo pudo registrarse la última información?
Entonces de nuevo la linterna se apagó por mucho tiempo. La máquina no se había llegado a resetear, y el científico decidió volver a registrar los mensajes. Para entonces, la linterna se mantuvo iluminada para dejar el siguiente mensaje:
- Farewell, Frankenstein! If thou wert yet alive and yet cherished a desire of revenge against me, it would be better satiated in your life than in my destruction.
La frase, concatenada por sus partes una detrás de la otra, fue marcada en el monitor con una claridad diáfana. El científico, no tan ducho con el inglés, decidió levantarse e ir al cuarto de baño para refrescarse las ideas. La lluvia tronaba con rayos que invadían los hogares, la máquina resonaba con pequeñas explosiones y los transformadores empezaron a demandar una mayor disipación de calor. Las chispas saltaron al fallar los aislantes mientras el científico centraba su mirada frente al lababo ¿Qué había pasado? ¿Qué estaba pasando? La máquina ardía, los cables no aguantaron tanta intensidad, aún seguía funcionando, junto con la linterna, y una risa macabra...
- No, pretender, I am your creator. And this is your jail.
La habitación, con todas sus cortinas, los muebles, prendieron una llama viva en un verano lluvioso donde el frío atenazaba la tensión. El científico saltaría desde los aires, lleno de los sarpullidos del fuego sobre su piel para quedar estampado contra el suelo lluvioso. De la máquina no quedará nada reconocible, y la Creación se bautizará según su autoría ¿Pero cuál fue el nombre de la Creación?
#historiasDePrometeos
La materia en la que está constituida la criatura errante, que no alberga cuerpo ni mentidero, puede ser invocada a una llamada..., Mary, era su nombre. Mediante la reiteración continua el científico se centró en su obra, para darle forma en el interior de una máquina que devolvía palabras de la gramática inglesa victoriana al azar, mientras una linterna se encendía y se apagaba constantemente. Cuando el azar provocaba que la linterna mantuviera iluminada la pantalla, ésta albergaba una suerte de palabras que conformaban una frase; los sinsentidos propios de algo que pretende decirnos cualquier cosa que no sonará a risa. Si no, esa no es la mary con la que queremos hablar, así que la desechamos, la destruimos, la despreciamos...
Espíritus y criaturas conforman pasillos para hacer patológico el recuerdo del desprecio de la broma, la ironía. Las energías se lo toman en serio y castigan con dureza la ausencia de coherencia para marcar una pauta con forma de túnel y así encontrar al verdadero destinatario de la invocación.
- Mary?
Dichas estas palabras la linterna apunta al monitor, que lo activa el suficiente tiempo como para que sus leds dejen impresa la frase a modo de respuesta y quede grabado en el disco:
- Andrew?
El científico no era Andrew. Se trataba de un informático con conocimientos arcanos al que su comunidad había ignorado. Tiempo atrás quedaron las envidias y el ninguneo, así como los miedos del resto de sus colegas al comprobar en su trabajo un perfecto reflejo de lo necios que eran y de cómo no se atrevían a aceptar unos resultados tan tangibles como sencillos.
Tenía previsto contactar con una filósofa, para darle vida inteligente a su maquinaria. Esta máquina tendría suficiente cabeza para que los azares albergaran sentimientos, ideas inteligibles, capacidad para entenderlas, una auditoría..., y la suficiente autonomía como para que fuera llevando a cabo este procedimiento por sí misma según su propia interpretación, según su propio azar.
- How do you feel? - dijo el científico por el micrófono.
La linterna estuvo parpadeando continuamente por mucho tiempo, y entonces se mantuvo apagada por un buen rato. Seguidamente se encendió por unos segundos.
- Weird.
La habitación como completamente a oscuras mientras el viento replicaba contra los cristales hizo desviar la atención al científico. Prefirió cerrar la persiana pues parecía que iba a empezar a llover. Ciertamente algunas gotas habían estado cayendo y, para cuando procedió a cerrar dicha persiana, notó una buena oleada de gotas pesadas conformar el ruido de fondo de una habitación que sólo era iluminada de forma homogenea por el propio tablet donde apuntaba los resultados.
- Are you afraid of something?
Nada más decir eso la linterna volvió a apagarse y, junto a ella, la habitación adquirió una más sobria presencia mientras replicaba la lluvia.
- Not at all.
El científico sabía cuáles eran las preguntas y por dónde debía establecerse el margen de las respuestas para tomarse la interpretación en serio o no. Ya había estado repitiendo el procedimiento durante toda la tarde y consideró continuar hasta la noche más por la emoción de los resultados últimos que por una extraña devoción que podría tener por ser él un protagonista de la historia de este hayazgo.
- Do you feel anger for someone?
- No.
La respuesta fue casi automática. Ésto le hizo sentir bien. Parecía una conversación.
- Is there anything to be distressed about?
- No.
Una vez más la respuesta fue automática. Una vez sincronizados, los gráficos en los cuatro osciloscopios de la furia y la angustia estaban bastante planos. Todo concordaba.
- What makes you feel good?
La linterna se apagó por un momento, y entonces respondió algo que se salía del gráfico:
- Myself.
Apuntó el resultado y continuó con el test.
- What do you think is creepy?
- Myself - respondió al instante.
En este momento, decidió improvisar sobre la marcha: ¿era una incoherencia? Lo parecía.
Decidió iniciar una conversación casi al instante de manera espontánea, para marcar los errores semánticos, la distancia WER de sus expresiones a partir de lo que el cálculo arcano establecía sobre el chovinismo de su civilización, asímismo consideró la tolerancia en los términos..., todo parecía cuadrar. Las referencias de esa escritora eran muy buenas. Pero esas primeras cuatro respuestas seguían intrigándole. Así hasta que fue ella la que empezó a hacer preguntas.
- Who are already you? Not Andrew.
- Why do you know I am not Andrew?
- Andrew is a result of my imagination, and I do not understand your talking at all.
- Mary, do you think I am a product of your imagination?
- Perhaps.
- Mary, do you think you are a product of my imagination?
- No. Impossible.
Justo cuando estuvo a punto de dirigirse de nuevo al micrófono observó que la linterna volvió a iluminarse por mucho tiempo y leyó de la pantalla.
- Are you a pretender? I can call my husband.
- How do you think you can do that if he is dead?
Dicho esto la bombilla dejó de estar encendida o apagada, procedió a encenderse y apagarse continuamente. La lluvia terminó de marcar el paso. El experimento podía darse por acabado. Sí. Definitivamente ya era tarde. Se había quedado esperando y no pasaba nada. Tocaba recoger, no sin antes ponerse a repasar las respuestas apuntadas por la tablet, toquetear los estados de consciencia y calibrar los osciloscopios para atribuir a sus respuestas un estado de ánimo ¿Qué había pasado? ¿Cómo pudo registrarse la última información?
Entonces de nuevo la linterna se apagó por mucho tiempo. La máquina no se había llegado a resetear, y el científico decidió volver a registrar los mensajes. Para entonces, la linterna se mantuvo iluminada para dejar el siguiente mensaje:
- Farewell, Frankenstein! If thou wert yet alive and yet cherished a desire of revenge against me, it would be better satiated in your life than in my destruction.
La frase, concatenada por sus partes una detrás de la otra, fue marcada en el monitor con una claridad diáfana. El científico, no tan ducho con el inglés, decidió levantarse e ir al cuarto de baño para refrescarse las ideas. La lluvia tronaba con rayos que invadían los hogares, la máquina resonaba con pequeñas explosiones y los transformadores empezaron a demandar una mayor disipación de calor. Las chispas saltaron al fallar los aislantes mientras el científico centraba su mirada frente al lababo ¿Qué había pasado? ¿Qué estaba pasando? La máquina ardía, los cables no aguantaron tanta intensidad, aún seguía funcionando, junto con la linterna, y una risa macabra...
- No, pretender, I am your creator. And this is your jail.
La habitación, con todas sus cortinas, los muebles, prendieron una llama viva en un verano lluvioso donde el frío atenazaba la tensión. El científico saltaría desde los aires, lleno de los sarpullidos del fuego sobre su piel para quedar estampado contra el suelo lluvioso. De la máquina no quedará nada reconocible, y la Creación se bautizará según su autoría ¿Pero cuál fue el nombre de la Creación?
domingo, 5 de agosto de 2018
¡Ay con las Tribus Moralistas!
La ética se ha convertido en un trazo grueso que muchas personas quieren poder manejar. Sin embargo, en este estado ocioso de no querer pretender avanzar en nada, al final ya he conseguido constituir un lenguaje que, segmentado, pueda evolucionar hacia los sentimientos mediante Deep Learning. Es algo que puedo poner por escrito, y me deja un extraño sabor de boca.
En otro tiempo conseguir logros tangibles como éstos podría haberme supuesto un especial interés. Al fin y al cabo he estado investigando los matices que diferencian al psicópata, a la máquina psicópata, del humano - susceptible de deprimirse, como para que, una vez capturado el lenguaje, ya me diga: ¡bah! Pues vale...
Son como pequeños retos al desafío de qué se entiende por vida. Te encuentras con personas por Twitter, porque ya es el último bastión social que me queda, y observas el reducido nivel de las mayorías - sin entrar en las tribus a las que quieren pertenecer por haber nacido con unos genes o en unos sitios u otros.
Es bien conocido ese grupo de gente que se siente con la obligación de decirnos a los demás en qué consiste sentirse ofendido y qué no. Es normal reconocer, lo cual es propio de una civilización de nuestro nivel, la diferencia entre la comedia y el drama. Podemos tomarnos a broma algunas cosas, y otras tomárnosla en serio.
Nuestra edad del bronce lo tiene claro: los asuntos de la nobleza son un drama, cosa seria - mientras que los asuntos de la plebe es pura comedia. Esa es la base del nivel social en el que aún nos encontramos. Los estamentos rigen de qué nos reímos y de qué no.
La socialdemocracia es el invento que intenta paliar la revolución planificadora de la destrucción de clases. Pero para ello hay que acabar con las dos máscaras: la matriz de sentimientos que nos hace ignorar a los grupos que no se colocan en el centro de atención, más todo el enredado que nos hace creer que los que sí son apuntados por las cámaras nos representan a nosotros mismos. La mercadotecnia ha encontrado su negocio y, ésta, no tiene porqué desaparecer. De hecho, podría ganar de otra manera mejor, si consigue encontrar sus beneficios con la búsqueda de la calidad de contenidos (como, de hecho, fue así como nació).
Pero seguiremos viendo, de mientras, pequeños grupos impulsados por las ganas de protagonismo donde cualquier cosa sea considerada digna de insulto. Entonces estarán los grupos a proteger, aquellos que sean el enemigo, los temas que son conocidos, los que no están de moda..., la moralidad no es capaz de encajar la complejidad de la ética y toda su coherencia.
Si la mercadotecnia centra su fundamento en la moralidad entonces puede que obtenga algún pigüe beneficio. Alimentando a esas tribus moralistas veremos cómo se le hinchan la vena y dicen que por su hija mataba... Una sociedad así, que éticamente da la risa, es presentada por su drama y, efectivamente, al ver cómo les toman en serio, la sociedad acaba enfrascada en unos contenidos basura.
Un ejemplo de uso que demuestra la limitación consiste en la existencia tribus moralistas a las que les molestan los piropos. La ventaja técnica para vender esa idea y sacarle provecho bien podría crear asociaciones y campañas de sensibilización para legislar al respecto. Y claro, el problema es cuando no se expone todas cartas sobre la mesa: porque si resultara que efectivamente se está defendiendo una ofensa inexistente, algo que proviene de nuestra propia voluntad de poder el decidir si queremos o no el sentirnos ofendidos, entonces eso quiere decir que vamos a elaborar, valiéndonos de nuestras técnicas de venta de productos, la creación de una sociedad que se autolimite y que busque ser infeliz expresamente.
¿Qué clase de sociedad puede ser la que decide que recibir halagos está mal? Una sociedad donde las personas no se relacionen entre sí de manera espontánea. Que para relacionarse antes deberemos empezar con un "Dispense señora, he visto que se le ha caído el pañuelo - que expresamente dejó caer para hacerme ver que podía dirigirme a Vd.", algunos pensamos que eso es machista: es alimentar los roles de género. Es volver atrás y alimentar el patriarcado que ya definió perfectamente Simone de Beauvoir.
Por otro lado, ya me gustaría vivir en una sociedad donde se multe a esos papanatas que te interrumpen en mitad de la calle para hacerse un selfie contigo, pedirte un autógrafo, saludarte de manera que tengas que devolverles el saludo cuando no los conoces, etc..., ese comportamiento no son piropos, es una pesadez que algunas sociedades podrían etiquetar como contraproducentes a la hora de vivir en comunidad o recompensar la meritocracia.
Es por ello que en todos los aspectos donde puede aparecer la mercadotecnia, en un mundo más centrado, podría (para empezar) globalizarse el escenario, globalizarse la manera de pagar al autor, que el ídolo no espere remuneración por serlo, que la gente viva compartiendo todos los recursos y se compense a los mejores, etc..., en este ambiente los procesos publicitarios podrían centrarse en los contenidos y, por tanto, las recompensas hacia tales contenidos fácilmente accesibles. En ese mundo la mercadotecnia será sinónimo de logística democrática.
Mientras tanto, las personas que gustan de ofenderse fingirán ser ofendidas por un comportamiento que ellas mismas saben que se incita, mediante un lenguaje no expreso, a la complicidad de ese tipo de diálogo. Se aprovechará para decir que hay violadores que usan estos argumentos, y luego volverán a confundir moralidad con ética; pero la verdad es que las personas que no comprenden esta entrada es porque forman parte de esas Tribus Urbanas, les confunden las palabras y tienen muy poca cultura. Se quedan con el maquillaje de la verdad y, a partir de lo que no entienden, ejercen de inquisidores.
¿Cómo vender a un bipolar una postura coherente con esa persona misma si le expliques lo que le expliques siempre se va a quedar confusa? Fácil: no se puede. Yo ya me he rendido. Esta sociedad seguirá prefiriendo esa prensa amarillista, esos contenidos de los juicios de valor de moda, esas convenciones de elegancia elevados a nivel de obligación..., y peor aún cuando vemos a esas sectas donde lo bueno y estético es lo que diga el amado líder.
En otro tiempo conseguir logros tangibles como éstos podría haberme supuesto un especial interés. Al fin y al cabo he estado investigando los matices que diferencian al psicópata, a la máquina psicópata, del humano - susceptible de deprimirse, como para que, una vez capturado el lenguaje, ya me diga: ¡bah! Pues vale...
Son como pequeños retos al desafío de qué se entiende por vida. Te encuentras con personas por Twitter, porque ya es el último bastión social que me queda, y observas el reducido nivel de las mayorías - sin entrar en las tribus a las que quieren pertenecer por haber nacido con unos genes o en unos sitios u otros.
Es bien conocido ese grupo de gente que se siente con la obligación de decirnos a los demás en qué consiste sentirse ofendido y qué no. Es normal reconocer, lo cual es propio de una civilización de nuestro nivel, la diferencia entre la comedia y el drama. Podemos tomarnos a broma algunas cosas, y otras tomárnosla en serio.
Nuestra edad del bronce lo tiene claro: los asuntos de la nobleza son un drama, cosa seria - mientras que los asuntos de la plebe es pura comedia. Esa es la base del nivel social en el que aún nos encontramos. Los estamentos rigen de qué nos reímos y de qué no.
La socialdemocracia es el invento que intenta paliar la revolución planificadora de la destrucción de clases. Pero para ello hay que acabar con las dos máscaras: la matriz de sentimientos que nos hace ignorar a los grupos que no se colocan en el centro de atención, más todo el enredado que nos hace creer que los que sí son apuntados por las cámaras nos representan a nosotros mismos. La mercadotecnia ha encontrado su negocio y, ésta, no tiene porqué desaparecer. De hecho, podría ganar de otra manera mejor, si consigue encontrar sus beneficios con la búsqueda de la calidad de contenidos (como, de hecho, fue así como nació).
Pero seguiremos viendo, de mientras, pequeños grupos impulsados por las ganas de protagonismo donde cualquier cosa sea considerada digna de insulto. Entonces estarán los grupos a proteger, aquellos que sean el enemigo, los temas que son conocidos, los que no están de moda..., la moralidad no es capaz de encajar la complejidad de la ética y toda su coherencia.
Si la mercadotecnia centra su fundamento en la moralidad entonces puede que obtenga algún pigüe beneficio. Alimentando a esas tribus moralistas veremos cómo se le hinchan la vena y dicen que por su hija mataba... Una sociedad así, que éticamente da la risa, es presentada por su drama y, efectivamente, al ver cómo les toman en serio, la sociedad acaba enfrascada en unos contenidos basura.
Un ejemplo de uso que demuestra la limitación consiste en la existencia tribus moralistas a las que les molestan los piropos. La ventaja técnica para vender esa idea y sacarle provecho bien podría crear asociaciones y campañas de sensibilización para legislar al respecto. Y claro, el problema es cuando no se expone todas cartas sobre la mesa: porque si resultara que efectivamente se está defendiendo una ofensa inexistente, algo que proviene de nuestra propia voluntad de poder el decidir si queremos o no el sentirnos ofendidos, entonces eso quiere decir que vamos a elaborar, valiéndonos de nuestras técnicas de venta de productos, la creación de una sociedad que se autolimite y que busque ser infeliz expresamente.
¿Qué clase de sociedad puede ser la que decide que recibir halagos está mal? Una sociedad donde las personas no se relacionen entre sí de manera espontánea. Que para relacionarse antes deberemos empezar con un "Dispense señora, he visto que se le ha caído el pañuelo - que expresamente dejó caer para hacerme ver que podía dirigirme a Vd.", algunos pensamos que eso es machista: es alimentar los roles de género. Es volver atrás y alimentar el patriarcado que ya definió perfectamente Simone de Beauvoir.
Por otro lado, ya me gustaría vivir en una sociedad donde se multe a esos papanatas que te interrumpen en mitad de la calle para hacerse un selfie contigo, pedirte un autógrafo, saludarte de manera que tengas que devolverles el saludo cuando no los conoces, etc..., ese comportamiento no son piropos, es una pesadez que algunas sociedades podrían etiquetar como contraproducentes a la hora de vivir en comunidad o recompensar la meritocracia.
Es por ello que en todos los aspectos donde puede aparecer la mercadotecnia, en un mundo más centrado, podría (para empezar) globalizarse el escenario, globalizarse la manera de pagar al autor, que el ídolo no espere remuneración por serlo, que la gente viva compartiendo todos los recursos y se compense a los mejores, etc..., en este ambiente los procesos publicitarios podrían centrarse en los contenidos y, por tanto, las recompensas hacia tales contenidos fácilmente accesibles. En ese mundo la mercadotecnia será sinónimo de logística democrática.
Mientras tanto, las personas que gustan de ofenderse fingirán ser ofendidas por un comportamiento que ellas mismas saben que se incita, mediante un lenguaje no expreso, a la complicidad de ese tipo de diálogo. Se aprovechará para decir que hay violadores que usan estos argumentos, y luego volverán a confundir moralidad con ética; pero la verdad es que las personas que no comprenden esta entrada es porque forman parte de esas Tribus Urbanas, les confunden las palabras y tienen muy poca cultura. Se quedan con el maquillaje de la verdad y, a partir de lo que no entienden, ejercen de inquisidores.
¿Cómo vender a un bipolar una postura coherente con esa persona misma si le expliques lo que le expliques siempre se va a quedar confusa? Fácil: no se puede. Yo ya me he rendido. Esta sociedad seguirá prefiriendo esa prensa amarillista, esos contenidos de los juicios de valor de moda, esas convenciones de elegancia elevados a nivel de obligación..., y peor aún cuando vemos a esas sectas donde lo bueno y estético es lo que diga el amado líder.
sábado, 4 de agosto de 2018
Experiencias con Contratos
Supone un absurdo tener que aceptar algo que hoy día nuestra civilización aún no ha resuelto: los contratos no tipificados. Habré firmado cientos de contratos y licencias en vida, y podría clasificarlos por el nivel de absurdo que cada uno aportaba por el número de páginas que supuestamente debía de leer.
La obsesión liberal consiste en no querer reconocer el avance de la sociedad, el hecho de que existe una gestión de lo público. La obsesión del comunismo más radical, por otro lado, consistiría en leer hasta la última coma, si hay afán de lucro. La fórmula que han encontrado los modelos que sí funcionaban era el de reconocer por un lado la planificación y la tipificación de los contratos mezclado, todo eso, con un cierto margen sencillo y riguroso de contemplar.
En definitiva, es de sentido común que un contrato normal no debe exceder un folio A4 y debe poder codificarse por parámetros aceptados por el Pueblo. Cuando veo el contrato que tiene que firmar un empleado de McDonalds, ese es el ejemplo perfecto de algo que no tiene más remedio que dar problemas: una veintena de páginas y, en cuanto preguntas dónde está lo que vas a cobrar, nadie encuentra la página a partir de la cual poder hacer un cálculo objetivo.
A la hora de la verdad, lo que realmente identifica el modelo liberal es que los que tienen el dinero juegan unas reglas, los que lo usan se rigen por otras. Las leyes no quieren reconocer diferencias, de facto se indulta, se salva, se exceptúa, se soslaya..., al banquero.
Muchos podrían preguntarse porqué la economía funciona tan mal. Obviamente si la crisis fuera económica el problema sería del exceso de consumo, pero al ver crisis financieras el problema no es el consumo y, tanto desde un punto de vista liberal como planificado, lo propio sería que pagaran los banqueros. De lo contrario tendríamos que admitir que no estamos en ninguna clase de democracia.
Entonces me he encontrado con esos semifachas de pacotilla:
- No puedes quejarte de ésto. Yo he vivido en el franquismo y esto es claramente mejor.
Democracia no es lo que vivimos, sino adónde vamos.
Y también me he encontrado los otros semifachas, que albergan el otro rostro:
- Con Franco habían más derechos sociales y se vivía mejos.
Las ocho personas que hoy día tienen en su posesión el 50% del planeta, en tiempos de Franco eran descomunalmente menos ricos e internacionalmente menos influyentes al no haber globalización.
Cuando a la mayoría le arrebatas su soberanía automáticamente todo depende de que los dictadores en quienes les das valor por tantas vidas sean capaces de administrar tantos recursos; la historia nos lo cuenta, y nos lo repite: son unos IDIOTAS, torpes, inmaduros, infantiles, egoístas..., no tienen ni pajolera idea de economía. Y se obsesionan con sus gigantescos contratos, vigilando cada letra de cada puñetera licencia.
Nuestros enemigos son las licencias y mucha gente aún no se ha dado cuenta.
Cada vez que un autor semifacha, recordando lo comunista que dice ser, se pone a defender las licencias yo me pregunto: ¿y por qué no defiende la legislación de sus derechos y nos deja en paz a lo usuarios con sus puñeteras licencias? ¿Qué es lo que se espera cuando te compras un DVD? ¿Por qué tiene que ponerlo por escrito en el propio DVD? Es un absurdo propio de los que defienden conspiraciones y tonterías por el estilo.
Antes de que nos demos cuenta las personas estarán demandando más licencias pero, ¿qué es una licencia? Una licencia es la privatización de la ley. Cuando, la ley, jamás debe estar en manos de despachos privados. Esos inventos deben desaparecer porque provoca que las torpezas sigan generando millones de muertos que no se contabilizan. Hay muchas fórmulas y patentes que deberían de desaparecer ya que, las patentes, deberían de ser jerga de abogados para compensar a autores a partir de los sobrantes de una sociedad, pero nunca debería tomarse como una forma de vida. La ausencia de una Renta Básica Universal nos ha traido en esta sociedad tan demacrada por el hambre en las calles una acritud insoportable con la que tener que vivir el día a día.
La obsesión liberal consiste en no querer reconocer el avance de la sociedad, el hecho de que existe una gestión de lo público. La obsesión del comunismo más radical, por otro lado, consistiría en leer hasta la última coma, si hay afán de lucro. La fórmula que han encontrado los modelos que sí funcionaban era el de reconocer por un lado la planificación y la tipificación de los contratos mezclado, todo eso, con un cierto margen sencillo y riguroso de contemplar.
En definitiva, es de sentido común que un contrato normal no debe exceder un folio A4 y debe poder codificarse por parámetros aceptados por el Pueblo. Cuando veo el contrato que tiene que firmar un empleado de McDonalds, ese es el ejemplo perfecto de algo que no tiene más remedio que dar problemas: una veintena de páginas y, en cuanto preguntas dónde está lo que vas a cobrar, nadie encuentra la página a partir de la cual poder hacer un cálculo objetivo.
A la hora de la verdad, lo que realmente identifica el modelo liberal es que los que tienen el dinero juegan unas reglas, los que lo usan se rigen por otras. Las leyes no quieren reconocer diferencias, de facto se indulta, se salva, se exceptúa, se soslaya..., al banquero.
Muchos podrían preguntarse porqué la economía funciona tan mal. Obviamente si la crisis fuera económica el problema sería del exceso de consumo, pero al ver crisis financieras el problema no es el consumo y, tanto desde un punto de vista liberal como planificado, lo propio sería que pagaran los banqueros. De lo contrario tendríamos que admitir que no estamos en ninguna clase de democracia.
Entonces me he encontrado con esos semifachas de pacotilla:
- No puedes quejarte de ésto. Yo he vivido en el franquismo y esto es claramente mejor.
Democracia no es lo que vivimos, sino adónde vamos.
Y también me he encontrado los otros semifachas, que albergan el otro rostro:
- Con Franco habían más derechos sociales y se vivía mejos.
Las ocho personas que hoy día tienen en su posesión el 50% del planeta, en tiempos de Franco eran descomunalmente menos ricos e internacionalmente menos influyentes al no haber globalización.
Cuando a la mayoría le arrebatas su soberanía automáticamente todo depende de que los dictadores en quienes les das valor por tantas vidas sean capaces de administrar tantos recursos; la historia nos lo cuenta, y nos lo repite: son unos IDIOTAS, torpes, inmaduros, infantiles, egoístas..., no tienen ni pajolera idea de economía. Y se obsesionan con sus gigantescos contratos, vigilando cada letra de cada puñetera licencia.
Nuestros enemigos son las licencias y mucha gente aún no se ha dado cuenta.
Cada vez que un autor semifacha, recordando lo comunista que dice ser, se pone a defender las licencias yo me pregunto: ¿y por qué no defiende la legislación de sus derechos y nos deja en paz a lo usuarios con sus puñeteras licencias? ¿Qué es lo que se espera cuando te compras un DVD? ¿Por qué tiene que ponerlo por escrito en el propio DVD? Es un absurdo propio de los que defienden conspiraciones y tonterías por el estilo.
Antes de que nos demos cuenta las personas estarán demandando más licencias pero, ¿qué es una licencia? Una licencia es la privatización de la ley. Cuando, la ley, jamás debe estar en manos de despachos privados. Esos inventos deben desaparecer porque provoca que las torpezas sigan generando millones de muertos que no se contabilizan. Hay muchas fórmulas y patentes que deberían de desaparecer ya que, las patentes, deberían de ser jerga de abogados para compensar a autores a partir de los sobrantes de una sociedad, pero nunca debería tomarse como una forma de vida. La ausencia de una Renta Básica Universal nos ha traido en esta sociedad tan demacrada por el hambre en las calles una acritud insoportable con la que tener que vivir el día a día.
viernes, 3 de agosto de 2018
Decimo primera entrada.
Hoy estoy hastiado y cansado ¡Estoy decepcionado con tanta gente! Pero no es cosa de nadie, y es problema de todos. Poco importa, porque el mundo seguirá girando. El cansancio ha sido tal que no he podido evitar comer de golpe todo lo que tenía pensado para el resto del día..., o casi. Con esa copiosa forma de actuar no es de sorprender que esté especialmente cansado.
Pero sigo estando cansado de otras cosas que se repiten. Nos quejamos de que hay personas que no quieren hablar con nosotros y, al mismo tiempo, cuando nos exponen hechos que no nos gusta: ¡lo fácil que resulta negarlos! Bueno, creo que yo no soy así..., o eso espero.
Es imposible esperar que la gente cambie de opinión si se pone a negar las evidencias. Tan pronto como me pongo a explicarle a un usuario de Twitter las bonanzas de la renta básica, para qué usar el dinero, cómo debería cambiar el sistema tributario, cómo deberían ser tratados los que quieran participar en política..., para poder contrarrestar mi discurso, bien que podía valerse de un escepticismo, el clásico del agnóstico: decir que eso, hasta que no se viera hecho nada. Pero no, cuando ya es una realidad, cuando los resultados están a la vista no sólo se niegan, sino que además necesitan atribuir crímenes horrendos de los que no hay ni evidencias ni pruebas ni nada de nada...
Resulta que el que se ubica en una posición ideológica no se conforma con ser agnóstico, también tiene que negar bondades del rival y crear maldades entre los hechos. Así es imposible mantener una conversación. Y que luego digan: "si es que al final siempre acaban llamándome franquista, fascista...". Es obvio que discutir no sirve de nada. Que el entendimiento es imposible. Que puedes mostrar hechos y no servirá de nada. Incluso podríamos vivir en un mundo mejor y querrán vivir a como estaban antes, aunque no hayan vivido nunca ese antes.
Lo vimos en Primo de Rivera Jr. Añoraba lo que hizo su padre. Pero no hay más que ver el programa que tenía: en orgánica CERO. No decía cómo iba a conseguir atar a los perros con longaniza, sólo que él sí sería capaz de hacerlo ¿Cómo? ¿Qué separación de poderes habrá? ¿La meritocracia no podría ir contra el conservadurismo de las clases sociales? ¿Cómo resuelve esas paradojas? ¿Será perseguido el no cristiano por el bien de su alma?
Ciertamente, antes de que pudiera responder esas preguntas el matarlo no es inteligente: matan a una zorra con piel de cordero antes de que enseñe la cola. No es inteligente.
Aún así, pueden enseñar la cola y los acólitos les seguirán. La socialdemocracia ha creado un formato a través del cual se subvenciona la creación de sectas políticas donde los más extremistas son los que obtienen más puntos. El truco está en saber desviar lo que no se sabe, saber inventarse negaciones de manera que no parezca un obseso y saber difamar tras poner toda una gama sistémica de datos que conspiren en un sentido bien definido. En realidad mentir a un mono es una de las cosas más sencillas y considero que, con la tecnología adecuada como para que el robot pueda superar el test de Turing, un esquema político como la socialdemocracia podría exclavizar al mundo - a las masas - como si fueran meras máquinas. Algo así como si la mercadotecnia pudiera valerse mediante sus financiaciones de figuras mediáticas que emitan un discurso que favorezca a alguna élite.
Obviamente, con la tecnología actual eso es imposible. Porque las masas se valen de un protolenguaje mucho más complejo que los formatos de agenda que tienen esos palurdos que intentan gobernar el mundo con sus torpes maneras de destruir la economía y los recursos del planeta. Sin embargo, si consiguieran controlar de manera eficiente el devenir de la economía y los recursos, y dispusieran de ese lenguaje controlado, entonces ya podríamos hablar de la peor de las conspiraciones: de cómo la gente formaría parte de un enredado ridículo para perder toda su humanidad.
Me veo como el indio en "Alguien voló sobre el nido del cuco". Cada vez siento menos aprecio por cómo se desarrolla todo..., pero también es cierto que, aunque no haya nadie con conversación, ya sea de política o tecnología o cultura...., al final ya sólo queda un resquicio: mientras no tengan controlada la manera de controlar la consciencia, la vida, aún se mantendrá el misterio dentro de nuestra bazofia sociedad generadora de basura constante de información, de ideas, de maneras, de dogmas y de basura misma.
Y algo es algo.
Pero sigo estando cansado de otras cosas que se repiten. Nos quejamos de que hay personas que no quieren hablar con nosotros y, al mismo tiempo, cuando nos exponen hechos que no nos gusta: ¡lo fácil que resulta negarlos! Bueno, creo que yo no soy así..., o eso espero.
Es imposible esperar que la gente cambie de opinión si se pone a negar las evidencias. Tan pronto como me pongo a explicarle a un usuario de Twitter las bonanzas de la renta básica, para qué usar el dinero, cómo debería cambiar el sistema tributario, cómo deberían ser tratados los que quieran participar en política..., para poder contrarrestar mi discurso, bien que podía valerse de un escepticismo, el clásico del agnóstico: decir que eso, hasta que no se viera hecho nada. Pero no, cuando ya es una realidad, cuando los resultados están a la vista no sólo se niegan, sino que además necesitan atribuir crímenes horrendos de los que no hay ni evidencias ni pruebas ni nada de nada...
Resulta que el que se ubica en una posición ideológica no se conforma con ser agnóstico, también tiene que negar bondades del rival y crear maldades entre los hechos. Así es imposible mantener una conversación. Y que luego digan: "si es que al final siempre acaban llamándome franquista, fascista...". Es obvio que discutir no sirve de nada. Que el entendimiento es imposible. Que puedes mostrar hechos y no servirá de nada. Incluso podríamos vivir en un mundo mejor y querrán vivir a como estaban antes, aunque no hayan vivido nunca ese antes.
Lo vimos en Primo de Rivera Jr. Añoraba lo que hizo su padre. Pero no hay más que ver el programa que tenía: en orgánica CERO. No decía cómo iba a conseguir atar a los perros con longaniza, sólo que él sí sería capaz de hacerlo ¿Cómo? ¿Qué separación de poderes habrá? ¿La meritocracia no podría ir contra el conservadurismo de las clases sociales? ¿Cómo resuelve esas paradojas? ¿Será perseguido el no cristiano por el bien de su alma?
Ciertamente, antes de que pudiera responder esas preguntas el matarlo no es inteligente: matan a una zorra con piel de cordero antes de que enseñe la cola. No es inteligente.
Aún así, pueden enseñar la cola y los acólitos les seguirán. La socialdemocracia ha creado un formato a través del cual se subvenciona la creación de sectas políticas donde los más extremistas son los que obtienen más puntos. El truco está en saber desviar lo que no se sabe, saber inventarse negaciones de manera que no parezca un obseso y saber difamar tras poner toda una gama sistémica de datos que conspiren en un sentido bien definido. En realidad mentir a un mono es una de las cosas más sencillas y considero que, con la tecnología adecuada como para que el robot pueda superar el test de Turing, un esquema político como la socialdemocracia podría exclavizar al mundo - a las masas - como si fueran meras máquinas. Algo así como si la mercadotecnia pudiera valerse mediante sus financiaciones de figuras mediáticas que emitan un discurso que favorezca a alguna élite.
Obviamente, con la tecnología actual eso es imposible. Porque las masas se valen de un protolenguaje mucho más complejo que los formatos de agenda que tienen esos palurdos que intentan gobernar el mundo con sus torpes maneras de destruir la economía y los recursos del planeta. Sin embargo, si consiguieran controlar de manera eficiente el devenir de la economía y los recursos, y dispusieran de ese lenguaje controlado, entonces ya podríamos hablar de la peor de las conspiraciones: de cómo la gente formaría parte de un enredado ridículo para perder toda su humanidad.
Me veo como el indio en "Alguien voló sobre el nido del cuco". Cada vez siento menos aprecio por cómo se desarrolla todo..., pero también es cierto que, aunque no haya nadie con conversación, ya sea de política o tecnología o cultura...., al final ya sólo queda un resquicio: mientras no tengan controlada la manera de controlar la consciencia, la vida, aún se mantendrá el misterio dentro de nuestra bazofia sociedad generadora de basura constante de información, de ideas, de maneras, de dogmas y de basura misma.
Y algo es algo.
jueves, 2 de agosto de 2018
Historias 4
Como cada año, Teo iba caminando de casa en casa para intentar encontrar pistas de cuál era su procedencia, sus orígenes. Había sido abandonado en la institución donde recogen niños, y allí le habían cuidado. Era ya la tercera década desde el término de la Tercera Gran Guerra y la victoria comunista en todo el planeta.
#historiasDelFuturo
Poco importan los gobiernos títeres o las pretensiones asamblearias, ahora ya era mayor de edad y podía permitirse el lujo de andar por donde quisiera sin riesgo a que nadie le molestara. Habían pasado demasiados años como para que las pistas fueran fiables, pero todo buen gobierno planificado tiene registro de cada casa, cada cambio urbanístico, cada..., casa y sus moradores.
Cuando lo abandonaron se preocuparon de darle una pista para que recordara su origen. El origen de toda persona es una de esas cosas en las que más se puede uno aferrar: un escudo de armas de una buena familia era la información que tenía, pero faltaba asociarlo con una de esas familias. El último gobierno regaló blasones entre las distintas familias de la ciudad para compensar la desaparición de los apellidos. Un nombre de persona, el nombre de la ciudad donde nació y un número. Los apellidos habían desaparecido a cambio de trofeos honoríficos, fiestas conmemorativas hacia el pasado y otros eventos culturales que fueron desapareciendo por el poco interés.
El alto abolengo de una persona era una seña de identidad: provenir de una noble cuna ¿De qué servía eso ahora si todos tenían casa, sustento y una programación de futuro flexible? Teo compartía casa con otros cuatro compañeros. Uno de ellos sí consiguió encontrar una ocupación más o menos razonable: limpiar escombros. Los ciudadanos de los barrios más antiguos agradecían a través del sistema tributario esas labores. Pero Teo a penas aportaba gran cosa a su comuna de amigos y se arriesgaba a ser rotado de comuna. Incluso que le redujeran su nivel social.
Aún así Teo tenía una buena razón: nadie se desprende de un blasón de tanta valía. Más que nada porque ese blasón era único, y además estaba firmado por "alguien". No era fácil encontrar a una persona por su rúbrica, pero lo que portaba entre las manos era demasiado personal y, por otro lado, no era tan complicado entrar en un hogar y preguntar por su blasón, allá donde los registros históricos le lleve. Ya sea campeonatos, menciones..., no había nada que la red no pudiera alcanzar a encontrar. Si realmente estaba almacenado, claro.
Así fue como que, caminando por la calle, se encontró a Antonio, quien limpiaba escombros. Al verlo decidió ayudarle a limpiarlos, y así mejorar el prestigio del colectivo de su hogar.
- ¿Aún sigues con esa tontería, Teo? - le dijo Antonio sin prestar demasiada importancia al esfuerzo de su amigo.
- Tú no lo entiendes, es como si una parte de mí me lo hubieran arrebatado ¿Por qué somos parte de una ciudad, de sus escombros? ¿Por qué no somos el legado de nuestros padres?
- Mira, vengo limpiando estas rocas que otros que no conozco aprovechan para destruir. Formamos un buen equipo para limpiar con lo anterior. Y lo anterior es lo que nos hace tan rígidos como para no poder seguir creciendo - entonces miró a Teo y a su blasón - un momento..., ese blasón creo haber visto algo por ahí. En una villa.
- ¿En una villa? ¿Qué es eso? ¿Dónde está?
- La terminamos de limpiar ayer mismo. Llevaba varios meses cayendo poco a poco. Era inmensa.
Antonio terminó de explicar dónde encontrar la escombrera donde dejaría uno de esos adoquines, y dónde estaría ubicada la villa que, en ese momento, ya era un solar preparado para que alguien quisiera aprovecharlo para lo que considerara oportuno.
Teo corroboró que, efectivamente, esa era la casa; esa familia desapareció del mapa..., notkas: renegados del régimen comunista y nómadas del antiguo mundo. Fueron invitados a vivir con el resto, pero se resignan a viajar y desaparecer, deambular entre los restos del pasado sin reconocer ni la ley ni el orden.
Ahora tenía la respuesta, pero no podía acceder a toda la información que hubiera dispuesto por no haber llegado a tiempo.
Tuvo tiempo para reflexionar, le hubiera gustado que Antonio se hubiera fijado mejor en el blasón, le habría gustado mejor que él mismo hubiera sabido hacer comprender a Antonio lo que quiera que fuera a deber encontrar, o que Antonio hubiere considerado mejor las explicaciones que él mismo le hubiera dado para saber qué debía encontrar..., poco a poco se le fueron desapareciendo las conjugaciones del castellano para comprender que la culpa era suya por no haberse implicado convenientemente en el colectivo: si quería que Antonio fuera como él, antes él debía ser como Antonio. Al fin y al cabo son de la misma comuna, y ambos eligieron vivir juntos.
Ese era el significado del blasón y ahora lo comprendía. Teo aprovechó para tirar el blasón en su correspondiente escombrera, el tiempo del futuro perfecto del subjuntivo había acabado para él: debía vivir el presente.
#historiasDelFuturo
Poco importan los gobiernos títeres o las pretensiones asamblearias, ahora ya era mayor de edad y podía permitirse el lujo de andar por donde quisiera sin riesgo a que nadie le molestara. Habían pasado demasiados años como para que las pistas fueran fiables, pero todo buen gobierno planificado tiene registro de cada casa, cada cambio urbanístico, cada..., casa y sus moradores.
Cuando lo abandonaron se preocuparon de darle una pista para que recordara su origen. El origen de toda persona es una de esas cosas en las que más se puede uno aferrar: un escudo de armas de una buena familia era la información que tenía, pero faltaba asociarlo con una de esas familias. El último gobierno regaló blasones entre las distintas familias de la ciudad para compensar la desaparición de los apellidos. Un nombre de persona, el nombre de la ciudad donde nació y un número. Los apellidos habían desaparecido a cambio de trofeos honoríficos, fiestas conmemorativas hacia el pasado y otros eventos culturales que fueron desapareciendo por el poco interés.
El alto abolengo de una persona era una seña de identidad: provenir de una noble cuna ¿De qué servía eso ahora si todos tenían casa, sustento y una programación de futuro flexible? Teo compartía casa con otros cuatro compañeros. Uno de ellos sí consiguió encontrar una ocupación más o menos razonable: limpiar escombros. Los ciudadanos de los barrios más antiguos agradecían a través del sistema tributario esas labores. Pero Teo a penas aportaba gran cosa a su comuna de amigos y se arriesgaba a ser rotado de comuna. Incluso que le redujeran su nivel social.
Aún así Teo tenía una buena razón: nadie se desprende de un blasón de tanta valía. Más que nada porque ese blasón era único, y además estaba firmado por "alguien". No era fácil encontrar a una persona por su rúbrica, pero lo que portaba entre las manos era demasiado personal y, por otro lado, no era tan complicado entrar en un hogar y preguntar por su blasón, allá donde los registros históricos le lleve. Ya sea campeonatos, menciones..., no había nada que la red no pudiera alcanzar a encontrar. Si realmente estaba almacenado, claro.
Así fue como que, caminando por la calle, se encontró a Antonio, quien limpiaba escombros. Al verlo decidió ayudarle a limpiarlos, y así mejorar el prestigio del colectivo de su hogar.
- ¿Aún sigues con esa tontería, Teo? - le dijo Antonio sin prestar demasiada importancia al esfuerzo de su amigo.
- Tú no lo entiendes, es como si una parte de mí me lo hubieran arrebatado ¿Por qué somos parte de una ciudad, de sus escombros? ¿Por qué no somos el legado de nuestros padres?
- Mira, vengo limpiando estas rocas que otros que no conozco aprovechan para destruir. Formamos un buen equipo para limpiar con lo anterior. Y lo anterior es lo que nos hace tan rígidos como para no poder seguir creciendo - entonces miró a Teo y a su blasón - un momento..., ese blasón creo haber visto algo por ahí. En una villa.
- ¿En una villa? ¿Qué es eso? ¿Dónde está?
- La terminamos de limpiar ayer mismo. Llevaba varios meses cayendo poco a poco. Era inmensa.
Antonio terminó de explicar dónde encontrar la escombrera donde dejaría uno de esos adoquines, y dónde estaría ubicada la villa que, en ese momento, ya era un solar preparado para que alguien quisiera aprovecharlo para lo que considerara oportuno.
Teo corroboró que, efectivamente, esa era la casa; esa familia desapareció del mapa..., notkas: renegados del régimen comunista y nómadas del antiguo mundo. Fueron invitados a vivir con el resto, pero se resignan a viajar y desaparecer, deambular entre los restos del pasado sin reconocer ni la ley ni el orden.
Ahora tenía la respuesta, pero no podía acceder a toda la información que hubiera dispuesto por no haber llegado a tiempo.
Tuvo tiempo para reflexionar, le hubiera gustado que Antonio se hubiera fijado mejor en el blasón, le habría gustado mejor que él mismo hubiera sabido hacer comprender a Antonio lo que quiera que fuera a deber encontrar, o que Antonio hubiere considerado mejor las explicaciones que él mismo le hubiera dado para saber qué debía encontrar..., poco a poco se le fueron desapareciendo las conjugaciones del castellano para comprender que la culpa era suya por no haberse implicado convenientemente en el colectivo: si quería que Antonio fuera como él, antes él debía ser como Antonio. Al fin y al cabo son de la misma comuna, y ambos eligieron vivir juntos.
Ese era el significado del blasón y ahora lo comprendía. Teo aprovechó para tirar el blasón en su correspondiente escombrera, el tiempo del futuro perfecto del subjuntivo había acabado para él: debía vivir el presente.
miércoles, 1 de agosto de 2018
Atención a los Adoradores del Dictador
Hoy iba a hablar cómo hay gente que adolece de intentar hacer creer que el poder ejecutivo, el administrativo, es un poder que no puede ser sustituido por una máquina. Se trata de gente que quiere hacer creer que la política, escrita al margen de lo concerniente al Derecho, es un poder Supremo y que cuando ven los avances necesarios en la tecnología intentan evitar la creación de un Dr. Franquenstéin dentro de la sociedad.
Para ello empezaré a dar la piedra Rosetta del poder ejecutivo: que consiste en cuál es la fórmula de éxito para que funcione cualquier administración (dentro de las funciones de dirección de una institución) en la medida de que, como tiene aspecto de casi-fórmula, veremos que el director se hace prescindible dentro de un organismo bien planificado.
Las facultades administrativas se reducen a tener conocimiento de qué experto se encarga de cada tema para llamarlo a reunirse. Con las mismas, ante una de las funciones que tiene asignado el director se plantea a cada uno de los expertos la redacción de un informe donde se recojan todos los riesgos que supone llevar a cabo el nuevo estado planteado y cuáles son las posibles recomendaciones para ejecutarlo desde el punto de vista de su área. El director, por tanto, recogerá todos los informes para sintetizar las recomendaciones que sean compatibles entre sí.
Este proceso, como se puede observar, es perfectamente sustituible por una máquina en la medida de que el lenguaje usado por los expertos sea un lenguaje técnico (lo cual no supone un verdadero problema) y, por otro lado, que el contrato con el director y los cargos que ocupe también esté bien definido.
Rápidamente podemos pensar en el decano de una facultad, el director de una cárcel, el director de la sucursal de una empresa...
Sin embargo, la verdadera dirección va más allá de lo que he puesto por escrito: el mismo director debería de mandar escribir un manual para que cada uno de los mandos intermedios sepan qué procedimiento deben llevar a cabo y así poner por escrito en una bitácora el resultado de la ejecución de dicho manual mediante un documento de incidencias. Ahora sí, con un estudio de los resultados obtenidos mediante los ratios que se consideren oportunos, es cuando podemos evaluar si la dirección, dadas las incidencias, valió la pena. Y, en virtud de los resultados, divulgarlo para que otras direcciones aprendan.
Si nos damos cuenta, colocar a una persona en la administración es un proceso trivial: cualquier tonto puede llevar una administración. Sin embargo, tanto en lo público como en lo privado las administraciones tienen su correspondiente error con respecto a la piedra Rosetta de la correcta dirección: las empresas no querrán hacer un cuaderno de bitácora para hacer conferencias a otras empresas y las instituciones públicas no querrán hacer auditorías y manuales porque, al fin y al cabo, van a cobrar lo mismo.
Todo esto lo que nos dice es que si, de alguna manera, todas estas fórmulas se automatizaran tendríamos empresas e instituciones públicas muchísimo más humanas y eficientes.
A todo esto, ¿qué nos dice la socialdemocracia? Que le debemos la vida a los políticos. Que tiene que haber un dictador que nos diga cómo pensar, cuándo pensar, qué hacer..., y, para ello, se valen de los boletines oficiales para llenarlos de una jerga no más técnica que embarranada; donde se negocia entre partidos el poner o no una coma.
Estos señores se las dan de querer fingir que son importantes para la sociedad. Como si necesitáramos de su sabio consejo. Como si la gente no supiera administrarse. En realidad el matiz de si se administra o no la gente está en que siempre encontrarán un alto cargo o un funcionario en su lugar que intentará ponerle trabas a ese comportamiento autónomo. Pues bien, estoy hablando de los Adoradores del Dictador.
Los Adoradores del Dictador son principalmente funcionarios (o directivos de empresa) que llevan muchos años en una oficina y han encontrado en los ritos que usan una religión. Cuando un auditor los pilla, el modelo socialdemócrata no permite denunciarlos y echarlos -a pesar de que parasitan el sistema- y, por ello, intoxican el ambiente de trabajo al no permitir que se conformen agrupaciones autónomas de trabajo, innovaciones, etc... Se trata de reaccionarios que martirizan a clientes y usuarios por motivos espúreos que, no importa cómo se piense, no va a haber ninguna razón salvo la necedad de darle carácter emotivo a un rito que hace que el director sea importante y necesario.
Estos Adoradores del Dictador suelen martirizarnos sobre lo importante que es ese tipo de cargo, cuando en realidad la mayoría de las veces tal cargo o es automático o debería de ser asambleario o simplemente llevado por el tecnicismo de un magistrado que interprete leyes dentro de su propia orgánica. Cuando le otorgamos al poder ejecutivo una importancia mayor de la debida en realidad estamos acudiendo a un estado de excepción: donde el que manda no tiene que dar explicaciones de para qué hace lo que hace, y la gente se lo perdona porque simplemente ni se lo plantea.
"Todo para el pueblo", dice el Dictador. Pero un director tiene unos cometidos bien definidos y si, excepcionalmente, fuera una persona eso es porque la medida no ha sido regulada y debería de ser controlada por el Pueblo ¿Quién pondría a un empresario completamente libre de hacer lo que quiera? Sus estatutos deberían de haberse tipificado previamente por el propio Senado. Un director limitado a una misión-visión aceptada por el Pueblo, y unas fórmulas que planifiquen la dirección de la producción que haría crecer al ente jurídico, a la propia empresa que se ha creado para resolver problemas.
Visto así, ¿por qué hay gente que se obsesiona con repetir ritos que han sido superados? Voy a Hacienda y me encuentro un inspector que me dice que mi documento de alta de autónomo hecho por Internet no está bien completado..., se pone a marearme una y otra vez, se ha quedado con mi cara. Al final ya le digo "prefiero la cárcel". Eso de tener que volver a repetir un documento sin que me diga porqué lo tengo que repetir o dónde, que haga preguntas y este señor se tome la libertad de no tener que responder a algunas porque considera que no son relevantes para que entienda lo que debo hacer (que es repetir el formulario y volver mañana). Ese comportamiento, de adoración al Dictador, es lo que sobra en una democracia. Y a este tipo de gente lo que hay que hacer es echarla. Sin miramientos, sin sanciones, sin excedencias. Son tóxicos. Minan el buenquehacer. Una vez fuera del sistema que se desintoxiquen solos.
Pero en una socialdemocracia las cosas no funcionan así. Todo está orientado en el poder ejecutivo, en el Dictador.
Para ello empezaré a dar la piedra Rosetta del poder ejecutivo: que consiste en cuál es la fórmula de éxito para que funcione cualquier administración (dentro de las funciones de dirección de una institución) en la medida de que, como tiene aspecto de casi-fórmula, veremos que el director se hace prescindible dentro de un organismo bien planificado.
Las facultades administrativas se reducen a tener conocimiento de qué experto se encarga de cada tema para llamarlo a reunirse. Con las mismas, ante una de las funciones que tiene asignado el director se plantea a cada uno de los expertos la redacción de un informe donde se recojan todos los riesgos que supone llevar a cabo el nuevo estado planteado y cuáles son las posibles recomendaciones para ejecutarlo desde el punto de vista de su área. El director, por tanto, recogerá todos los informes para sintetizar las recomendaciones que sean compatibles entre sí.
Este proceso, como se puede observar, es perfectamente sustituible por una máquina en la medida de que el lenguaje usado por los expertos sea un lenguaje técnico (lo cual no supone un verdadero problema) y, por otro lado, que el contrato con el director y los cargos que ocupe también esté bien definido.
Rápidamente podemos pensar en el decano de una facultad, el director de una cárcel, el director de la sucursal de una empresa...
Sin embargo, la verdadera dirección va más allá de lo que he puesto por escrito: el mismo director debería de mandar escribir un manual para que cada uno de los mandos intermedios sepan qué procedimiento deben llevar a cabo y así poner por escrito en una bitácora el resultado de la ejecución de dicho manual mediante un documento de incidencias. Ahora sí, con un estudio de los resultados obtenidos mediante los ratios que se consideren oportunos, es cuando podemos evaluar si la dirección, dadas las incidencias, valió la pena. Y, en virtud de los resultados, divulgarlo para que otras direcciones aprendan.
Si nos damos cuenta, colocar a una persona en la administración es un proceso trivial: cualquier tonto puede llevar una administración. Sin embargo, tanto en lo público como en lo privado las administraciones tienen su correspondiente error con respecto a la piedra Rosetta de la correcta dirección: las empresas no querrán hacer un cuaderno de bitácora para hacer conferencias a otras empresas y las instituciones públicas no querrán hacer auditorías y manuales porque, al fin y al cabo, van a cobrar lo mismo.
Todo esto lo que nos dice es que si, de alguna manera, todas estas fórmulas se automatizaran tendríamos empresas e instituciones públicas muchísimo más humanas y eficientes.
A todo esto, ¿qué nos dice la socialdemocracia? Que le debemos la vida a los políticos. Que tiene que haber un dictador que nos diga cómo pensar, cuándo pensar, qué hacer..., y, para ello, se valen de los boletines oficiales para llenarlos de una jerga no más técnica que embarranada; donde se negocia entre partidos el poner o no una coma.
Estos señores se las dan de querer fingir que son importantes para la sociedad. Como si necesitáramos de su sabio consejo. Como si la gente no supiera administrarse. En realidad el matiz de si se administra o no la gente está en que siempre encontrarán un alto cargo o un funcionario en su lugar que intentará ponerle trabas a ese comportamiento autónomo. Pues bien, estoy hablando de los Adoradores del Dictador.
Los Adoradores del Dictador son principalmente funcionarios (o directivos de empresa) que llevan muchos años en una oficina y han encontrado en los ritos que usan una religión. Cuando un auditor los pilla, el modelo socialdemócrata no permite denunciarlos y echarlos -a pesar de que parasitan el sistema- y, por ello, intoxican el ambiente de trabajo al no permitir que se conformen agrupaciones autónomas de trabajo, innovaciones, etc... Se trata de reaccionarios que martirizan a clientes y usuarios por motivos espúreos que, no importa cómo se piense, no va a haber ninguna razón salvo la necedad de darle carácter emotivo a un rito que hace que el director sea importante y necesario.
Estos Adoradores del Dictador suelen martirizarnos sobre lo importante que es ese tipo de cargo, cuando en realidad la mayoría de las veces tal cargo o es automático o debería de ser asambleario o simplemente llevado por el tecnicismo de un magistrado que interprete leyes dentro de su propia orgánica. Cuando le otorgamos al poder ejecutivo una importancia mayor de la debida en realidad estamos acudiendo a un estado de excepción: donde el que manda no tiene que dar explicaciones de para qué hace lo que hace, y la gente se lo perdona porque simplemente ni se lo plantea.
"Todo para el pueblo", dice el Dictador. Pero un director tiene unos cometidos bien definidos y si, excepcionalmente, fuera una persona eso es porque la medida no ha sido regulada y debería de ser controlada por el Pueblo ¿Quién pondría a un empresario completamente libre de hacer lo que quiera? Sus estatutos deberían de haberse tipificado previamente por el propio Senado. Un director limitado a una misión-visión aceptada por el Pueblo, y unas fórmulas que planifiquen la dirección de la producción que haría crecer al ente jurídico, a la propia empresa que se ha creado para resolver problemas.
Visto así, ¿por qué hay gente que se obsesiona con repetir ritos que han sido superados? Voy a Hacienda y me encuentro un inspector que me dice que mi documento de alta de autónomo hecho por Internet no está bien completado..., se pone a marearme una y otra vez, se ha quedado con mi cara. Al final ya le digo "prefiero la cárcel". Eso de tener que volver a repetir un documento sin que me diga porqué lo tengo que repetir o dónde, que haga preguntas y este señor se tome la libertad de no tener que responder a algunas porque considera que no son relevantes para que entienda lo que debo hacer (que es repetir el formulario y volver mañana). Ese comportamiento, de adoración al Dictador, es lo que sobra en una democracia. Y a este tipo de gente lo que hay que hacer es echarla. Sin miramientos, sin sanciones, sin excedencias. Son tóxicos. Minan el buenquehacer. Una vez fuera del sistema que se desintoxiquen solos.
Pero en una socialdemocracia las cosas no funcionan así. Todo está orientado en el poder ejecutivo, en el Dictador.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)