Ayer mismo no pude aguantar más. Quizá habría sido más estético aguantar otro día, coincidiendo con la fecha en la que tengo constancia oficial de la inutilidad de presentarse a hacer conferencias - independientemente de lo que se documente, lo que se demuestre, se referencie o sea constatable. La cosa es que hoy quería hablar de algo que no muchos conocen: el facherío progresista.
Todos conocen fácilmente qué es eso del facherío conservador de toda la vida, su conservadurismo tira hacia en España hacia el cristianismo y, aunque Mussolini era ateo, hace falta una ideología dogmática y anticientífica que conforme la verdadera base de lo que fue a llamarse fascismo (en el caso del fascismo histórico la creencia de una raza diferente y, a partir de ahí, el supremacismo racial). Ese principio dogmático busca enarbolar la superioridad del individuo por haber nacido dentro de un grupo: se trata de la negación del ser para que comparta una categorización que le sobrepase a partir de su cuna.
Pero el progresismo también quiere jugar a ese juego. Da igual las corbatas en el Congreso que los piercings; la gente no vota porque un partido u otro prometa o tenga un programa: las puñaladas traperas a mitad de partido se van a suceder una detrás de otra. No existe criterio, todo lo más: la gente facha espera no un contenido: sino peinados o rastras en el Congreso. Es la estética lo que cuenta, no el contenido. Y, partiendo de la estética, da igual que el amado líder traicione hasta la última coma de cualquier cosa que diga: sabe que la traición puede ser progresiva y siempre, siempre, siempre sus amigos fachas le apoyarán.
Este sectarismo basado en la pertenencia al grupo más de uno podría pensar que jamás podría existir en grupos anónimos con carácter meritocrático orientado hacia el altruismo, como ocurre en el hacktivismo. Sin embargo, el objeto de esta entrada es precisamente lo que he terminado de confirmar.
Existe, precisamente, una licencia de software que impide que un grupo hacktivista pueda valerse de dicho software si sus desarrolladores lo aprovechan para crear o promover sociedades fascistas; se entiende: estas medidas buscan que los grupos sociales del hacktivismo cierren sus puertas a ese facherío que se cuele entre los progresistas.
La cosa es que, a diferencia de otros blogs, en este no me preocuparé en dar enlaces o referencias..., escribo inercialmente. Y, como no podía ser de otra manera, ya había calado desde hace años al grupo de hackmeeting en España, y de cómo censuraba algunos mensajes que enviaba..., o los editaba de manera peculiar.
Sólo había sacado provecho del hackmeeting cuando convoqué a través de él que la gente se reuniera en Madrid, viniendo de varios países..., la convocatoria fue un éxito; pero para conseguir que los administradores mi hicieran caso sólo tuve que hablar con desprecio a España y escribir en inglés - cuando los destinatarios eran hispanohablantes.
Sin embargo, hace poco se propuso crear un grupo para que se juntaran informáticos y compartieran trabajo. El administrador, desde el hackmeeting, fue abriendo una muestra de prueba..., ahí fue donde me desmarqué: si todos hablábamos español, ¿por qué seguirle el juego a la hispanofobia? Al hacer esto pude empezar a sospechar que, efectivamente, ya empezaban a ignorar mi existencia, quizá a la espera de que me fuera del hackmeeting por mi propio pie.
Fue con la llegada de la licencia antifascismo que mencioné antes justo lo utilicé para romper un hilo e iniciar un proceso de confirmación de mis tesis: ¿es cierto que el hackmeeting español es manejado por unos supremacistas hispanófobos? Me venía el debate como anillo al dedo: en virtud de lo que pudiera debatirse y del nivel de sus participantes vería contrastada mi hipótesis. Y aquí me tenéis: me desuscribí irrevocablemente e, incluso, bloqueé a una de las administradoras que me enviaba correos.
El resumen del cuadro fascista escondido por parte del progresista consiste en formar parte de una élite minoritaria para poder sostenerse bajo el sesgo del estatus quo. Y así liderar la marcha underground contra el mainstreaming: es como una analogía perfecta del movimiento feminazi, nada que ver con el feminismo y la necesidad de luchar contra el patriarcado que acosa hoy día más a los hombres que a las mujeres en la sociedad occidental moderna.
Cuando estuve exponiendo mi crítica a la licencia decía que era demasiado ambigua y, por tanto, no podía ser aplicable (obviamente defendía la posición contraria - quería que fuera aplicable, siempre y cuando todos estuviéramos de acuerdo con cómo debería de estar redactada). En cualquier caso era verdad: tal como estaba redactada era absurda, porque obligaba al debate antes de aceptar algo así.
Y ahí estaba yo: incitando el debate. Problema: que la mejor manera de volver a la gente estúpida es hacerse el sueco. Esa es el arma clave: cada vez que expongas un problema, como es cosa del amado líder decidirlo, lo mejor es desviar el debate, emitir muñecos de paja..., y, al mismo tiempo, acusar a quien ha creado el hilo de ser él el que desvía el debate y de emitir tales muñecos de paja. Por otro lado, se cogen términos técnicos y se falsean - directamente: para crear un debate superficial de la interpretación de unos términos conocidos por todos.
El objeto es bien sencillo: si todo es tan complejo que no podemos ponernos de acuerdo, entonces mejor que lo decidan los administradores, los amados líderes.
Tenía fascistas delante, pero nunca les llamé como tal. Ahora bien, como es un hecho que esa gentuza me genera auténtica repulsión y, como tengo por norma no mentir en un debate, el haber ocultado ese sentimiento me habría parecido contrario a mis principios. Por eso mismo, se acortó el debate desde mi punto de vista y les mandé a freir monas - como no podía ser de otra manera.
E insisto, me habría parecido más estético el haber escrito esto mañana..., o eso creo.
La gracia de todo esto es que aún se me había acusado de cosas tan estúpidas y de nivel de jardín de infancia como que estaba aplicando la ley que dice que en toda conversación alguien menciona a Hitler..., ¡vaya! ¡y yo que pensaba que el hilo iba justamente sobre el fascismo! Curiosamente yo ni saqué el propio hilo de la licencia fascista, lo que extrage fue un subhilo para responder a las preguntas planteadas por un compañero.
Por cada frase que escribía se acumulaba como respuesta una parrafada de despropósitos: había encontrado en ese grupo una explosión combinatoria de estupidez. Es como si usaran las neuronas para intentar ver de qué manera pudieran parecer más inútiles e imbéciles. No eran coherentes ni con ellos mismos..., y aún me quedo corto.
En definitiva. Una cosa es hablar de toxicidad, y otra muy distinta cuando un fascista escondido se encuentra con su judío particular. Es otro level. Lo he vivido y, debo decirlo, ahora me río. En su momento fue más la decepción de corroborar lo que sospechaba..., pero si llego a guardar las mezquindades que salían de esas conversaciones sería comerse la cabeza innecesariamente.
Bueno, pues ya lo sabéis. No espero que nadie saque nada en claro; pero esto ha sido un ejemplo práctico que nos enseña que si queremos crear un grupo underground debemos preocuparnos de redactar con claridad nuestro código deontológico cosa que, según parece, en el hackmeeting no tienen ni pajolera idea de lo que es ni han oido hablar de algo por el estilo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario