En momentos como éstos, ni las empresas, ni los inventos y, ni mucho menos, los amigos o lo público, van a poder ofrecer solución a lo que resulte desde mi punto de vista contingente, incluso en términos generales. Este proceso de volverse un tanto más hermitaño no es sino resultado de haberle propuesto al mundo el que simulara colocar el pie sobre mi persona y que, en cuanto viera una peculiar luz, lo apartara para ayudar a hacer ver qué es lo que se esconde detrás de todo éso.
Sin embargo, cuando le ofreces a un necio poner el pie sobre algo, éste simplemente se limita a pisotearlo. Dicen que la envidia o la maldad son actos de una dimensión extraña. Se me antoja que cuando un torpe no quiere admitir que lo es, se limita a actuar como si su plan incluyera maldades - cuando la maldad en sí misma no existe. Son trasvaloraciones de actos torpes, crueldades provenientes de discapacitados y gente sociopatizada. En definitiva, es un tipo de necedad.
Y es entonces cuando me pregunto, ¿qué es lo que ha hecho el ser humano para que el noble ejercicio de la escritura y su literatura, que es el pilar fundamental que diferencia una civilización de una agrupación de tribus, se haya convertido en un déspota ejercicio de la pornografía del buen gusto en lo políticamente correcto o del ejercicio mismo de hablar por hablar y no tanto por un mensaje que se quisiera transmitir trasversalmente a las personas que rodean al autor?
Si ya no somos capaces de hacer algo tan enervantemente noble como denunciar lo que el autor cree que es objeto de denuncia, a pesar de la trivialidad que suponga para los que no sean tan legos como él o yo mismo, entonces ya no nos corresponde sentir orgullo como civilización; bien podríamos limitarnos a contarnos entre nosotros lo azul que está el agua y lo sucia que está la mar, para luego concluir que lo sucio ya no es poesía, salvo para el bufón que desee seguir vendiendo libros.
Tras llevar a cabo los estudios que he tomado en consideración, ya he decidido que no vale la pena hablar de los memes culturales que definen nuestra civilización, pues es raro encontrar a uno sólo entre mis semejantes con capacidad o ganas de desarrollar la idea más simple que nunca ha parecido que haya pretendido culminar.
En su lugar, aunque sea como una afición personal, iniciaré mi propia investigación sobre la pragmática de la sociabilidad animal; para la cual, tras arduos años de investigación, era lógico pensar que el idioma que albergue la historia de la literatura y el arte más extenso debía también poseer los esquemas más adecuados para encontrar un protolenguaje que desarrolle alguna suerte de teoría de la mente. Suerte que hable el castellano y, a estas alturas, me río de la academia que concede los premios nóbel: ¿que no tenemos entre los hispanohablantes suficientes grandes y buenos ejemplos de una hermosa literatura? ¿No será que el resto de los idiomas no es capaz de aprovechar la pragmática que viene del castellano y su mentalidad a la hora de marcar las pautas de la historia?
Pues eso mismo he estado considerando últimamente, pues por mucho que he buscado no he conseguido, por el momento - salvo por alguna referencia vaga, encontrar esas pautas que serían susceptibles de crear una historia de manera automática.
Y bien, si son bien conocidas las herramientas que ayudan a los escritores a escribir, parece que en ocasiones a más de uno se le olvida, una vez más, la importancia de la trascendencia, la pragmática del autor cuando escribe la obra.
No faltará el falso humilde, o tonto útil, que dirá que obra y escribe por placer personal. Ahora, en este blog, no me iré con remilgos pues más bajo no puedo caer, y más alto imposible. Considero que no encontraremos seriedad en las afirmaciones de quien se dedica a escribir miles y miles de palabras sin una buena razón. Que nos dicen: es su trabajo. Y yo pensaré: entonces nos da mierda. Que nos dicen: él dijo que lo hacía por dinero. Y yo pensaré: a lo mejor os estaban mandando a la mierda.
Básicamente así empiezo mi blog..., poco a poco con una nueva concepción.
No diré nada útil, y no sé si me vale la pena incluso publicitar algo así. El tiempo dirá.
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