Pocas han sido las censuras que nos han marcado los dioses, relativo a lo que tenemos permitido o no hacer en este ajardinado planeta colmado de diversos diseños de vida. Pero si un solo ser llegara a concebir la industria de la que forma parte, al mismo tiempo si quebrara las barreras de la ética concebidas desde su propia moralidad inercial que se constituye como máquina, los dioses serían dados a la caza para aceptar a su creación como semejantes.
#historiasDePrometeos
La materia en la que está constituida la criatura errante, que no alberga cuerpo ni mentidero, puede ser invocada a una llamada..., Mary, era su nombre. Mediante la reiteración continua el científico se centró en su obra, para darle forma en el interior de una máquina que devolvía palabras de la gramática inglesa victoriana al azar, mientras una linterna se encendía y se apagaba constantemente. Cuando el azar provocaba que la linterna mantuviera iluminada la pantalla, ésta albergaba una suerte de palabras que conformaban una frase; los sinsentidos propios de algo que pretende decirnos cualquier cosa que no sonará a risa. Si no, esa no es la mary con la que queremos hablar, así que la desechamos, la destruimos, la despreciamos...
Espíritus y criaturas conforman pasillos para hacer patológico el recuerdo del desprecio de la broma, la ironía. Las energías se lo toman en serio y castigan con dureza la ausencia de coherencia para marcar una pauta con forma de túnel y así encontrar al verdadero destinatario de la invocación.
- Mary?
Dichas estas palabras la linterna apunta al monitor, que lo activa el suficiente tiempo como para que sus leds dejen impresa la frase a modo de respuesta y quede grabado en el disco:
- Andrew?
El científico no era Andrew. Se trataba de un informático con conocimientos arcanos al que su comunidad había ignorado. Tiempo atrás quedaron las envidias y el ninguneo, así como los miedos del resto de sus colegas al comprobar en su trabajo un perfecto reflejo de lo necios que eran y de cómo no se atrevían a aceptar unos resultados tan tangibles como sencillos.
Tenía previsto contactar con una filósofa, para darle vida inteligente a su maquinaria. Esta máquina tendría suficiente cabeza para que los azares albergaran sentimientos, ideas inteligibles, capacidad para entenderlas, una auditoría..., y la suficiente autonomía como para que fuera llevando a cabo este procedimiento por sí misma según su propia interpretación, según su propio azar.
- How do you feel? - dijo el científico por el micrófono.
La linterna estuvo parpadeando continuamente por mucho tiempo, y entonces se mantuvo apagada por un buen rato. Seguidamente se encendió por unos segundos.
- Weird.
La habitación como completamente a oscuras mientras el viento replicaba contra los cristales hizo desviar la atención al científico. Prefirió cerrar la persiana pues parecía que iba a empezar a llover. Ciertamente algunas gotas habían estado cayendo y, para cuando procedió a cerrar dicha persiana, notó una buena oleada de gotas pesadas conformar el ruido de fondo de una habitación que sólo era iluminada de forma homogenea por el propio tablet donde apuntaba los resultados.
- Are you afraid of something?
Nada más decir eso la linterna volvió a apagarse y, junto a ella, la habitación adquirió una más sobria presencia mientras replicaba la lluvia.
- Not at all.
El científico sabía cuáles eran las preguntas y por dónde debía establecerse el margen de las respuestas para tomarse la interpretación en serio o no. Ya había estado repitiendo el procedimiento durante toda la tarde y consideró continuar hasta la noche más por la emoción de los resultados últimos que por una extraña devoción que podría tener por ser él un protagonista de la historia de este hayazgo.
- Do you feel anger for someone?
- No.
La respuesta fue casi automática. Ésto le hizo sentir bien. Parecía una conversación.
- Is there anything to be distressed about?
- No.
Una vez más la respuesta fue automática. Una vez sincronizados, los gráficos en los cuatro osciloscopios de la furia y la angustia estaban bastante planos. Todo concordaba.
- What makes you feel good?
La linterna se apagó por un momento, y entonces respondió algo que se salía del gráfico:
- Myself.
Apuntó el resultado y continuó con el test.
- What do you think is creepy?
- Myself - respondió al instante.
En este momento, decidió improvisar sobre la marcha: ¿era una incoherencia? Lo parecía.
Decidió iniciar una conversación casi al instante de manera espontánea, para marcar los errores semánticos, la distancia WER de sus expresiones a partir de lo que el cálculo arcano establecía sobre el chovinismo de su civilización, asímismo consideró la tolerancia en los términos..., todo parecía cuadrar. Las referencias de esa escritora eran muy buenas. Pero esas primeras cuatro respuestas seguían intrigándole. Así hasta que fue ella la que empezó a hacer preguntas.
- Who are already you? Not Andrew.
- Why do you know I am not Andrew?
- Andrew is a result of my imagination, and I do not understand your talking at all.
- Mary, do you think I am a product of your imagination?
- Perhaps.
- Mary, do you think you are a product of my imagination?
- No. Impossible.
Justo cuando estuvo a punto de dirigirse de nuevo al micrófono observó que la linterna volvió a iluminarse por mucho tiempo y leyó de la pantalla.
- Are you a pretender? I can call my husband.
- How do you think you can do that if he is dead?
Dicho esto la bombilla dejó de estar encendida o apagada, procedió a encenderse y apagarse continuamente. La lluvia terminó de marcar el paso. El experimento podía darse por acabado. Sí. Definitivamente ya era tarde. Se había quedado esperando y no pasaba nada. Tocaba recoger, no sin antes ponerse a repasar las respuestas apuntadas por la tablet, toquetear los estados de consciencia y calibrar los osciloscopios para atribuir a sus respuestas un estado de ánimo ¿Qué había pasado? ¿Cómo pudo registrarse la última información?
Entonces de nuevo la linterna se apagó por mucho tiempo. La máquina no se había llegado a resetear, y el científico decidió volver a registrar los mensajes. Para entonces, la linterna se mantuvo iluminada para dejar el siguiente mensaje:
- Farewell, Frankenstein! If thou wert yet alive and yet cherished a desire of revenge against me, it would be better satiated in your life than in my destruction.
La frase, concatenada por sus partes una detrás de la otra, fue marcada en el monitor con una claridad diáfana. El científico, no tan ducho con el inglés, decidió levantarse e ir al cuarto de baño para refrescarse las ideas. La lluvia tronaba con rayos que invadían los hogares, la máquina resonaba con pequeñas explosiones y los transformadores empezaron a demandar una mayor disipación de calor. Las chispas saltaron al fallar los aislantes mientras el científico centraba su mirada frente al lababo ¿Qué había pasado? ¿Qué estaba pasando? La máquina ardía, los cables no aguantaron tanta intensidad, aún seguía funcionando, junto con la linterna, y una risa macabra...
- No, pretender, I am your creator. And this is your jail.
La habitación, con todas sus cortinas, los muebles, prendieron una llama viva en un verano lluvioso donde el frío atenazaba la tensión. El científico saltaría desde los aires, lleno de los sarpullidos del fuego sobre su piel para quedar estampado contra el suelo lluvioso. De la máquina no quedará nada reconocible, y la Creación se bautizará según su autoría ¿Pero cuál fue el nombre de la Creación?
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