Supone un absurdo tener que aceptar algo que hoy día nuestra civilización aún no ha resuelto: los contratos no tipificados. Habré firmado cientos de contratos y licencias en vida, y podría clasificarlos por el nivel de absurdo que cada uno aportaba por el número de páginas que supuestamente debía de leer.
La obsesión liberal consiste en no querer reconocer el avance de la sociedad, el hecho de que existe una gestión de lo público. La obsesión del comunismo más radical, por otro lado, consistiría en leer hasta la última coma, si hay afán de lucro. La fórmula que han encontrado los modelos que sí funcionaban era el de reconocer por un lado la planificación y la tipificación de los contratos mezclado, todo eso, con un cierto margen sencillo y riguroso de contemplar.
En definitiva, es de sentido común que un contrato normal no debe exceder un folio A4 y debe poder codificarse por parámetros aceptados por el Pueblo. Cuando veo el contrato que tiene que firmar un empleado de McDonalds, ese es el ejemplo perfecto de algo que no tiene más remedio que dar problemas: una veintena de páginas y, en cuanto preguntas dónde está lo que vas a cobrar, nadie encuentra la página a partir de la cual poder hacer un cálculo objetivo.
A la hora de la verdad, lo que realmente identifica el modelo liberal es que los que tienen el dinero juegan unas reglas, los que lo usan se rigen por otras. Las leyes no quieren reconocer diferencias, de facto se indulta, se salva, se exceptúa, se soslaya..., al banquero.
Muchos podrían preguntarse porqué la economía funciona tan mal. Obviamente si la crisis fuera económica el problema sería del exceso de consumo, pero al ver crisis financieras el problema no es el consumo y, tanto desde un punto de vista liberal como planificado, lo propio sería que pagaran los banqueros. De lo contrario tendríamos que admitir que no estamos en ninguna clase de democracia.
Entonces me he encontrado con esos semifachas de pacotilla:
- No puedes quejarte de ésto. Yo he vivido en el franquismo y esto es claramente mejor.
Democracia no es lo que vivimos, sino adónde vamos.
Y también me he encontrado los otros semifachas, que albergan el otro rostro:
- Con Franco habían más derechos sociales y se vivía mejos.
Las ocho personas que hoy día tienen en su posesión el 50% del planeta, en tiempos de Franco eran descomunalmente menos ricos e internacionalmente menos influyentes al no haber globalización.
Cuando a la mayoría le arrebatas su soberanía automáticamente todo depende de que los dictadores en quienes les das valor por tantas vidas sean capaces de administrar tantos recursos; la historia nos lo cuenta, y nos lo repite: son unos IDIOTAS, torpes, inmaduros, infantiles, egoístas..., no tienen ni pajolera idea de economía. Y se obsesionan con sus gigantescos contratos, vigilando cada letra de cada puñetera licencia.
Nuestros enemigos son las licencias y mucha gente aún no se ha dado cuenta.
Cada vez que un autor semifacha, recordando lo comunista que dice ser, se pone a defender las licencias yo me pregunto: ¿y por qué no defiende la legislación de sus derechos y nos deja en paz a lo usuarios con sus puñeteras licencias? ¿Qué es lo que se espera cuando te compras un DVD? ¿Por qué tiene que ponerlo por escrito en el propio DVD? Es un absurdo propio de los que defienden conspiraciones y tonterías por el estilo.
Antes de que nos demos cuenta las personas estarán demandando más licencias pero, ¿qué es una licencia? Una licencia es la privatización de la ley. Cuando, la ley, jamás debe estar en manos de despachos privados. Esos inventos deben desaparecer porque provoca que las torpezas sigan generando millones de muertos que no se contabilizan. Hay muchas fórmulas y patentes que deberían de desaparecer ya que, las patentes, deberían de ser jerga de abogados para compensar a autores a partir de los sobrantes de una sociedad, pero nunca debería tomarse como una forma de vida. La ausencia de una Renta Básica Universal nos ha traido en esta sociedad tan demacrada por el hambre en las calles una acritud insoportable con la que tener que vivir el día a día.
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