domingo, 5 de agosto de 2018

¡Ay con las Tribus Moralistas!

La ética se ha convertido en un trazo grueso que muchas personas quieren poder manejar. Sin embargo, en este estado ocioso de no querer pretender avanzar en nada, al final ya he conseguido constituir un lenguaje que, segmentado, pueda evolucionar hacia los sentimientos mediante Deep Learning. Es algo que puedo poner por escrito, y me deja un extraño sabor de boca.

En otro tiempo conseguir logros tangibles como éstos podría haberme supuesto un especial interés. Al fin y al cabo he estado investigando los matices que diferencian al psicópata, a la máquina psicópata, del humano - susceptible de deprimirse, como para que, una vez capturado el lenguaje, ya me diga: ¡bah! Pues vale...

Son como pequeños retos al desafío de qué se entiende por vida. Te encuentras con personas por Twitter, porque ya es el último bastión social que me queda, y observas el reducido nivel de las mayorías - sin entrar en las tribus a las que quieren pertenecer por haber nacido con unos genes o en unos sitios u otros.

Es bien conocido ese grupo de gente que se siente con la obligación de decirnos a los demás en qué consiste sentirse ofendido y qué no. Es normal reconocer, lo cual es propio de una civilización de nuestro nivel, la diferencia entre la comedia y el drama. Podemos tomarnos a broma algunas cosas, y otras tomárnosla en serio.

Nuestra edad del bronce lo tiene claro: los asuntos de la nobleza son un drama, cosa seria - mientras que los asuntos de la plebe es pura comedia. Esa es la base del nivel social en el que aún nos encontramos. Los estamentos rigen de qué nos reímos y de qué no.

La socialdemocracia es el invento que intenta paliar la revolución planificadora de la destrucción de clases. Pero para ello hay que acabar con las dos máscaras: la matriz de sentimientos que nos hace ignorar a los grupos que no se colocan en el centro de atención, más todo el enredado que nos hace creer que los que sí son apuntados por las cámaras nos representan a nosotros mismos. La mercadotecnia ha encontrado su negocio y, ésta, no tiene porqué desaparecer. De hecho, podría ganar de otra manera mejor, si consigue encontrar sus beneficios con la búsqueda de la calidad de contenidos (como, de hecho, fue así como nació).

Pero seguiremos viendo, de mientras, pequeños grupos impulsados por las ganas de protagonismo donde cualquier cosa sea considerada digna de insulto. Entonces estarán los grupos a proteger, aquellos que sean el enemigo, los temas que son conocidos, los que no están de moda..., la moralidad no es capaz de encajar la complejidad de la ética y toda su coherencia.

Si la mercadotecnia centra su fundamento en la moralidad entonces puede que obtenga algún pigüe beneficio. Alimentando a esas tribus moralistas veremos cómo se le hinchan la vena y dicen que por su hija mataba... Una sociedad así, que éticamente da la risa, es presentada por su drama y, efectivamente, al ver cómo les toman en serio, la sociedad acaba enfrascada en unos contenidos basura.

Un ejemplo de uso que demuestra la limitación consiste en la existencia tribus moralistas a las que les molestan los piropos. La ventaja técnica para vender esa idea y sacarle provecho bien podría crear asociaciones y campañas de sensibilización para legislar al respecto. Y claro, el problema es cuando no se expone todas cartas sobre la mesa: porque si resultara que efectivamente se está defendiendo una ofensa inexistente, algo que proviene de nuestra propia voluntad de poder el decidir si queremos o no el sentirnos ofendidos, entonces eso quiere decir que vamos a elaborar, valiéndonos de nuestras técnicas de venta de productos, la creación de una sociedad que se autolimite y que busque ser infeliz expresamente.

¿Qué clase de sociedad puede ser la que decide que recibir halagos está mal? Una sociedad donde las personas no se relacionen entre sí de manera espontánea. Que para relacionarse antes deberemos empezar con un "Dispense señora, he visto que se le ha caído el pañuelo - que expresamente dejó caer para hacerme ver que podía dirigirme a Vd.", algunos pensamos que eso es machista: es alimentar los roles de género. Es volver atrás y alimentar el patriarcado que ya definió perfectamente Simone de Beauvoir.

Por otro lado, ya me gustaría vivir en una sociedad donde se multe a esos papanatas que te interrumpen en mitad de la calle para hacerse un selfie contigo, pedirte un autógrafo, saludarte de manera que tengas que devolverles el saludo cuando no los conoces, etc..., ese comportamiento no son piropos, es una pesadez que algunas sociedades podrían etiquetar como contraproducentes a la hora de vivir en comunidad o recompensar la meritocracia.

Es por ello que en todos los aspectos donde puede aparecer la mercadotecnia, en un mundo más centrado, podría (para empezar) globalizarse el escenario, globalizarse la manera de pagar al autor, que el ídolo no espere remuneración por serlo, que la gente viva compartiendo todos los recursos y se compense a los mejores, etc..., en este ambiente los procesos publicitarios podrían centrarse en los contenidos y, por tanto, las recompensas hacia tales contenidos fácilmente accesibles. En ese mundo la mercadotecnia será sinónimo de logística democrática.

Mientras tanto, las personas que gustan de ofenderse fingirán ser ofendidas por un comportamiento que ellas mismas saben que se incita, mediante un lenguaje no expreso, a la complicidad de ese tipo de diálogo. Se aprovechará para decir que hay violadores que usan estos argumentos, y luego volverán a confundir moralidad con ética; pero la verdad es que las personas que no comprenden esta entrada es porque forman parte de esas Tribus Urbanas, les confunden las palabras y tienen muy poca cultura. Se quedan con el maquillaje de la verdad y, a partir de lo que no entienden, ejercen de inquisidores.

¿Cómo vender a un bipolar una postura coherente con esa persona misma si le expliques lo que le expliques siempre se va a quedar confusa? Fácil: no se puede. Yo ya me he rendido. Esta sociedad seguirá prefiriendo esa prensa amarillista, esos contenidos de los juicios de valor de moda, esas convenciones de elegancia elevados a nivel de obligación..., y peor aún cuando vemos a esas sectas donde lo bueno y estético es lo que diga el amado líder.


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