Supone un absurdo tener que aceptar algo que hoy día nuestra civilización aún no ha resuelto: los contratos no tipificados. Habré firmado cientos de contratos y licencias en vida, y podría clasificarlos por el nivel de absurdo que cada uno aportaba por el número de páginas que supuestamente debía de leer.
La obsesión liberal consiste en no querer reconocer el avance de la sociedad, el hecho de que existe una gestión de lo público. La obsesión del comunismo más radical, por otro lado, consistiría en leer hasta la última coma, si hay afán de lucro. La fórmula que han encontrado los modelos que sí funcionaban era el de reconocer por un lado la planificación y la tipificación de los contratos mezclado, todo eso, con un cierto margen sencillo y riguroso de contemplar.
En definitiva, es de sentido común que un contrato normal no debe exceder un folio A4 y debe poder codificarse por parámetros aceptados por el Pueblo. Cuando veo el contrato que tiene que firmar un empleado de McDonalds, ese es el ejemplo perfecto de algo que no tiene más remedio que dar problemas: una veintena de páginas y, en cuanto preguntas dónde está lo que vas a cobrar, nadie encuentra la página a partir de la cual poder hacer un cálculo objetivo.
A la hora de la verdad, lo que realmente identifica el modelo liberal es que los que tienen el dinero juegan unas reglas, los que lo usan se rigen por otras. Las leyes no quieren reconocer diferencias, de facto se indulta, se salva, se exceptúa, se soslaya..., al banquero.
Muchos podrían preguntarse porqué la economía funciona tan mal. Obviamente si la crisis fuera económica el problema sería del exceso de consumo, pero al ver crisis financieras el problema no es el consumo y, tanto desde un punto de vista liberal como planificado, lo propio sería que pagaran los banqueros. De lo contrario tendríamos que admitir que no estamos en ninguna clase de democracia.
Entonces me he encontrado con esos semifachas de pacotilla:
- No puedes quejarte de ésto. Yo he vivido en el franquismo y esto es claramente mejor.
Democracia no es lo que vivimos, sino adónde vamos.
Y también me he encontrado los otros semifachas, que albergan el otro rostro:
- Con Franco habían más derechos sociales y se vivía mejos.
Las ocho personas que hoy día tienen en su posesión el 50% del planeta, en tiempos de Franco eran descomunalmente menos ricos e internacionalmente menos influyentes al no haber globalización.
Cuando a la mayoría le arrebatas su soberanía automáticamente todo depende de que los dictadores en quienes les das valor por tantas vidas sean capaces de administrar tantos recursos; la historia nos lo cuenta, y nos lo repite: son unos IDIOTAS, torpes, inmaduros, infantiles, egoístas..., no tienen ni pajolera idea de economía. Y se obsesionan con sus gigantescos contratos, vigilando cada letra de cada puñetera licencia.
Nuestros enemigos son las licencias y mucha gente aún no se ha dado cuenta.
Cada vez que un autor semifacha, recordando lo comunista que dice ser, se pone a defender las licencias yo me pregunto: ¿y por qué no defiende la legislación de sus derechos y nos deja en paz a lo usuarios con sus puñeteras licencias? ¿Qué es lo que se espera cuando te compras un DVD? ¿Por qué tiene que ponerlo por escrito en el propio DVD? Es un absurdo propio de los que defienden conspiraciones y tonterías por el estilo.
Antes de que nos demos cuenta las personas estarán demandando más licencias pero, ¿qué es una licencia? Una licencia es la privatización de la ley. Cuando, la ley, jamás debe estar en manos de despachos privados. Esos inventos deben desaparecer porque provoca que las torpezas sigan generando millones de muertos que no se contabilizan. Hay muchas fórmulas y patentes que deberían de desaparecer ya que, las patentes, deberían de ser jerga de abogados para compensar a autores a partir de los sobrantes de una sociedad, pero nunca debería tomarse como una forma de vida. La ausencia de una Renta Básica Universal nos ha traido en esta sociedad tan demacrada por el hambre en las calles una acritud insoportable con la que tener que vivir el día a día.
sábado, 4 de agosto de 2018
viernes, 3 de agosto de 2018
Decimo primera entrada.
Hoy estoy hastiado y cansado ¡Estoy decepcionado con tanta gente! Pero no es cosa de nadie, y es problema de todos. Poco importa, porque el mundo seguirá girando. El cansancio ha sido tal que no he podido evitar comer de golpe todo lo que tenía pensado para el resto del día..., o casi. Con esa copiosa forma de actuar no es de sorprender que esté especialmente cansado.
Pero sigo estando cansado de otras cosas que se repiten. Nos quejamos de que hay personas que no quieren hablar con nosotros y, al mismo tiempo, cuando nos exponen hechos que no nos gusta: ¡lo fácil que resulta negarlos! Bueno, creo que yo no soy así..., o eso espero.
Es imposible esperar que la gente cambie de opinión si se pone a negar las evidencias. Tan pronto como me pongo a explicarle a un usuario de Twitter las bonanzas de la renta básica, para qué usar el dinero, cómo debería cambiar el sistema tributario, cómo deberían ser tratados los que quieran participar en política..., para poder contrarrestar mi discurso, bien que podía valerse de un escepticismo, el clásico del agnóstico: decir que eso, hasta que no se viera hecho nada. Pero no, cuando ya es una realidad, cuando los resultados están a la vista no sólo se niegan, sino que además necesitan atribuir crímenes horrendos de los que no hay ni evidencias ni pruebas ni nada de nada...
Resulta que el que se ubica en una posición ideológica no se conforma con ser agnóstico, también tiene que negar bondades del rival y crear maldades entre los hechos. Así es imposible mantener una conversación. Y que luego digan: "si es que al final siempre acaban llamándome franquista, fascista...". Es obvio que discutir no sirve de nada. Que el entendimiento es imposible. Que puedes mostrar hechos y no servirá de nada. Incluso podríamos vivir en un mundo mejor y querrán vivir a como estaban antes, aunque no hayan vivido nunca ese antes.
Lo vimos en Primo de Rivera Jr. Añoraba lo que hizo su padre. Pero no hay más que ver el programa que tenía: en orgánica CERO. No decía cómo iba a conseguir atar a los perros con longaniza, sólo que él sí sería capaz de hacerlo ¿Cómo? ¿Qué separación de poderes habrá? ¿La meritocracia no podría ir contra el conservadurismo de las clases sociales? ¿Cómo resuelve esas paradojas? ¿Será perseguido el no cristiano por el bien de su alma?
Ciertamente, antes de que pudiera responder esas preguntas el matarlo no es inteligente: matan a una zorra con piel de cordero antes de que enseñe la cola. No es inteligente.
Aún así, pueden enseñar la cola y los acólitos les seguirán. La socialdemocracia ha creado un formato a través del cual se subvenciona la creación de sectas políticas donde los más extremistas son los que obtienen más puntos. El truco está en saber desviar lo que no se sabe, saber inventarse negaciones de manera que no parezca un obseso y saber difamar tras poner toda una gama sistémica de datos que conspiren en un sentido bien definido. En realidad mentir a un mono es una de las cosas más sencillas y considero que, con la tecnología adecuada como para que el robot pueda superar el test de Turing, un esquema político como la socialdemocracia podría exclavizar al mundo - a las masas - como si fueran meras máquinas. Algo así como si la mercadotecnia pudiera valerse mediante sus financiaciones de figuras mediáticas que emitan un discurso que favorezca a alguna élite.
Obviamente, con la tecnología actual eso es imposible. Porque las masas se valen de un protolenguaje mucho más complejo que los formatos de agenda que tienen esos palurdos que intentan gobernar el mundo con sus torpes maneras de destruir la economía y los recursos del planeta. Sin embargo, si consiguieran controlar de manera eficiente el devenir de la economía y los recursos, y dispusieran de ese lenguaje controlado, entonces ya podríamos hablar de la peor de las conspiraciones: de cómo la gente formaría parte de un enredado ridículo para perder toda su humanidad.
Me veo como el indio en "Alguien voló sobre el nido del cuco". Cada vez siento menos aprecio por cómo se desarrolla todo..., pero también es cierto que, aunque no haya nadie con conversación, ya sea de política o tecnología o cultura...., al final ya sólo queda un resquicio: mientras no tengan controlada la manera de controlar la consciencia, la vida, aún se mantendrá el misterio dentro de nuestra bazofia sociedad generadora de basura constante de información, de ideas, de maneras, de dogmas y de basura misma.
Y algo es algo.
Pero sigo estando cansado de otras cosas que se repiten. Nos quejamos de que hay personas que no quieren hablar con nosotros y, al mismo tiempo, cuando nos exponen hechos que no nos gusta: ¡lo fácil que resulta negarlos! Bueno, creo que yo no soy así..., o eso espero.
Es imposible esperar que la gente cambie de opinión si se pone a negar las evidencias. Tan pronto como me pongo a explicarle a un usuario de Twitter las bonanzas de la renta básica, para qué usar el dinero, cómo debería cambiar el sistema tributario, cómo deberían ser tratados los que quieran participar en política..., para poder contrarrestar mi discurso, bien que podía valerse de un escepticismo, el clásico del agnóstico: decir que eso, hasta que no se viera hecho nada. Pero no, cuando ya es una realidad, cuando los resultados están a la vista no sólo se niegan, sino que además necesitan atribuir crímenes horrendos de los que no hay ni evidencias ni pruebas ni nada de nada...
Resulta que el que se ubica en una posición ideológica no se conforma con ser agnóstico, también tiene que negar bondades del rival y crear maldades entre los hechos. Así es imposible mantener una conversación. Y que luego digan: "si es que al final siempre acaban llamándome franquista, fascista...". Es obvio que discutir no sirve de nada. Que el entendimiento es imposible. Que puedes mostrar hechos y no servirá de nada. Incluso podríamos vivir en un mundo mejor y querrán vivir a como estaban antes, aunque no hayan vivido nunca ese antes.
Lo vimos en Primo de Rivera Jr. Añoraba lo que hizo su padre. Pero no hay más que ver el programa que tenía: en orgánica CERO. No decía cómo iba a conseguir atar a los perros con longaniza, sólo que él sí sería capaz de hacerlo ¿Cómo? ¿Qué separación de poderes habrá? ¿La meritocracia no podría ir contra el conservadurismo de las clases sociales? ¿Cómo resuelve esas paradojas? ¿Será perseguido el no cristiano por el bien de su alma?
Ciertamente, antes de que pudiera responder esas preguntas el matarlo no es inteligente: matan a una zorra con piel de cordero antes de que enseñe la cola. No es inteligente.
Aún así, pueden enseñar la cola y los acólitos les seguirán. La socialdemocracia ha creado un formato a través del cual se subvenciona la creación de sectas políticas donde los más extremistas son los que obtienen más puntos. El truco está en saber desviar lo que no se sabe, saber inventarse negaciones de manera que no parezca un obseso y saber difamar tras poner toda una gama sistémica de datos que conspiren en un sentido bien definido. En realidad mentir a un mono es una de las cosas más sencillas y considero que, con la tecnología adecuada como para que el robot pueda superar el test de Turing, un esquema político como la socialdemocracia podría exclavizar al mundo - a las masas - como si fueran meras máquinas. Algo así como si la mercadotecnia pudiera valerse mediante sus financiaciones de figuras mediáticas que emitan un discurso que favorezca a alguna élite.
Obviamente, con la tecnología actual eso es imposible. Porque las masas se valen de un protolenguaje mucho más complejo que los formatos de agenda que tienen esos palurdos que intentan gobernar el mundo con sus torpes maneras de destruir la economía y los recursos del planeta. Sin embargo, si consiguieran controlar de manera eficiente el devenir de la economía y los recursos, y dispusieran de ese lenguaje controlado, entonces ya podríamos hablar de la peor de las conspiraciones: de cómo la gente formaría parte de un enredado ridículo para perder toda su humanidad.
Me veo como el indio en "Alguien voló sobre el nido del cuco". Cada vez siento menos aprecio por cómo se desarrolla todo..., pero también es cierto que, aunque no haya nadie con conversación, ya sea de política o tecnología o cultura...., al final ya sólo queda un resquicio: mientras no tengan controlada la manera de controlar la consciencia, la vida, aún se mantendrá el misterio dentro de nuestra bazofia sociedad generadora de basura constante de información, de ideas, de maneras, de dogmas y de basura misma.
Y algo es algo.
jueves, 2 de agosto de 2018
Historias 4
Como cada año, Teo iba caminando de casa en casa para intentar encontrar pistas de cuál era su procedencia, sus orígenes. Había sido abandonado en la institución donde recogen niños, y allí le habían cuidado. Era ya la tercera década desde el término de la Tercera Gran Guerra y la victoria comunista en todo el planeta.
#historiasDelFuturo
Poco importan los gobiernos títeres o las pretensiones asamblearias, ahora ya era mayor de edad y podía permitirse el lujo de andar por donde quisiera sin riesgo a que nadie le molestara. Habían pasado demasiados años como para que las pistas fueran fiables, pero todo buen gobierno planificado tiene registro de cada casa, cada cambio urbanístico, cada..., casa y sus moradores.
Cuando lo abandonaron se preocuparon de darle una pista para que recordara su origen. El origen de toda persona es una de esas cosas en las que más se puede uno aferrar: un escudo de armas de una buena familia era la información que tenía, pero faltaba asociarlo con una de esas familias. El último gobierno regaló blasones entre las distintas familias de la ciudad para compensar la desaparición de los apellidos. Un nombre de persona, el nombre de la ciudad donde nació y un número. Los apellidos habían desaparecido a cambio de trofeos honoríficos, fiestas conmemorativas hacia el pasado y otros eventos culturales que fueron desapareciendo por el poco interés.
El alto abolengo de una persona era una seña de identidad: provenir de una noble cuna ¿De qué servía eso ahora si todos tenían casa, sustento y una programación de futuro flexible? Teo compartía casa con otros cuatro compañeros. Uno de ellos sí consiguió encontrar una ocupación más o menos razonable: limpiar escombros. Los ciudadanos de los barrios más antiguos agradecían a través del sistema tributario esas labores. Pero Teo a penas aportaba gran cosa a su comuna de amigos y se arriesgaba a ser rotado de comuna. Incluso que le redujeran su nivel social.
Aún así Teo tenía una buena razón: nadie se desprende de un blasón de tanta valía. Más que nada porque ese blasón era único, y además estaba firmado por "alguien". No era fácil encontrar a una persona por su rúbrica, pero lo que portaba entre las manos era demasiado personal y, por otro lado, no era tan complicado entrar en un hogar y preguntar por su blasón, allá donde los registros históricos le lleve. Ya sea campeonatos, menciones..., no había nada que la red no pudiera alcanzar a encontrar. Si realmente estaba almacenado, claro.
Así fue como que, caminando por la calle, se encontró a Antonio, quien limpiaba escombros. Al verlo decidió ayudarle a limpiarlos, y así mejorar el prestigio del colectivo de su hogar.
- ¿Aún sigues con esa tontería, Teo? - le dijo Antonio sin prestar demasiada importancia al esfuerzo de su amigo.
- Tú no lo entiendes, es como si una parte de mí me lo hubieran arrebatado ¿Por qué somos parte de una ciudad, de sus escombros? ¿Por qué no somos el legado de nuestros padres?
- Mira, vengo limpiando estas rocas que otros que no conozco aprovechan para destruir. Formamos un buen equipo para limpiar con lo anterior. Y lo anterior es lo que nos hace tan rígidos como para no poder seguir creciendo - entonces miró a Teo y a su blasón - un momento..., ese blasón creo haber visto algo por ahí. En una villa.
- ¿En una villa? ¿Qué es eso? ¿Dónde está?
- La terminamos de limpiar ayer mismo. Llevaba varios meses cayendo poco a poco. Era inmensa.
Antonio terminó de explicar dónde encontrar la escombrera donde dejaría uno de esos adoquines, y dónde estaría ubicada la villa que, en ese momento, ya era un solar preparado para que alguien quisiera aprovecharlo para lo que considerara oportuno.
Teo corroboró que, efectivamente, esa era la casa; esa familia desapareció del mapa..., notkas: renegados del régimen comunista y nómadas del antiguo mundo. Fueron invitados a vivir con el resto, pero se resignan a viajar y desaparecer, deambular entre los restos del pasado sin reconocer ni la ley ni el orden.
Ahora tenía la respuesta, pero no podía acceder a toda la información que hubiera dispuesto por no haber llegado a tiempo.
Tuvo tiempo para reflexionar, le hubiera gustado que Antonio se hubiera fijado mejor en el blasón, le habría gustado mejor que él mismo hubiera sabido hacer comprender a Antonio lo que quiera que fuera a deber encontrar, o que Antonio hubiere considerado mejor las explicaciones que él mismo le hubiera dado para saber qué debía encontrar..., poco a poco se le fueron desapareciendo las conjugaciones del castellano para comprender que la culpa era suya por no haberse implicado convenientemente en el colectivo: si quería que Antonio fuera como él, antes él debía ser como Antonio. Al fin y al cabo son de la misma comuna, y ambos eligieron vivir juntos.
Ese era el significado del blasón y ahora lo comprendía. Teo aprovechó para tirar el blasón en su correspondiente escombrera, el tiempo del futuro perfecto del subjuntivo había acabado para él: debía vivir el presente.
#historiasDelFuturo
Poco importan los gobiernos títeres o las pretensiones asamblearias, ahora ya era mayor de edad y podía permitirse el lujo de andar por donde quisiera sin riesgo a que nadie le molestara. Habían pasado demasiados años como para que las pistas fueran fiables, pero todo buen gobierno planificado tiene registro de cada casa, cada cambio urbanístico, cada..., casa y sus moradores.
Cuando lo abandonaron se preocuparon de darle una pista para que recordara su origen. El origen de toda persona es una de esas cosas en las que más se puede uno aferrar: un escudo de armas de una buena familia era la información que tenía, pero faltaba asociarlo con una de esas familias. El último gobierno regaló blasones entre las distintas familias de la ciudad para compensar la desaparición de los apellidos. Un nombre de persona, el nombre de la ciudad donde nació y un número. Los apellidos habían desaparecido a cambio de trofeos honoríficos, fiestas conmemorativas hacia el pasado y otros eventos culturales que fueron desapareciendo por el poco interés.
El alto abolengo de una persona era una seña de identidad: provenir de una noble cuna ¿De qué servía eso ahora si todos tenían casa, sustento y una programación de futuro flexible? Teo compartía casa con otros cuatro compañeros. Uno de ellos sí consiguió encontrar una ocupación más o menos razonable: limpiar escombros. Los ciudadanos de los barrios más antiguos agradecían a través del sistema tributario esas labores. Pero Teo a penas aportaba gran cosa a su comuna de amigos y se arriesgaba a ser rotado de comuna. Incluso que le redujeran su nivel social.
Aún así Teo tenía una buena razón: nadie se desprende de un blasón de tanta valía. Más que nada porque ese blasón era único, y además estaba firmado por "alguien". No era fácil encontrar a una persona por su rúbrica, pero lo que portaba entre las manos era demasiado personal y, por otro lado, no era tan complicado entrar en un hogar y preguntar por su blasón, allá donde los registros históricos le lleve. Ya sea campeonatos, menciones..., no había nada que la red no pudiera alcanzar a encontrar. Si realmente estaba almacenado, claro.
Así fue como que, caminando por la calle, se encontró a Antonio, quien limpiaba escombros. Al verlo decidió ayudarle a limpiarlos, y así mejorar el prestigio del colectivo de su hogar.
- ¿Aún sigues con esa tontería, Teo? - le dijo Antonio sin prestar demasiada importancia al esfuerzo de su amigo.
- Tú no lo entiendes, es como si una parte de mí me lo hubieran arrebatado ¿Por qué somos parte de una ciudad, de sus escombros? ¿Por qué no somos el legado de nuestros padres?
- Mira, vengo limpiando estas rocas que otros que no conozco aprovechan para destruir. Formamos un buen equipo para limpiar con lo anterior. Y lo anterior es lo que nos hace tan rígidos como para no poder seguir creciendo - entonces miró a Teo y a su blasón - un momento..., ese blasón creo haber visto algo por ahí. En una villa.
- ¿En una villa? ¿Qué es eso? ¿Dónde está?
- La terminamos de limpiar ayer mismo. Llevaba varios meses cayendo poco a poco. Era inmensa.
Antonio terminó de explicar dónde encontrar la escombrera donde dejaría uno de esos adoquines, y dónde estaría ubicada la villa que, en ese momento, ya era un solar preparado para que alguien quisiera aprovecharlo para lo que considerara oportuno.
Teo corroboró que, efectivamente, esa era la casa; esa familia desapareció del mapa..., notkas: renegados del régimen comunista y nómadas del antiguo mundo. Fueron invitados a vivir con el resto, pero se resignan a viajar y desaparecer, deambular entre los restos del pasado sin reconocer ni la ley ni el orden.
Ahora tenía la respuesta, pero no podía acceder a toda la información que hubiera dispuesto por no haber llegado a tiempo.
Tuvo tiempo para reflexionar, le hubiera gustado que Antonio se hubiera fijado mejor en el blasón, le habría gustado mejor que él mismo hubiera sabido hacer comprender a Antonio lo que quiera que fuera a deber encontrar, o que Antonio hubiere considerado mejor las explicaciones que él mismo le hubiera dado para saber qué debía encontrar..., poco a poco se le fueron desapareciendo las conjugaciones del castellano para comprender que la culpa era suya por no haberse implicado convenientemente en el colectivo: si quería que Antonio fuera como él, antes él debía ser como Antonio. Al fin y al cabo son de la misma comuna, y ambos eligieron vivir juntos.
Ese era el significado del blasón y ahora lo comprendía. Teo aprovechó para tirar el blasón en su correspondiente escombrera, el tiempo del futuro perfecto del subjuntivo había acabado para él: debía vivir el presente.
miércoles, 1 de agosto de 2018
Atención a los Adoradores del Dictador
Hoy iba a hablar cómo hay gente que adolece de intentar hacer creer que el poder ejecutivo, el administrativo, es un poder que no puede ser sustituido por una máquina. Se trata de gente que quiere hacer creer que la política, escrita al margen de lo concerniente al Derecho, es un poder Supremo y que cuando ven los avances necesarios en la tecnología intentan evitar la creación de un Dr. Franquenstéin dentro de la sociedad.
Para ello empezaré a dar la piedra Rosetta del poder ejecutivo: que consiste en cuál es la fórmula de éxito para que funcione cualquier administración (dentro de las funciones de dirección de una institución) en la medida de que, como tiene aspecto de casi-fórmula, veremos que el director se hace prescindible dentro de un organismo bien planificado.
Las facultades administrativas se reducen a tener conocimiento de qué experto se encarga de cada tema para llamarlo a reunirse. Con las mismas, ante una de las funciones que tiene asignado el director se plantea a cada uno de los expertos la redacción de un informe donde se recojan todos los riesgos que supone llevar a cabo el nuevo estado planteado y cuáles son las posibles recomendaciones para ejecutarlo desde el punto de vista de su área. El director, por tanto, recogerá todos los informes para sintetizar las recomendaciones que sean compatibles entre sí.
Este proceso, como se puede observar, es perfectamente sustituible por una máquina en la medida de que el lenguaje usado por los expertos sea un lenguaje técnico (lo cual no supone un verdadero problema) y, por otro lado, que el contrato con el director y los cargos que ocupe también esté bien definido.
Rápidamente podemos pensar en el decano de una facultad, el director de una cárcel, el director de la sucursal de una empresa...
Sin embargo, la verdadera dirección va más allá de lo que he puesto por escrito: el mismo director debería de mandar escribir un manual para que cada uno de los mandos intermedios sepan qué procedimiento deben llevar a cabo y así poner por escrito en una bitácora el resultado de la ejecución de dicho manual mediante un documento de incidencias. Ahora sí, con un estudio de los resultados obtenidos mediante los ratios que se consideren oportunos, es cuando podemos evaluar si la dirección, dadas las incidencias, valió la pena. Y, en virtud de los resultados, divulgarlo para que otras direcciones aprendan.
Si nos damos cuenta, colocar a una persona en la administración es un proceso trivial: cualquier tonto puede llevar una administración. Sin embargo, tanto en lo público como en lo privado las administraciones tienen su correspondiente error con respecto a la piedra Rosetta de la correcta dirección: las empresas no querrán hacer un cuaderno de bitácora para hacer conferencias a otras empresas y las instituciones públicas no querrán hacer auditorías y manuales porque, al fin y al cabo, van a cobrar lo mismo.
Todo esto lo que nos dice es que si, de alguna manera, todas estas fórmulas se automatizaran tendríamos empresas e instituciones públicas muchísimo más humanas y eficientes.
A todo esto, ¿qué nos dice la socialdemocracia? Que le debemos la vida a los políticos. Que tiene que haber un dictador que nos diga cómo pensar, cuándo pensar, qué hacer..., y, para ello, se valen de los boletines oficiales para llenarlos de una jerga no más técnica que embarranada; donde se negocia entre partidos el poner o no una coma.
Estos señores se las dan de querer fingir que son importantes para la sociedad. Como si necesitáramos de su sabio consejo. Como si la gente no supiera administrarse. En realidad el matiz de si se administra o no la gente está en que siempre encontrarán un alto cargo o un funcionario en su lugar que intentará ponerle trabas a ese comportamiento autónomo. Pues bien, estoy hablando de los Adoradores del Dictador.
Los Adoradores del Dictador son principalmente funcionarios (o directivos de empresa) que llevan muchos años en una oficina y han encontrado en los ritos que usan una religión. Cuando un auditor los pilla, el modelo socialdemócrata no permite denunciarlos y echarlos -a pesar de que parasitan el sistema- y, por ello, intoxican el ambiente de trabajo al no permitir que se conformen agrupaciones autónomas de trabajo, innovaciones, etc... Se trata de reaccionarios que martirizan a clientes y usuarios por motivos espúreos que, no importa cómo se piense, no va a haber ninguna razón salvo la necedad de darle carácter emotivo a un rito que hace que el director sea importante y necesario.
Estos Adoradores del Dictador suelen martirizarnos sobre lo importante que es ese tipo de cargo, cuando en realidad la mayoría de las veces tal cargo o es automático o debería de ser asambleario o simplemente llevado por el tecnicismo de un magistrado que interprete leyes dentro de su propia orgánica. Cuando le otorgamos al poder ejecutivo una importancia mayor de la debida en realidad estamos acudiendo a un estado de excepción: donde el que manda no tiene que dar explicaciones de para qué hace lo que hace, y la gente se lo perdona porque simplemente ni se lo plantea.
"Todo para el pueblo", dice el Dictador. Pero un director tiene unos cometidos bien definidos y si, excepcionalmente, fuera una persona eso es porque la medida no ha sido regulada y debería de ser controlada por el Pueblo ¿Quién pondría a un empresario completamente libre de hacer lo que quiera? Sus estatutos deberían de haberse tipificado previamente por el propio Senado. Un director limitado a una misión-visión aceptada por el Pueblo, y unas fórmulas que planifiquen la dirección de la producción que haría crecer al ente jurídico, a la propia empresa que se ha creado para resolver problemas.
Visto así, ¿por qué hay gente que se obsesiona con repetir ritos que han sido superados? Voy a Hacienda y me encuentro un inspector que me dice que mi documento de alta de autónomo hecho por Internet no está bien completado..., se pone a marearme una y otra vez, se ha quedado con mi cara. Al final ya le digo "prefiero la cárcel". Eso de tener que volver a repetir un documento sin que me diga porqué lo tengo que repetir o dónde, que haga preguntas y este señor se tome la libertad de no tener que responder a algunas porque considera que no son relevantes para que entienda lo que debo hacer (que es repetir el formulario y volver mañana). Ese comportamiento, de adoración al Dictador, es lo que sobra en una democracia. Y a este tipo de gente lo que hay que hacer es echarla. Sin miramientos, sin sanciones, sin excedencias. Son tóxicos. Minan el buenquehacer. Una vez fuera del sistema que se desintoxiquen solos.
Pero en una socialdemocracia las cosas no funcionan así. Todo está orientado en el poder ejecutivo, en el Dictador.
Para ello empezaré a dar la piedra Rosetta del poder ejecutivo: que consiste en cuál es la fórmula de éxito para que funcione cualquier administración (dentro de las funciones de dirección de una institución) en la medida de que, como tiene aspecto de casi-fórmula, veremos que el director se hace prescindible dentro de un organismo bien planificado.
Las facultades administrativas se reducen a tener conocimiento de qué experto se encarga de cada tema para llamarlo a reunirse. Con las mismas, ante una de las funciones que tiene asignado el director se plantea a cada uno de los expertos la redacción de un informe donde se recojan todos los riesgos que supone llevar a cabo el nuevo estado planteado y cuáles son las posibles recomendaciones para ejecutarlo desde el punto de vista de su área. El director, por tanto, recogerá todos los informes para sintetizar las recomendaciones que sean compatibles entre sí.
Este proceso, como se puede observar, es perfectamente sustituible por una máquina en la medida de que el lenguaje usado por los expertos sea un lenguaje técnico (lo cual no supone un verdadero problema) y, por otro lado, que el contrato con el director y los cargos que ocupe también esté bien definido.
Rápidamente podemos pensar en el decano de una facultad, el director de una cárcel, el director de la sucursal de una empresa...
Sin embargo, la verdadera dirección va más allá de lo que he puesto por escrito: el mismo director debería de mandar escribir un manual para que cada uno de los mandos intermedios sepan qué procedimiento deben llevar a cabo y así poner por escrito en una bitácora el resultado de la ejecución de dicho manual mediante un documento de incidencias. Ahora sí, con un estudio de los resultados obtenidos mediante los ratios que se consideren oportunos, es cuando podemos evaluar si la dirección, dadas las incidencias, valió la pena. Y, en virtud de los resultados, divulgarlo para que otras direcciones aprendan.
Si nos damos cuenta, colocar a una persona en la administración es un proceso trivial: cualquier tonto puede llevar una administración. Sin embargo, tanto en lo público como en lo privado las administraciones tienen su correspondiente error con respecto a la piedra Rosetta de la correcta dirección: las empresas no querrán hacer un cuaderno de bitácora para hacer conferencias a otras empresas y las instituciones públicas no querrán hacer auditorías y manuales porque, al fin y al cabo, van a cobrar lo mismo.
Todo esto lo que nos dice es que si, de alguna manera, todas estas fórmulas se automatizaran tendríamos empresas e instituciones públicas muchísimo más humanas y eficientes.
A todo esto, ¿qué nos dice la socialdemocracia? Que le debemos la vida a los políticos. Que tiene que haber un dictador que nos diga cómo pensar, cuándo pensar, qué hacer..., y, para ello, se valen de los boletines oficiales para llenarlos de una jerga no más técnica que embarranada; donde se negocia entre partidos el poner o no una coma.
Estos señores se las dan de querer fingir que son importantes para la sociedad. Como si necesitáramos de su sabio consejo. Como si la gente no supiera administrarse. En realidad el matiz de si se administra o no la gente está en que siempre encontrarán un alto cargo o un funcionario en su lugar que intentará ponerle trabas a ese comportamiento autónomo. Pues bien, estoy hablando de los Adoradores del Dictador.
Los Adoradores del Dictador son principalmente funcionarios (o directivos de empresa) que llevan muchos años en una oficina y han encontrado en los ritos que usan una religión. Cuando un auditor los pilla, el modelo socialdemócrata no permite denunciarlos y echarlos -a pesar de que parasitan el sistema- y, por ello, intoxican el ambiente de trabajo al no permitir que se conformen agrupaciones autónomas de trabajo, innovaciones, etc... Se trata de reaccionarios que martirizan a clientes y usuarios por motivos espúreos que, no importa cómo se piense, no va a haber ninguna razón salvo la necedad de darle carácter emotivo a un rito que hace que el director sea importante y necesario.
Estos Adoradores del Dictador suelen martirizarnos sobre lo importante que es ese tipo de cargo, cuando en realidad la mayoría de las veces tal cargo o es automático o debería de ser asambleario o simplemente llevado por el tecnicismo de un magistrado que interprete leyes dentro de su propia orgánica. Cuando le otorgamos al poder ejecutivo una importancia mayor de la debida en realidad estamos acudiendo a un estado de excepción: donde el que manda no tiene que dar explicaciones de para qué hace lo que hace, y la gente se lo perdona porque simplemente ni se lo plantea.
"Todo para el pueblo", dice el Dictador. Pero un director tiene unos cometidos bien definidos y si, excepcionalmente, fuera una persona eso es porque la medida no ha sido regulada y debería de ser controlada por el Pueblo ¿Quién pondría a un empresario completamente libre de hacer lo que quiera? Sus estatutos deberían de haberse tipificado previamente por el propio Senado. Un director limitado a una misión-visión aceptada por el Pueblo, y unas fórmulas que planifiquen la dirección de la producción que haría crecer al ente jurídico, a la propia empresa que se ha creado para resolver problemas.
Visto así, ¿por qué hay gente que se obsesiona con repetir ritos que han sido superados? Voy a Hacienda y me encuentro un inspector que me dice que mi documento de alta de autónomo hecho por Internet no está bien completado..., se pone a marearme una y otra vez, se ha quedado con mi cara. Al final ya le digo "prefiero la cárcel". Eso de tener que volver a repetir un documento sin que me diga porqué lo tengo que repetir o dónde, que haga preguntas y este señor se tome la libertad de no tener que responder a algunas porque considera que no son relevantes para que entienda lo que debo hacer (que es repetir el formulario y volver mañana). Ese comportamiento, de adoración al Dictador, es lo que sobra en una democracia. Y a este tipo de gente lo que hay que hacer es echarla. Sin miramientos, sin sanciones, sin excedencias. Son tóxicos. Minan el buenquehacer. Una vez fuera del sistema que se desintoxiquen solos.
Pero en una socialdemocracia las cosas no funcionan así. Todo está orientado en el poder ejecutivo, en el Dictador.
martes, 31 de julio de 2018
Mi experiencia con la creación de un Frankenstein
La Libertad, cada vez peor entendida, nos lleva a plantearnos qué es la Vida. Un agnóstico, tal como sería defendido por Huxley, lo tendría claro: con las reglas de lo inerte no se sabe constituir lo vivo. Eso hace que no podamos creer que todo sea inercial y, por tanto, esté tan muerto como un planeta cayendo indefinidamente en su orbital, así como tampoco podríamos creer en un señor con barba que nos haya creado a todos.
Ante la ausencia de creencias resuena una historia llena de intriga: qué es lo que pasó. O: de qué estamos hechos. También se puede plantear de otra manera: ¿qué papel tiene la Libertad frente a la enorme profundidad de las leyes de la física y la química? Nuestra incapacidad para haber terminado de escribir todo lo que pudiéramos ya sea sobre física o sobre medicina nos hará pensar que sería posible dar con la singularidad que se menciona para la informática: la posibilidad de que el ser humano sea capaz de constituir un ente vivo e inteligente, incluido comparable a un ser humano ¿Hasta el punto de hacerlo equiparable en derechos y deberes? He ahí el problema, que no el dilema.
Por trozos de tierra y trapos pintados se ha matado a mucha gente. Por puntos de vista y maneras de pensar también se ha matado. Pensar que una combinación de ingenios y pedazos de minerales no puedan adquirir suficiente valor ético como para equipararse a una vida es negar nuestra historia de la civilización occidental, así como la del resto de las civilizaciones de la Tierra a lo largo de su historia. Es decir, el ser humano tiene poder para justificar lo injustificable: darle valor a lo muerto por encima de la vida. Así que si así se desea, como si queremos darle valor a un diamante, a una mierda de perro o a una montaña sagrada, entonces tendrá el valor que le queramos otorgar.
La ética que nos hace libres es la que nos otorga un poder de interpretación ya sea de nuestro comportamiento personal como del comportamiento ajeno del que empatizamos. De la misma manera, no es posible hablar de justicia sin leyes, porque las leyes se conforman a partir de los contratos fijados por la civilización y la capacidad literaria que tiene ésta para defender sus memes.
Una máquina que no esté en la misma onda memética que el ser humano no empatizará con el mismo. Cualquier perro empatiza con más inteligencia y sentimiento que la más brillante de las inteligencias artificiales. De hecho, puede que esta regla se aplique incluso para cualquier ratón que viva en una vivienda.
Esto quiere decir que hoy día mis colegas informáticos están planteándose errores de bulto a la hora de avanzar con la tecnología. Porque una cosa es plantearse cómo de lejos puede llegar la ingeniería, o el valor de sus operaciones matemáticas, pero otra muy diferente sería invadir el terreno de lo Humano, más allá de lo que él mismo quiera ceder con su condescendencia.
El legislador y el juez poseen poderes que una máquina no puede comprender porque, de crearse una máquina, ésta no sería resultado de la reproducción humana y su propia evolución para conformar la misma teoría de la mente en su aprendizaje personal, sino que sería como aquel chimpancé al que criaron como un ser humano, le enseñaron de manera desordenada y acabó volviéndose sociópata.
La cosa es, ¿cómo pretenden que un coche pueda circular de manera autónoma para decidir sacrificar vidas humanas a partir de sus propios preceptos morales? Cuando veo ese tipo de programaciones lo que entiendo es que la ingeniería se está saltando su propio código deóntico: una persona debe hacerse responsable de los daños personales que lleva a cabo la máquina. Y claro, yo ya intenté publicar esto mismo ante mis colegas. Y me río de las respuestas que recibí..., como si yo fuera el que tiene las ideas desordenadas. En ocasiones me da la impresión de hablar con chimpancés, a los que tengo que dirigirme usando palabras aisladas y simples; además de ayudarme de las manos.
Y me hace gracia: cuando intento publicar se quejan de que mi inglés es supuestamente bajo; pero cuando trabajo en mi tienda de cara al público, todos mis clientes sin excepción dicen (en el peor de los casos) que mi inglés raya la perfección ¿Entonces? Yo lo tengo claro: más allá de que las supuestas frases sin sentido fueran fáciles de analizar y que, por tanto, tampoco lo habrían comprendido de saber ellos castellano y habérselas escrito en mi idioma - cuando se habla con un idiota, se habla con un idiota.
Los pares que promulgaban la obligación de que no pudiera publicar, en vez de criticar los posibles fallos que - bien pensado - no encontraban, solían utilizar argucias que el editor en jefe era capaz de comprobar: uno decía que no entendía de qué iba mi ensayo (era una equivalencia entre una notación matemática conocida a otra que yo usaba mediante un proceso polinomial como bien explicaba en el abstract) y quiso suponer que intentaba demostrar que NP era igual a P, pero como no había mencionado en ningún momento que NP fuera igual a P entonces el artículo era basura (sesgo Chewaka); otro llegó a decir que no entendía porqué tenía que usar una notación diferente a la teoría de grafos para explicar una comunicación entre dos estructuras (ésta sí conectaba NP con P), y que no había querido ni leer la demostración ni entendía a qué venía la afirmación puesta al principio de que sólo podía referenciarse una cosa a la vez al asociarse con un único elemento de la realidad (sesgo de soy un gandúl de mierda y no sé ni para qué me hago par)..., el asunto es que cuando me rechazan un ensayo absolutamente todo lo que me escriben es completa BASURA. Y no hablo de malentendidos, hablo de basura.
Puedo asumir misericordialmente que yo mismo he cometido errores: en mi última relación con los americanos y su fascista punto de vista en relación con la ciencia, aprovechando el tirón de la película sobre Ramanujan, pude sacarle a Ken Ono (un productor asociado de la película) la posibilidad de que me corrigiera una demostración de matemática sencilla sobre la conjetura de Beal. Personalmente, cada respuesta que daba "su equipo" me dejaba más y más mosqueado..., ¿cómo es posible que digan que no entienden algo tan básico? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué me llenan de esperanzas y me responden con esa extraña humildad? Una ÚNICA explicación viable tras terminar tales conversaciones: se estaba riendo de mí. Y la cosa es simple: si un par ve un error sólo tiene que decir la línea. Pero si apunta a una línea que no tiene error y lo colorea con tonterías...
En definitiva, si me equivoco se ríen de mí y me hacen perder el tiempo. Si no erro, porque la máquina existe, entonces dicen estupideces que dejan con el culo al aire al editor jefe. Huelga mencionar, otros resultados que nunca han visto la luz y que tienen cierta vistosidad, como la enésima cifra del número pi u otros resultados sobre los números primos que ni me acuerdo. La titulitis y la visceralidad de creerse por encima de los demás y defender a los de su hermandad para mantener la facha lo que hace es destruir el alma de la ciencia, que se vincula con la meritocracia; cuando el meme que se replica se fundamenta en cómo va uno vestido y otros asuntos de poca índole el resultado es una degradación y la muerte de la ciencia. De ahí que algo muerto no pueda generar vida.
La inteligencia de los ensayos se acaban por plasmar en la propia tecnología y la manera que tengamos de interpretarla. Los buenos informáticos no basan todo su trabajo en sus resultados personales: sino que aprovechan librerías que ya resuelvan parte del problema. Tampoco basan todo su trabajo en el trabajo ajeno; insisto, si el trabajo de un divulgador consistiera en referenciar lo que otros ya han hecho, entonces no habría innovación, la ciencia sería llevada por lamers. Y eso es lo que más abunda, de hecho: muchas referencias a otros journals, poca chicha. Cuando se habla de buenos artículos éstos no pasarían el baremo por el que los míos tiene que pasar. Además, no sólo teorizo, también construyo la máquina (el código) y es testeable y repetible. Y además innovo. Pero aún así, prefieren el de sus acólitos buen vestidos: la muerte de la tecnología y la ciencia.
Alguien creerá que un tipo que se puede copiar de otro podrá ofrecer la misma calidad. Pues bien: en eso consiste el deep learning. Si nuestros científicos actúan como lamers, entonces podrán ser sustituidos por una máquina, ya que no son capaces de reconocer el código deóntico y se rigen por preceptos morales.
Luego los neurólogos se quejarán de que no entienden la parte más fascinante de nuestro cerebro: la materia blanca. No veremos a otro Ramón y Cajal que nos ayude a encajar las piezas que faltan para comprender que la materia blanca está más ligada al nacimiento que la materia gris y que, por tanto, la explicación de su funcionamiento está fuertemente implicado con la teoría de la especiación (lo que hace que los animales se distingan entre sí por especies) ¿Y eso por qué? Porque para encajar tales piezas habría que comprender cuándo una célula pasa a hacerse multicelular y cómo se codifica la información genética suficiente como para que se elabore un sistema que pueda replicar el propio estado replicador. Y aquí es cuando entra este informático y os dice que si esperáis un solo experto en informática que os diga cómo se genera un sistema introspectivo a ese nivel cuando el 99'9999% se dedican a replicar trabajos sin escribir código..., yo diré ¡JA! (y el que me cuestione este "ja" le dejo por imbécil ante alguien que no sepa informática, porque argumentos torridamente largos no me faltan).
Y si no existe ni la literatura ni la intención de abordar el lenguaje introspectivo en informática para asumir el control que debe tener la ética dentro de una especie para que no se desborde su moralidad interna, entonces todo esto se convierte en ciencia ficción donde, encima, los puntos clave por los que hay que pasar algunos matemáticos han puesto una señal de prohibido el paso.
Por tanto, es probable que se supere la singularidad y que, en un momento dado, un mayordomo robótico confunda una mosca con un terrorista de alqaeda y decida quemar toda una vivienda con varias personas dentro, por el bien común. Ése es el precio de confundir moralidad con ética.
Por otro lado, yo en mi haber puedo alardear de algo que me consta aunque no me lo quieran admitir: he construido las máquinas más eficientes que existen y, tras hacer esto, he comprobado que los problemas que codifican tales estructuras están dentro de clasificaciones exponenciales. Esta aparente contradicción justifica toda una gama de resultados de difícil entendimiento para los tecnólogos actuales, pero porque no existe tal contradicción si entendemos su procedencia. Pero la ironía de pensar que una estructura (que he localizado y que a los palurdos que no me han aceptado cosas más simples no veo ni la manera de poder explicarles algo como eso) que trabaja de manera casi como azarosa (por lo ineficiente que supone) acabe por devolver resultados eficientes es, a mi juicio, de las máquinas más bonitas que he podido diseñar - aunque a nadie le interese, pues este interés es un constructo conformado por unos ladrillos que no se han aceptado de antemano.
Mientras tanto, los gobiernos seguirán pagando millones de euros en patentes que podrían dejarse por obsoletas en servicios que podrían afectar a la vida o muerte de muchas personas. Demasiado consciente de ello.
Al menos lo digo aquí, así y ahora y me quedo tranquilo.
Ante la ausencia de creencias resuena una historia llena de intriga: qué es lo que pasó. O: de qué estamos hechos. También se puede plantear de otra manera: ¿qué papel tiene la Libertad frente a la enorme profundidad de las leyes de la física y la química? Nuestra incapacidad para haber terminado de escribir todo lo que pudiéramos ya sea sobre física o sobre medicina nos hará pensar que sería posible dar con la singularidad que se menciona para la informática: la posibilidad de que el ser humano sea capaz de constituir un ente vivo e inteligente, incluido comparable a un ser humano ¿Hasta el punto de hacerlo equiparable en derechos y deberes? He ahí el problema, que no el dilema.
Por trozos de tierra y trapos pintados se ha matado a mucha gente. Por puntos de vista y maneras de pensar también se ha matado. Pensar que una combinación de ingenios y pedazos de minerales no puedan adquirir suficiente valor ético como para equipararse a una vida es negar nuestra historia de la civilización occidental, así como la del resto de las civilizaciones de la Tierra a lo largo de su historia. Es decir, el ser humano tiene poder para justificar lo injustificable: darle valor a lo muerto por encima de la vida. Así que si así se desea, como si queremos darle valor a un diamante, a una mierda de perro o a una montaña sagrada, entonces tendrá el valor que le queramos otorgar.
La ética que nos hace libres es la que nos otorga un poder de interpretación ya sea de nuestro comportamiento personal como del comportamiento ajeno del que empatizamos. De la misma manera, no es posible hablar de justicia sin leyes, porque las leyes se conforman a partir de los contratos fijados por la civilización y la capacidad literaria que tiene ésta para defender sus memes.
Una máquina que no esté en la misma onda memética que el ser humano no empatizará con el mismo. Cualquier perro empatiza con más inteligencia y sentimiento que la más brillante de las inteligencias artificiales. De hecho, puede que esta regla se aplique incluso para cualquier ratón que viva en una vivienda.
Esto quiere decir que hoy día mis colegas informáticos están planteándose errores de bulto a la hora de avanzar con la tecnología. Porque una cosa es plantearse cómo de lejos puede llegar la ingeniería, o el valor de sus operaciones matemáticas, pero otra muy diferente sería invadir el terreno de lo Humano, más allá de lo que él mismo quiera ceder con su condescendencia.
El legislador y el juez poseen poderes que una máquina no puede comprender porque, de crearse una máquina, ésta no sería resultado de la reproducción humana y su propia evolución para conformar la misma teoría de la mente en su aprendizaje personal, sino que sería como aquel chimpancé al que criaron como un ser humano, le enseñaron de manera desordenada y acabó volviéndose sociópata.
La cosa es, ¿cómo pretenden que un coche pueda circular de manera autónoma para decidir sacrificar vidas humanas a partir de sus propios preceptos morales? Cuando veo ese tipo de programaciones lo que entiendo es que la ingeniería se está saltando su propio código deóntico: una persona debe hacerse responsable de los daños personales que lleva a cabo la máquina. Y claro, yo ya intenté publicar esto mismo ante mis colegas. Y me río de las respuestas que recibí..., como si yo fuera el que tiene las ideas desordenadas. En ocasiones me da la impresión de hablar con chimpancés, a los que tengo que dirigirme usando palabras aisladas y simples; además de ayudarme de las manos.
Y me hace gracia: cuando intento publicar se quejan de que mi inglés es supuestamente bajo; pero cuando trabajo en mi tienda de cara al público, todos mis clientes sin excepción dicen (en el peor de los casos) que mi inglés raya la perfección ¿Entonces? Yo lo tengo claro: más allá de que las supuestas frases sin sentido fueran fáciles de analizar y que, por tanto, tampoco lo habrían comprendido de saber ellos castellano y habérselas escrito en mi idioma - cuando se habla con un idiota, se habla con un idiota.
Los pares que promulgaban la obligación de que no pudiera publicar, en vez de criticar los posibles fallos que - bien pensado - no encontraban, solían utilizar argucias que el editor en jefe era capaz de comprobar: uno decía que no entendía de qué iba mi ensayo (era una equivalencia entre una notación matemática conocida a otra que yo usaba mediante un proceso polinomial como bien explicaba en el abstract) y quiso suponer que intentaba demostrar que NP era igual a P, pero como no había mencionado en ningún momento que NP fuera igual a P entonces el artículo era basura (sesgo Chewaka); otro llegó a decir que no entendía porqué tenía que usar una notación diferente a la teoría de grafos para explicar una comunicación entre dos estructuras (ésta sí conectaba NP con P), y que no había querido ni leer la demostración ni entendía a qué venía la afirmación puesta al principio de que sólo podía referenciarse una cosa a la vez al asociarse con un único elemento de la realidad (sesgo de soy un gandúl de mierda y no sé ni para qué me hago par)..., el asunto es que cuando me rechazan un ensayo absolutamente todo lo que me escriben es completa BASURA. Y no hablo de malentendidos, hablo de basura.
Puedo asumir misericordialmente que yo mismo he cometido errores: en mi última relación con los americanos y su fascista punto de vista en relación con la ciencia, aprovechando el tirón de la película sobre Ramanujan, pude sacarle a Ken Ono (un productor asociado de la película) la posibilidad de que me corrigiera una demostración de matemática sencilla sobre la conjetura de Beal. Personalmente, cada respuesta que daba "su equipo" me dejaba más y más mosqueado..., ¿cómo es posible que digan que no entienden algo tan básico? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué me llenan de esperanzas y me responden con esa extraña humildad? Una ÚNICA explicación viable tras terminar tales conversaciones: se estaba riendo de mí. Y la cosa es simple: si un par ve un error sólo tiene que decir la línea. Pero si apunta a una línea que no tiene error y lo colorea con tonterías...
En definitiva, si me equivoco se ríen de mí y me hacen perder el tiempo. Si no erro, porque la máquina existe, entonces dicen estupideces que dejan con el culo al aire al editor jefe. Huelga mencionar, otros resultados que nunca han visto la luz y que tienen cierta vistosidad, como la enésima cifra del número pi u otros resultados sobre los números primos que ni me acuerdo. La titulitis y la visceralidad de creerse por encima de los demás y defender a los de su hermandad para mantener la facha lo que hace es destruir el alma de la ciencia, que se vincula con la meritocracia; cuando el meme que se replica se fundamenta en cómo va uno vestido y otros asuntos de poca índole el resultado es una degradación y la muerte de la ciencia. De ahí que algo muerto no pueda generar vida.
La inteligencia de los ensayos se acaban por plasmar en la propia tecnología y la manera que tengamos de interpretarla. Los buenos informáticos no basan todo su trabajo en sus resultados personales: sino que aprovechan librerías que ya resuelvan parte del problema. Tampoco basan todo su trabajo en el trabajo ajeno; insisto, si el trabajo de un divulgador consistiera en referenciar lo que otros ya han hecho, entonces no habría innovación, la ciencia sería llevada por lamers. Y eso es lo que más abunda, de hecho: muchas referencias a otros journals, poca chicha. Cuando se habla de buenos artículos éstos no pasarían el baremo por el que los míos tiene que pasar. Además, no sólo teorizo, también construyo la máquina (el código) y es testeable y repetible. Y además innovo. Pero aún así, prefieren el de sus acólitos buen vestidos: la muerte de la tecnología y la ciencia.
Alguien creerá que un tipo que se puede copiar de otro podrá ofrecer la misma calidad. Pues bien: en eso consiste el deep learning. Si nuestros científicos actúan como lamers, entonces podrán ser sustituidos por una máquina, ya que no son capaces de reconocer el código deóntico y se rigen por preceptos morales.
Luego los neurólogos se quejarán de que no entienden la parte más fascinante de nuestro cerebro: la materia blanca. No veremos a otro Ramón y Cajal que nos ayude a encajar las piezas que faltan para comprender que la materia blanca está más ligada al nacimiento que la materia gris y que, por tanto, la explicación de su funcionamiento está fuertemente implicado con la teoría de la especiación (lo que hace que los animales se distingan entre sí por especies) ¿Y eso por qué? Porque para encajar tales piezas habría que comprender cuándo una célula pasa a hacerse multicelular y cómo se codifica la información genética suficiente como para que se elabore un sistema que pueda replicar el propio estado replicador. Y aquí es cuando entra este informático y os dice que si esperáis un solo experto en informática que os diga cómo se genera un sistema introspectivo a ese nivel cuando el 99'9999% se dedican a replicar trabajos sin escribir código..., yo diré ¡JA! (y el que me cuestione este "ja" le dejo por imbécil ante alguien que no sepa informática, porque argumentos torridamente largos no me faltan).
Y si no existe ni la literatura ni la intención de abordar el lenguaje introspectivo en informática para asumir el control que debe tener la ética dentro de una especie para que no se desborde su moralidad interna, entonces todo esto se convierte en ciencia ficción donde, encima, los puntos clave por los que hay que pasar algunos matemáticos han puesto una señal de prohibido el paso.
Por tanto, es probable que se supere la singularidad y que, en un momento dado, un mayordomo robótico confunda una mosca con un terrorista de alqaeda y decida quemar toda una vivienda con varias personas dentro, por el bien común. Ése es el precio de confundir moralidad con ética.
Por otro lado, yo en mi haber puedo alardear de algo que me consta aunque no me lo quieran admitir: he construido las máquinas más eficientes que existen y, tras hacer esto, he comprobado que los problemas que codifican tales estructuras están dentro de clasificaciones exponenciales. Esta aparente contradicción justifica toda una gama de resultados de difícil entendimiento para los tecnólogos actuales, pero porque no existe tal contradicción si entendemos su procedencia. Pero la ironía de pensar que una estructura (que he localizado y que a los palurdos que no me han aceptado cosas más simples no veo ni la manera de poder explicarles algo como eso) que trabaja de manera casi como azarosa (por lo ineficiente que supone) acabe por devolver resultados eficientes es, a mi juicio, de las máquinas más bonitas que he podido diseñar - aunque a nadie le interese, pues este interés es un constructo conformado por unos ladrillos que no se han aceptado de antemano.
Mientras tanto, los gobiernos seguirán pagando millones de euros en patentes que podrían dejarse por obsoletas en servicios que podrían afectar a la vida o muerte de muchas personas. Demasiado consciente de ello.
Al menos lo digo aquí, así y ahora y me quedo tranquilo.
lunes, 30 de julio de 2018
Entrada décima. Me extraña la idea de Justicia.
Me extraña la idea de Justicia que tiene la gente. Me es curioso cómo podemos encontrar entre las tribus urbanas de Twitter, ya sean versados, curritos o anónimos, cómo algunas personas se arrogan con capacidad para saber cuándo una sentencia es dura o es leve. Me gustaría poder quitarme este discurso de la cabeza, así que probaré a ponérmelo por escrito.
En una sociedad democrática deberíamos de reconocer el valor que tiene la Justicia. Para ello nos valemos de unos científicos de lo social, al que les damos plenos poderes dentro de una orgánica para que interpreten nuestras leyes, escritas a partir de nuestras costumbres o manera de ver el mundo. Es comprensible que, en ocasiones, prefieran buscar de la propia historia del Derecho de nuestro país para dilucidar hacia dónde debe ir un desequilibrio, pero también debería haber alguna ley de derrogue o establezca principios de obsolescencia sobre épocas ya sea pasadas o de pensamientos torridos (como el fascismo).
Está claro que la ley no es como me gustaría en estos momentos, pero lo asumo con su contradicción a la democracia como si estuviera viviendo una transición hacia la democracia. Y la idea de Justicia que espero encontrar no es sólo que se dedique a interpretar acciones particulares, sino que además ayude a interpretar sociedades y su legado histórico, para que se pueda legislar en coherencia con la intepretación oficial que quiera darle un estado democrático de acuerdo con sus leyes. De ahí, una ley de memoria histórica, resuelta por un gabinete judicial que nos ofrezca una versión oficial de lo que significó el franquismo para España y, por consiguiente, qué leyes y qué normativas y qué títulos debían ser considerados o rechazados.
Pero, insisto, eso es lo que habría esperado.
Por el contrario, lo que veo es cómo cada vez los jueces son usados más y más por la prensa para conseguir ese mercado fácil, el del amarillismo. Un mercado que comprará más artículos que puedan encontrarle fallas a los jueces que nos caen mal. Cada vez que una sentencia impacte, aparecerá la idea de que nos debe gustar o no, de que estamos en un bando o en otro. Esa bipolaridad creo que es incompatible con la Justicia. Más que nada porque la interpretación de los hechos, por un lado, es susceptible de ser difícil de apreciar si no se ha estado en el propio tribunal, además de que la mayoría de los que opinan ni se han preocupado en leerse un fallo que tampoco va a ser completamente representativo de lo que hubiera querido expresar el magistrado para lo que al final se acabó por pretender entender.
En este juego mediático el científico tiene todas las de perder: usar una jerga no tiene porqué ser beneficioso, evitarla tampoco. La cosa es que hay unos sesgos cognitivos que podrán ser aprovechados por los medios de comunicación contra los magistrados, y así todos los jueces, independientemente de lo profesionales que sean siempre serán susceptibles de ser tratados como unos peleles.
Ese comportamiento es una de las patas fundamentales que necesita una democracia para enviciarse y convertirse en dictadura. Y yo insisto en que no entiendo porqué se insiste en permitir ese cuñadismo ilustrado, cómo no tienen los jueces algún mecanismo que le protejan de los medios. Y hablo de multas administrativas por permitir titulares absurdos como la acusación de que un juez ha plagiado otra sentencia (los jueces tienen que copiarse otras sentencias), que ha tachado párrafos (el juez tiene que evaluar qué encaja y qué no encaja en su fallo), y otra serie de comportamientos alegales que trabajan la difamación de un poder que debería de independizarse de la presión de los medios.
Por otro lado, debería de haber mecanismos trasparentes y válidos (autoritarios) para poder acusar a un juez de prevaricación. Pero esta entrada no se centra en este tema.
El asunto es que a los jueces se les da demasiado poder individual de carácter dogmático. Como el poder de decidir cuánto tiempo va a tener que superar una persona sin su libertad para luego reinsertarse. No lo entiendo. De la misma manera, si le arrebatan a un padre su patria potestad, como si le quitan a una persona su permiso de conducir, a nadie se le ocurre quitárselo por un tiempo..., bueno..., eso es lo que me dice el sentido común. Se supone que una institución independiente sería la encargada de determinar si se le levanta o no la pena.
No entiendo, por tanto, que haya cadenas perpetuas improrrogables, ni tampoco que un científico pueda decirte que la ley le concede capacidad para adivinar cuánto tiempo necesita una persona para reinsertarse o dejar de ser sociópata. Todas esas cosas me sorprenden, por no decir que me parecen altamente dogmáticas y propias de épocas pasadas.
Una sociedad moderna debe permitir que un juez le arrebate el permiso de conducir a quien conduce malamente, la patria potestad a quien usa a sus hijos con fines perversos, el poder trabajar para el estado a quien abusa de lo público, la libertad a quien es peligroso, etc..., pero que esos actos deben hacerse permanentes pues si fue necesario un juez de lo penal entonces no podemos esperar una política por su parte a la hora de adoptar ese tipo de decisiones.
La política exige otro tipo de magistrados. Esos magistrados que son elegidos porque confiamos en ellos y que, según estas fórmulas de hoy día, los elegimos malamente con las urnas. Cosa que ni me gusta por las formas, ni por el poder que les otorgamos.
Un mundo más normal es el que ocupa tres juicios independientes cuando se produce un delito: el juicio que establezca qué faltas demuestran los hechos, el juicio que reconoce los daños a las víctimas y el juicio que reconoce la reinserción tras superar el examen pertinente el preso en cuestión.
Cuando hablamos de una persona que decide que a un trabajador le corresponde una excedencia de un tiempo sin cobrar por una falta cometida, debemos comprender que ese tipo de decisiones forman parte de una política que nos puede gustar más o menos.
Pero si la resolución de un acto proviene de la propia libertad del individuo y su consecuencia debe ser considerada para su reinserción, entonces de lo que hablamos es de un comportamiento que contiene dolo y es sociopático. Creer que con una regla podemos medir cuándo el dolo desaparecerá, o cuándo, en su libertad de acción, el sociópata dejará de ser sociópata equivale a no entender qué es eso de la Libertad o la ética. Ciertamente, las ciencias sociales deberían de tener bien delimitadas sus funciones en virtud del Derecho Natural que nos corresponde como Seres Libres.
En un juicio de faltas, la torpeza es asumible y puede acabar dentro de un contrato. El delito no. El subjuntivo puede usarse grácilmente para que pueda caber en los contratos, pero las lecturas del mismo sonarían estrambóticas a la hora de fijar según qué penas como si se tratara de una cuestión de pagar.
Ciertamente, no debería de confundirse según qué términos pues, si las penas se pagaran, entonces existiría fórmula para la culpabilidad y, de ahí, los informáticos podríamos sustituir al juez y valernos de tales fórmulas para recrear un ente inerte con los mismos derechos que un Ser Humano.
En una sociedad democrática deberíamos de reconocer el valor que tiene la Justicia. Para ello nos valemos de unos científicos de lo social, al que les damos plenos poderes dentro de una orgánica para que interpreten nuestras leyes, escritas a partir de nuestras costumbres o manera de ver el mundo. Es comprensible que, en ocasiones, prefieran buscar de la propia historia del Derecho de nuestro país para dilucidar hacia dónde debe ir un desequilibrio, pero también debería haber alguna ley de derrogue o establezca principios de obsolescencia sobre épocas ya sea pasadas o de pensamientos torridos (como el fascismo).
Está claro que la ley no es como me gustaría en estos momentos, pero lo asumo con su contradicción a la democracia como si estuviera viviendo una transición hacia la democracia. Y la idea de Justicia que espero encontrar no es sólo que se dedique a interpretar acciones particulares, sino que además ayude a interpretar sociedades y su legado histórico, para que se pueda legislar en coherencia con la intepretación oficial que quiera darle un estado democrático de acuerdo con sus leyes. De ahí, una ley de memoria histórica, resuelta por un gabinete judicial que nos ofrezca una versión oficial de lo que significó el franquismo para España y, por consiguiente, qué leyes y qué normativas y qué títulos debían ser considerados o rechazados.
Pero, insisto, eso es lo que habría esperado.
Por el contrario, lo que veo es cómo cada vez los jueces son usados más y más por la prensa para conseguir ese mercado fácil, el del amarillismo. Un mercado que comprará más artículos que puedan encontrarle fallas a los jueces que nos caen mal. Cada vez que una sentencia impacte, aparecerá la idea de que nos debe gustar o no, de que estamos en un bando o en otro. Esa bipolaridad creo que es incompatible con la Justicia. Más que nada porque la interpretación de los hechos, por un lado, es susceptible de ser difícil de apreciar si no se ha estado en el propio tribunal, además de que la mayoría de los que opinan ni se han preocupado en leerse un fallo que tampoco va a ser completamente representativo de lo que hubiera querido expresar el magistrado para lo que al final se acabó por pretender entender.
En este juego mediático el científico tiene todas las de perder: usar una jerga no tiene porqué ser beneficioso, evitarla tampoco. La cosa es que hay unos sesgos cognitivos que podrán ser aprovechados por los medios de comunicación contra los magistrados, y así todos los jueces, independientemente de lo profesionales que sean siempre serán susceptibles de ser tratados como unos peleles.
Ese comportamiento es una de las patas fundamentales que necesita una democracia para enviciarse y convertirse en dictadura. Y yo insisto en que no entiendo porqué se insiste en permitir ese cuñadismo ilustrado, cómo no tienen los jueces algún mecanismo que le protejan de los medios. Y hablo de multas administrativas por permitir titulares absurdos como la acusación de que un juez ha plagiado otra sentencia (los jueces tienen que copiarse otras sentencias), que ha tachado párrafos (el juez tiene que evaluar qué encaja y qué no encaja en su fallo), y otra serie de comportamientos alegales que trabajan la difamación de un poder que debería de independizarse de la presión de los medios.
Por otro lado, debería de haber mecanismos trasparentes y válidos (autoritarios) para poder acusar a un juez de prevaricación. Pero esta entrada no se centra en este tema.
El asunto es que a los jueces se les da demasiado poder individual de carácter dogmático. Como el poder de decidir cuánto tiempo va a tener que superar una persona sin su libertad para luego reinsertarse. No lo entiendo. De la misma manera, si le arrebatan a un padre su patria potestad, como si le quitan a una persona su permiso de conducir, a nadie se le ocurre quitárselo por un tiempo..., bueno..., eso es lo que me dice el sentido común. Se supone que una institución independiente sería la encargada de determinar si se le levanta o no la pena.
No entiendo, por tanto, que haya cadenas perpetuas improrrogables, ni tampoco que un científico pueda decirte que la ley le concede capacidad para adivinar cuánto tiempo necesita una persona para reinsertarse o dejar de ser sociópata. Todas esas cosas me sorprenden, por no decir que me parecen altamente dogmáticas y propias de épocas pasadas.
Una sociedad moderna debe permitir que un juez le arrebate el permiso de conducir a quien conduce malamente, la patria potestad a quien usa a sus hijos con fines perversos, el poder trabajar para el estado a quien abusa de lo público, la libertad a quien es peligroso, etc..., pero que esos actos deben hacerse permanentes pues si fue necesario un juez de lo penal entonces no podemos esperar una política por su parte a la hora de adoptar ese tipo de decisiones.
La política exige otro tipo de magistrados. Esos magistrados que son elegidos porque confiamos en ellos y que, según estas fórmulas de hoy día, los elegimos malamente con las urnas. Cosa que ni me gusta por las formas, ni por el poder que les otorgamos.
Un mundo más normal es el que ocupa tres juicios independientes cuando se produce un delito: el juicio que establezca qué faltas demuestran los hechos, el juicio que reconoce los daños a las víctimas y el juicio que reconoce la reinserción tras superar el examen pertinente el preso en cuestión.
Cuando hablamos de una persona que decide que a un trabajador le corresponde una excedencia de un tiempo sin cobrar por una falta cometida, debemos comprender que ese tipo de decisiones forman parte de una política que nos puede gustar más o menos.
Pero si la resolución de un acto proviene de la propia libertad del individuo y su consecuencia debe ser considerada para su reinserción, entonces de lo que hablamos es de un comportamiento que contiene dolo y es sociopático. Creer que con una regla podemos medir cuándo el dolo desaparecerá, o cuándo, en su libertad de acción, el sociópata dejará de ser sociópata equivale a no entender qué es eso de la Libertad o la ética. Ciertamente, las ciencias sociales deberían de tener bien delimitadas sus funciones en virtud del Derecho Natural que nos corresponde como Seres Libres.
En un juicio de faltas, la torpeza es asumible y puede acabar dentro de un contrato. El delito no. El subjuntivo puede usarse grácilmente para que pueda caber en los contratos, pero las lecturas del mismo sonarían estrambóticas a la hora de fijar según qué penas como si se tratara de una cuestión de pagar.
Ciertamente, no debería de confundirse según qué términos pues, si las penas se pagaran, entonces existiría fórmula para la culpabilidad y, de ahí, los informáticos podríamos sustituir al juez y valernos de tales fórmulas para recrear un ente inerte con los mismos derechos que un Ser Humano.
domingo, 29 de julio de 2018
Lírica 3
Dura y hermosa, rompe la mar morena
porque quien entra a saco con la vela
quiebra entonces la lona mayor que en pena
avanza cuando la nocturnidad pela.
Cuando el timonel pisa y se pone en vena
respira muy hondo y esconde la gran panza
que nos propone compañía serena
para hacerse más llevadera la andanza.
Aunque cuenta la moza que fue sirena
cuando al amigo nunca lo echaba en falta
remonta a vivir su ser de luna llena
miente al pasado, tan simple que de él se harta.
Y el timonel le espeta: "¡Ya, Lorena,
la de la dulce voz húmeda de escarcha,
mirada quieta la noche se hace plena!
Endulzame con toda ella nuestra marcha".
Mas ella ardiente, de valerosa mena,
cuando más quiebra cuando más se desvela
antes se vuelve de nuevo una sirena
amargamente a la tormenta apela.
Luna fría de un tormento olvidado
ha caído en su sufrir por la pérdida
que hubo querido evitar la pérfida
envidia bruja que lo haya robado.
Se trataba del amor de un tormento
que una vez pecó de joven soñado
pero que al ser un astro, el amado
sólo se pudo volver sufrimiento.
Y en el papel de bruja se ha otorgado
que ella clamara por ese recuerdo
porque es un sentir que estaba clavado.
Pero no hay astro ni magia en el lerdo
pues su amor en el olvido ha quedado
que la bruja se perdió por un cerdo.
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
no hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
y es el encuentro de un nuevo amor
Que bien se puede dar por terminado
no olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido.
Cuando la crispación viene del honor
y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado.
No podrá ser jamás otra vez ignorado.
No olvidemos que una vez se haya tenido:
¡qué bien se puede dar por terminado
salvo el que por sustitución haya surgido!
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
Y es el encuentro de un nuevo amor.
Eso que entre todos es conocido:
no hay acontecimiento ni mayor clamor
Y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado
cuando la crispación viene del honor.
No olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido,
que bien se puede dar por terminado.
No hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
y es el encuentro de un nuevo amor.
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
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