Dura y hermosa, rompe la mar morena
porque quien entra a saco con la vela
quiebra entonces la lona mayor que en pena
avanza cuando la nocturnidad pela.
Cuando el timonel pisa y se pone en vena
respira muy hondo y esconde la gran panza
que nos propone compañía serena
para hacerse más llevadera la andanza.
Aunque cuenta la moza que fue sirena
cuando al amigo nunca lo echaba en falta
remonta a vivir su ser de luna llena
miente al pasado, tan simple que de él se harta.
Y el timonel le espeta: "¡Ya, Lorena,
la de la dulce voz húmeda de escarcha,
mirada quieta la noche se hace plena!
Endulzame con toda ella nuestra marcha".
Mas ella ardiente, de valerosa mena,
cuando más quiebra cuando más se desvela
antes se vuelve de nuevo una sirena
amargamente a la tormenta apela.
Luna fría de un tormento olvidado
ha caído en su sufrir por la pérdida
que hubo querido evitar la pérfida
envidia bruja que lo haya robado.
Se trataba del amor de un tormento
que una vez pecó de joven soñado
pero que al ser un astro, el amado
sólo se pudo volver sufrimiento.
Y en el papel de bruja se ha otorgado
que ella clamara por ese recuerdo
porque es un sentir que estaba clavado.
Pero no hay astro ni magia en el lerdo
pues su amor en el olvido ha quedado
que la bruja se perdió por un cerdo.
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
no hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
y es el encuentro de un nuevo amor
Que bien se puede dar por terminado
no olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido.
Cuando la crispación viene del honor
y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado.
No podrá ser jamás otra vez ignorado.
No olvidemos que una vez se haya tenido:
¡qué bien se puede dar por terminado
salvo el que por sustitución haya surgido!
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
Y es el encuentro de un nuevo amor.
Eso que entre todos es conocido:
no hay acontecimiento ni mayor clamor
Y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado
cuando la crispación viene del honor.
No olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido,
que bien se puede dar por terminado.
No hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
y es el encuentro de un nuevo amor.
Claman todos, ¡qué albricias han venido!
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