domingo, 29 de julio de 2018

Lírica 3




Dura y hermosa,  rompe la mar morena
porque quien entra  a saco con la vela
quiebra entonces la  lona mayor que en pena
avanza cuando  la nocturnidad pela.

Cuando el timonel  pisa y se pone en vena
respira muy hondo  y esconde la gran panza
que nos propone  compañía serena
para hacerse más  llevadera la andanza.

Aunque cuenta la  moza que fue sirena
cuando al amigo  nunca lo echaba en falta
remonta a vivir  su ser de luna llena
miente al pasado,  tan simple que de él se harta.

Y el timonel le  espeta: "¡Ya, Lorena,
la de la dulce  voz húmeda de escarcha,
mirada quieta  la noche se hace plena!
Endulzame con  toda ella nuestra marcha".

Mas ella ardiente,  de valerosa mena,
cuando más quiebra  cuando más se desvela
antes se vuelve  de nuevo una sirena
amargamente  a la tormenta apela.




Luna fría de un  tormento olvidado
ha caído en su  sufrir por la pérdida
que hubo querido  evitar la pérfida
envidia bruja  que lo haya robado.

Se trataba del  amor de un tormento
que una vez pecó  de joven soñado
pero que al ser un  astro, el amado
sólo se pudo  volver sufrimiento.

Y en el papel de  bruja se ha otorgado
que ella clamara  por ese recuerdo
porque es un sentir  que estaba clavado.

Pero no hay astro  ni magia en el lerdo
pues su amor en el  olvido ha quedado 
que la bruja se  perdió por un cerdo.





Claman todos, ¡qué albricias han venido!
no hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
 y es el encuentro de un nuevo amor

Que bien se puede dar por terminado
no olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido.

Cuando la crispación viene del honor
y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado.

No podrá ser jamás otra vez ignorado.
No olvidemos que una vez se haya tenido:
¡qué bien se puede dar por terminado
salvo el que por sustitución haya surgido!

Claman todos, ¡qué albricias han venido!
 Y es el encuentro de un nuevo amor.
Eso que entre todos es conocido:
no hay acontecimiento ni mayor clamor

Y cuando el otro individuo amado
descubre con tanto horror
que fue objeto de algo mal atado
cuando la crispación viene del honor.
 
No olvidemos que una vez se haya tenido
no podrá ser jamás otra vez ignorado
salvo el que por sustitución haya surgido,
que bien se puede dar por terminado.

No hay acontecimiento ni mayor clamor
eso que entre todos es conocido
 y es el encuentro de un nuevo amor.
Claman todos, ¡qué albricias han venido!






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