La Libertad, cada vez peor entendida, nos lleva a plantearnos qué es la Vida. Un agnóstico, tal como sería defendido por Huxley, lo tendría claro: con las reglas de lo inerte no se sabe constituir lo vivo. Eso hace que no podamos creer que todo sea inercial y, por tanto, esté tan muerto como un planeta cayendo indefinidamente en su orbital, así como tampoco podríamos creer en un señor con barba que nos haya creado a todos.
Ante la ausencia de creencias resuena una historia llena de intriga: qué es lo que pasó. O: de qué estamos hechos. También se puede plantear de otra manera: ¿qué papel tiene la Libertad frente a la enorme profundidad de las leyes de la física y la química? Nuestra incapacidad para haber terminado de escribir todo lo que pudiéramos ya sea sobre física o sobre medicina nos hará pensar que sería posible dar con la singularidad que se menciona para la informática: la posibilidad de que el ser humano sea capaz de constituir un ente vivo e inteligente, incluido comparable a un ser humano ¿Hasta el punto de hacerlo equiparable en derechos y deberes? He ahí el problema, que no el dilema.
Por trozos de tierra y trapos pintados se ha matado a mucha gente. Por puntos de vista y maneras de pensar también se ha matado. Pensar que una combinación de ingenios y pedazos de minerales no puedan adquirir suficiente valor ético como para equipararse a una vida es negar nuestra historia de la civilización occidental, así como la del resto de las civilizaciones de la Tierra a lo largo de su historia. Es decir, el ser humano tiene poder para justificar lo injustificable: darle valor a lo muerto por encima de la vida. Así que si así se desea, como si queremos darle valor a un diamante, a una mierda de perro o a una montaña sagrada, entonces tendrá el valor que le queramos otorgar.
La ética que nos hace libres es la que nos otorga un poder de interpretación ya sea de nuestro comportamiento personal como del comportamiento ajeno del que empatizamos. De la misma manera, no es posible hablar de justicia sin leyes, porque las leyes se conforman a partir de los contratos fijados por la civilización y la capacidad literaria que tiene ésta para defender sus memes.
Una máquina que no esté en la misma onda memética que el ser humano no empatizará con el mismo. Cualquier perro empatiza con más inteligencia y sentimiento que la más brillante de las inteligencias artificiales. De hecho, puede que esta regla se aplique incluso para cualquier ratón que viva en una vivienda.
Esto quiere decir que hoy día mis colegas informáticos están planteándose errores de bulto a la hora de avanzar con la tecnología. Porque una cosa es plantearse cómo de lejos puede llegar la ingeniería, o el valor de sus operaciones matemáticas, pero otra muy diferente sería invadir el terreno de lo Humano, más allá de lo que él mismo quiera ceder con su condescendencia.
El legislador y el juez poseen poderes que una máquina no puede comprender porque, de crearse una máquina, ésta no sería resultado de la reproducción humana y su propia evolución para conformar la misma teoría de la mente en su aprendizaje personal, sino que sería como aquel chimpancé al que criaron como un ser humano, le enseñaron de manera desordenada y acabó volviéndose sociópata.
La cosa es, ¿cómo pretenden que un coche pueda circular de manera autónoma para decidir sacrificar vidas humanas a partir de sus propios preceptos morales? Cuando veo ese tipo de programaciones lo que entiendo es que la ingeniería se está saltando su propio código deóntico: una persona debe hacerse responsable de los daños personales que lleva a cabo la máquina. Y claro, yo ya intenté publicar esto mismo ante mis colegas. Y me río de las respuestas que recibí..., como si yo fuera el que tiene las ideas desordenadas. En ocasiones me da la impresión de hablar con chimpancés, a los que tengo que dirigirme usando palabras aisladas y simples; además de ayudarme de las manos.
Y me hace gracia: cuando intento publicar se quejan de que mi inglés es supuestamente bajo; pero cuando trabajo en mi tienda de cara al público, todos mis clientes sin excepción dicen (en el peor de los casos) que mi inglés raya la perfección ¿Entonces? Yo lo tengo claro: más allá de que las supuestas frases sin sentido fueran fáciles de analizar y que, por tanto, tampoco lo habrían comprendido de saber ellos castellano y habérselas escrito en mi idioma - cuando se habla con un idiota, se habla con un idiota.
Los pares que promulgaban la obligación de que no pudiera publicar, en vez de criticar los posibles fallos que - bien pensado - no encontraban, solían utilizar argucias que el editor en jefe era capaz de comprobar: uno decía que no entendía de qué iba mi ensayo (era una equivalencia entre una notación matemática conocida a otra que yo usaba mediante un proceso polinomial como bien explicaba en el abstract) y quiso suponer que intentaba demostrar que NP era igual a P, pero como no había mencionado en ningún momento que NP fuera igual a P entonces el artículo era basura (sesgo Chewaka); otro llegó a decir que no entendía porqué tenía que usar una notación diferente a la teoría de grafos para explicar una comunicación entre dos estructuras (ésta sí conectaba NP con P), y que no había querido ni leer la demostración ni entendía a qué venía la afirmación puesta al principio de que sólo podía referenciarse una cosa a la vez al asociarse con un único elemento de la realidad (sesgo de soy un gandúl de mierda y no sé ni para qué me hago par)..., el asunto es que cuando me rechazan un ensayo absolutamente todo lo que me escriben es completa BASURA. Y no hablo de malentendidos, hablo de basura.
Puedo asumir misericordialmente que yo mismo he cometido errores: en mi última relación con los americanos y su fascista punto de vista en relación con la ciencia, aprovechando el tirón de la película sobre Ramanujan, pude sacarle a Ken Ono (un productor asociado de la película) la posibilidad de que me corrigiera una demostración de matemática sencilla sobre la conjetura de Beal. Personalmente, cada respuesta que daba "su equipo" me dejaba más y más mosqueado..., ¿cómo es posible que digan que no entienden algo tan básico? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué me llenan de esperanzas y me responden con esa extraña humildad? Una ÚNICA explicación viable tras terminar tales conversaciones: se estaba riendo de mí. Y la cosa es simple: si un par ve un error sólo tiene que decir la línea. Pero si apunta a una línea que no tiene error y lo colorea con tonterías...
En definitiva, si me equivoco se ríen de mí y me hacen perder el tiempo. Si no erro, porque la máquina existe, entonces dicen estupideces que dejan con el culo al aire al editor jefe. Huelga mencionar, otros resultados que nunca han visto la luz y que tienen cierta vistosidad, como la enésima cifra del número pi u otros resultados sobre los números primos que ni me acuerdo. La titulitis y la visceralidad de creerse por encima de los demás y defender a los de su hermandad para mantener la facha lo que hace es destruir el alma de la ciencia, que se vincula con la meritocracia; cuando el meme que se replica se fundamenta en cómo va uno vestido y otros asuntos de poca índole el resultado es una degradación y la muerte de la ciencia. De ahí que algo muerto no pueda generar vida.
La inteligencia de los ensayos se acaban por plasmar en la propia tecnología y la manera que tengamos de interpretarla. Los buenos informáticos no basan todo su trabajo en sus resultados personales: sino que aprovechan librerías que ya resuelvan parte del problema. Tampoco basan todo su trabajo en el trabajo ajeno; insisto, si el trabajo de un divulgador consistiera en referenciar lo que otros ya han hecho, entonces no habría innovación, la ciencia sería llevada por lamers. Y eso es lo que más abunda, de hecho: muchas referencias a otros journals, poca chicha. Cuando se habla de buenos artículos éstos no pasarían el baremo por el que los míos tiene que pasar. Además, no sólo teorizo, también construyo la máquina (el código) y es testeable y repetible. Y además innovo. Pero aún así, prefieren el de sus acólitos buen vestidos: la muerte de la tecnología y la ciencia.
Alguien creerá que un tipo que se puede copiar de otro podrá ofrecer la misma calidad. Pues bien: en eso consiste el deep learning. Si nuestros científicos actúan como lamers, entonces podrán ser sustituidos por una máquina, ya que no son capaces de reconocer el código deóntico y se rigen por preceptos morales.
Luego los neurólogos se quejarán de que no entienden la parte más fascinante de nuestro cerebro: la materia blanca. No veremos a otro Ramón y Cajal que nos ayude a encajar las piezas que faltan para comprender que la materia blanca está más ligada al nacimiento que la materia gris y que, por tanto, la explicación de su funcionamiento está fuertemente implicado con la teoría de la especiación (lo que hace que los animales se distingan entre sí por especies) ¿Y eso por qué? Porque para encajar tales piezas habría que comprender cuándo una célula pasa a hacerse multicelular y cómo se codifica la información genética suficiente como para que se elabore un sistema que pueda replicar el propio estado replicador. Y aquí es cuando entra este informático y os dice que si esperáis un solo experto en informática que os diga cómo se genera un sistema introspectivo a ese nivel cuando el 99'9999% se dedican a replicar trabajos sin escribir código..., yo diré ¡JA! (y el que me cuestione este "ja" le dejo por imbécil ante alguien que no sepa informática, porque argumentos torridamente largos no me faltan).
Y si no existe ni la literatura ni la intención de abordar el lenguaje introspectivo en informática para asumir el control que debe tener la ética dentro de una especie para que no se desborde su moralidad interna, entonces todo esto se convierte en ciencia ficción donde, encima, los puntos clave por los que hay que pasar algunos matemáticos han puesto una señal de prohibido el paso.
Por tanto, es probable que se supere la singularidad y que, en un momento dado, un mayordomo robótico confunda una mosca con un terrorista de alqaeda y decida quemar toda una vivienda con varias personas dentro, por el bien común. Ése es el precio de confundir moralidad con ética.
Por otro lado, yo en mi haber puedo alardear de algo que me consta aunque no me lo quieran admitir: he construido las máquinas más eficientes que existen y, tras hacer esto, he comprobado que los problemas que codifican tales estructuras están dentro de clasificaciones exponenciales. Esta aparente contradicción justifica toda una gama de resultados de difícil entendimiento para los tecnólogos actuales, pero porque no existe tal contradicción si entendemos su procedencia. Pero la ironía de pensar que una estructura (que he localizado y que a los palurdos que no me han aceptado cosas más simples no veo ni la manera de poder explicarles algo como eso) que trabaja de manera casi como azarosa (por lo ineficiente que supone) acabe por devolver resultados eficientes es, a mi juicio, de las máquinas más bonitas que he podido diseñar - aunque a nadie le interese, pues este interés es un constructo conformado por unos ladrillos que no se han aceptado de antemano.
Mientras tanto, los gobiernos seguirán pagando millones de euros en patentes que podrían dejarse por obsoletas en servicios que podrían afectar a la vida o muerte de muchas personas. Demasiado consciente de ello.
Al menos lo digo aquí, así y ahora y me quedo tranquilo.
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