La segunda gran verdad del budismo nos habla sobre saber escoger lo auténtico, distinguirlo de la verdad como distinguimos el presente de nuestro pasado. Nuestro futuro viene determinado por las personas que integramos el presente y, efectivamente, es el presente mismo el que va marcando las razones de qué nos vamos encontrando. No se trata de magia, sino de ese poder para elegir los distintos futuros alternativos tal como nos lo ofrece nuestra civilización. Es decir, quien conozca las pautas morales de nuestra civilización y controle sus instintos más bajos que vigilan su voluntad, podrá encontrar la manera de pintar un poco en esta realidad del color que más guste.
Y tal como se pinten las cosas la sociedad tendrá la oportunidad de ver apaciguado su dolor, en cuanto se racionaliza, se indaga y se discute. Es una pena descubrir cómo las ciencias sociales no tienen ese afán objetivo que permita seguir avanzando en estos menesteres. Me refiero, por supuesto, entre otras cosas, a cómo un juez regional de un país se ve con capacidad de cuestionar una decisión en firme del supremo de otro país mientras se salta normas y toma en consideración situaciones excepcionales que le permitan convertirse forzosamente en mediador de un conflicto que no le atañe.
No será la primera vez que ese gran multimillonario apuesta contra un país para que se rompa y así sacar de los márgenes y las divisas el dinero y la inversión oportunas, tampoco será la primera vez que vemos cómo esas inversiones acaban sobornando y financiando fuertes campañas que puedan jugar con valores como primas de riesgo, y así provocar muertes por suicidio en masa, hambrunas, escalas de violencia, rupturas sociales estructurales..., todo para ganar un margen de dinero que no supone una verdadera necesidad para su persona; sólo por ganar más.
Tampoco será la primera vez que un juez acepta un soborno, sobretodo si es uno de muy baja estopa; uno de esos jueces de los que nadie sabe ni habla. Ya no digo el caramelito de tener la sensación de poder tener a todo un país a sus pies, y reirse de su estado de derecho.
Cuando el sistema judicial se acaba convirtiendo en un circo a expensas del juego político o, peor aún, de la agenda personal para la mejora económica de algún mal nacido, entonces podemos decir que la calidad de las ciencias sociales es bastante deplorable ¿Cómo podemos confiar nuestros juicios a unos sujetos que no tienen calidad como científicos? ¿Cómo podemos confiar la interpretación de nuestras leyes a gente que no es escéptica, pero sí que alberga fuertes ideologías y demasiadas debilidades personales? La falta de vocación es incompatible con el trabajo científico. Quien quiere dinero no se dedica a la ciencia, se hace empresario para aprovechar las ideas de los demás - y muy bien que hace. Pero no se dedica a la ciencia.
No puede ser magistrado el que no tiene vocación por el derecho. Y no puede ser que el corporativismo pueda crear juegos de palabras y que podamos fingir que este juez del tres al cuarto vale más, con todas sus irregularidades en la toma de decisiones por sus formas, que el supremo de todo un país. Esta enorme contradicción y ausencia de explicaciones, el hecho de que el juez extranjero no se dirija a los oprimidos, que es el país del cual se ríe, es algo que pone en jaque la plausibilidad no tanto de la Unión Europea..., sino más bien la validez de su colegiamiento como jurista.
El hecho de que sus colegas alemanes le quieran defender no es sino una demostración de que las ciencias sociales ni son ciencias ni son sociales: se trata de un cúmulo de excusas para poner por escrito las ideologías de los que han conseguido sentarse en el sillón del poder. La falta de criterio a la hora de interpretar las leyes provoca que sea imposible aceptar las decisiones azarosas judiciales y que tenga que ser el pueblo el que debería de vigilar las tonterías que salen de los jueces, para evitar tanta contradicción sin sentido.
Es por ello que el jurado debería tener poder de veto en un juicio si han visto algo en el proceso que no les convenció, para anular decisiones judiciales y así evitar peculiares sandeces; igual que debería de referendarse que una nación pueda revocar la firmeza de un fallo, una vez recogida las firmas suficientes.
El hecho de que Derecho es una de las carreras más antiguas que existe, sólo agrava de manera indescriptible la situación: ¿cómo sería que ante un procedimiento que sí fuera trivial (como determinar las competencias) pueda haber disparidad de opiniones entre dos médicos? Si uno de los dos no es sancionado por su colegio, esto sería un varapalo a la medicina misma. Sin embargo, algunos asuntos son de tal gravedad que esto es casi como si habláramos de un cirujano que insiste en querer abrirle él a ese paciente sin conocer el historial ni revestir urgencia alguna, para luego matarlo.
Yo no quiero tener que asistir a esta clase de espectáculos lamentables. Quiero una interpretación clara. Una interpretación de manera que alguien que no sepa derecho entienda. No me valen múltiples interpretaciones, y algunas de ellas en un idioma extranjero redactada por un señor al que le importa una mierda nuestro país y nuestras costumbres, así como las noticias recientes relativos al caso en cuestión ¿Por qué se mete en medio cuando algunas de las decisiones a adoptar ya son firmes?
No me gusta y me cago en el Derecho. Europa no está a la altura de darle poder al sistema judicial y el Pueblo debería tutelar muchísimo más cualquier decisión que sea adoptado por estos adoquines contradictorios con toga.
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