miércoles, 25 de julio de 2018

Leyendas urbanas 3

París, medianoche. Se oyen a jóvenes de fiesta nocturna. Pero ella se ha encerrado en casa. Los recuerdos vuelven a aprisionarla y esta vez no piensa tomarse otra de esas pastillas, no esta vez, quiere estar lúcida para cuando se dirija al resto del mundo. El ordenador se convierte en una nueva prisión y los estertores de la máquina exhalan ruidos a la conversación para inundar el silencio que atrona el lamento de quien necesita evadirse en esas redes sociales para volver una y otra vez a atacarles a ellos.

Cuando aquellas que fueron sus amigas y amigos le intentaban convencer que lo que hacía era seguirle el juego a la opresión, que se estaba encerrando en su propia prisión, entonces bloquea otra historia que no le interesa. Y otra más. Otra historia que no es lo que quiere oir. Una y otra va conformando su realidad social mientras bloquea de su mente, una y otra vez, todas las conversaciones que sistémicamente hacen reminiscencia de una tesis de mundo mucho más diáfano que el que ella se marca en su cabeza.

Falsos y mentirosos, invoca una y otra vez a su infierno particular, pero no se tomará las pastillas, quiere estar lúcida para responder. La noche invoca desde la máquina, los únicos sonidos del teclado y su propia respiración se confunde con los sonidos restantes del equipo que, en un momento dado, emite un "saaa...", seguido de otro "sa....".

La tarjeta de sonido, en  mitad de la noche, un lamento inoportuno de un programa mal ubicado. Apaga el equipo por un momento y, mientras las últimas luces del mismo iluminan la estancia, antes de encender el móvil para echarle un ojo al Whatsapp, la habitación se oscurece por completo para, de un flashazo observar la silueta de una mujer invadiendo su habitación.

Procede a encender la luz, pero no hay nada. Ahora quiere despotricar contra el mundo, como hace el alfa que quiere dominar a su prole, o como hace el líder de la secta que, si no puede tolerar su falta de autoridad, siempre le quedará el suicidio colectivo. Porque, está claro, es imposible aceptar otra realidad. Antes la muerte..., y escucha "saa...".

- Comment ca va?

 Pero no hay respuesta. Algo le reconcome, procede a escribir una nota, contra toda amistad que conoció, contra todo ser existente en la faz de la tierra; todo odio en su cuerpo. Piensa luego publicarlo para hacer que todo aquel que lo lea tenga la necesidad de morirse como lo siente ella. Quiere que todos sufran como ella ha sufrido y está sufriendo por cada una de las historias que no consigue quitarse de la cabeza y que niegan una y otra vez lo que hace, lo que le hace a las suyas.

Y otra vez: "saaa...". Se le ocurre apagar la luz y procede a abrir la ventana para intentar dilucidar si los sonidos vienen de fuera. Así, con las luces de la noche de esa gran ciudad, cree percibir en un rincón de su habitación una oscuridad que no consigue reconocer. Y adivinándose de esa oscuridad la figura de una mujer desnuda. Así que recoge el móvil, una vez encendido, y apunta a la esquina.

Rápidamente la figura espectral se abalanza, pero no deja rastro de su presencia. Sólo queda la voluntad rota de una suicida y una nota que todos interpretarán como sus últimos suspiros.





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