Pues sí, me acabo de dar cuenta de lo antiestético que resulta la entrada anterior: bien habría quedado mejor que hubiera hablado antes de mi experiencia cometiendo errores, pero el aburrimiento me ha hecho cometer un error.
A lo largo de mi vida he cometido muchas clases de errores, recuerdo un error que me llamó la atención: estaba aprendiendo a conducir, el instructor estaba muy ocupado con su ego gritándome tonterías que le salían, y entonces el coche de delante pegó un frenazo - así que, por la presión, confundí el pedal y frené yo también a saco en vez de aprovechar todo el espacio que me quedaba por delante. Esto propicionó un golpe al instructor, cuyo cometido, ya que no le daba la gana de ponerse el cinturón, era estar atento a la carretera. Un capón bien dado que también provocó una acusación inherente: ¿desde cuándo este hombre comete esta clase de errores? Un ataque desde el subconsciente, pensaba: me quiere matar.
La mayoría de los errores que cometo, si no todos, están basados o en una conspirativa manía que tenían los profesores de inducir afirmaciones en falso para confundirlas con las respuestas verdaderas, o simplemente una obsesión por parte de mi cerebro de querer simplificar un acto obsesivamente sospechoso y que relajaba y resolvía la situación cometiendo un error.
Es curioso cómo el cerebro nos emite señales de error, y pensamos que es porque chochea, o algo así. Que no hay conspiración mental u orgánica pero..., ¿en qué consistían los errores que intentaban inducirte tus propios profesores? Recuerdo cuando nos hacían una pregunta de matemáticas a unos alumnos de primaria: nunca existía respuesta correcta si el que respondía no era una persona de su agrado. El error era cooperar. O incluso pararse a pensar como si fuera algo relevante o en serio.
Otra manera que tienen los profesores de que nuestro cerebro prefiera desconectar cuando nos dicen algo que nos interesa es repitiendo hasta la saciedad justo lo que ya sabemos. Lo único que consiguen, en el mejor de los casos, es que los niños nos demos cuenta de los errores en la manera que tienen de explicarse porque, si se centraran los alumnos en el contenido no tendrían más remedio que confundirse (por aplicar una filosofía diferente a la hora de explicar lo mismo).
Cada mente tiene una manera de organizarse y almacenar; si sabes que te van a explicar algo dos veces el error es escuchar atentamente a la primera. Todos los seres humanos, y el resto de los animales, tienen (más que seguro, segurísimo) esta lección aprendida por puro instinto - porque no hay otra. Y claro..., luego vienen los errores. Es cuestión de preguntarse de dónde provienen.
Cuando la profesora nos preguntaba las tablas de multiplicar yo ya me las sabía..., pero debido a que me discriminaba y usaba formas diferentes de corresponder con la sanción de la respuesta, entonces también provocó que mi buena fe hacia esa señora se asociara con un aumento de la fatiga, con un sobreesfuerzo innecesario. Definitivamente nuestras cabezas están mucho mejor formadas que las instituciones públicas en los colegios, y los niños tienen que aprender a despreciar a sus profesores antes de que sean contaminados por el odio que procesan algunos a su vocación sin que la inspección educativa nunca tome partido por ello.
Los errores, por tanto, están asociados al aburrimiento. La concentración evita la aparición de errores. Un acierto por parte de los profesores más antiguos de mi colegio fue el promover el baloncesto, así como otras actividades que fomentaban la concentración. Eso era inteligente, propio de científicos que aman la pedagogía.
Pero las veces en las que más se me acumularon los errores fue en la etapa universitaria: debí darme cuenta de ello. Los múltiples intentos, uno detrás de otro, de dar con la demostración matemática del teorema de Fermat, durante años, desarrollando técnicas diversas para enlazar con la teoría de números y así que sea viera lo que creía ver..., ese tipo de errores sólo es asociable con el brote psicótico. Es decir, un recuerdo, una operación mental persistente, que está fuera de lugar y tiempo. Como un cortapega que se produce porque es una relajación de una situación de enorme fatiga.
He tenido la oportunidad de intentar dinamizar a amigos que han sufrido una enorme depresión. La situación de éstos sucumbía a tener que ser tutorizados por el médico especialista en cuestión. Pero el factor común de lo que les sucedía era el mismo: su entorno estaba obsesionado conque debía de dejar de estresarse, o trabajar, y tenían que ser protegidos dentro de una burbuja de vacaciones permanentes. Yo a éstos en cuestión, me los llevo a hacer una instrucción militar y vuelven sin necesidad de pastillas ni leches..., pero claro, es una teoría, seguro que más de un neurólogo se estará llevando las manos a la cabeza. Y, por otro lado, ¿no sería interesante poner a prueba tal teoría?
En definitiva, los errores podemos asociarlos a la depresión, al mal flujo de las emociones más internas, al aburrimiento, a la obsesión de nuestros instructores de proyectar en nosotros sus problemas, etc..., casi diría: ¿acaso eso no es exactamente lo mismo? ¿acaso no son sinónimos este listado exhaustivo de elementos? La depresión tiene por maestro la materia gris, ¿qué pasa cuando el instructor intenta proyectar hacia la amigdala todo un cúmulo de miedos sin salida posible? Me parece normal que la manera más adecuada sea sacando al sujeto de su ambiente nocivo y llevarlo a un lugar donde se reentrenen los miedos para que se vuelva más autónomo.
Pero es sólo una opinión basada en mi experiencia.
Y ahí quedará.
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