martes, 24 de julio de 2018

Hoy me meto con los antropocentristas

Ha llegado la hora de tocar fondo y conseguir demostrar lo nihilista que soy, así como el poco apego que le tengo a la realidad que me toca vivir. Considero que es más que probable que, en cuanto diga lo que tengo que decir sobre la consciencia, la humanidad, el arte..., voy a conseguir que los pocos aliados que me quedaban me acaben por mandar a la porra. Pero claro, se trata de un juego de probabilidades: dudo que realmente esa puerta terminara alguna vez de abrirse del todo.

Creen muchos que por como hablo el antropocentrista sería yo, sobretodo por ese enorme ego acuñado por el cuñadismo super cuñado que tengo asociado por cómo le hablo a todo el mundo, incluso a mis cuñados, con una prepotencia de creer saber incluso de lo que no he estudiado o trabajado para dar consejo a todo quisqui. El antropocentrismo, lo podemos ver como un comportamiento reaccionario, dentro del buen uso de la palabra, que no quiere aceptar los avances de la ciencia para obcecarse en que todo debe estudiarse en la medida de cómo ve el hombre el mundo.

Por supuesto, no habría que confundir el principio antrópico, que pone a la ciencia en su sitio, al darle valor a las cosas en virtud de la imposibilidad de tener una referencia objetiva a la hora de hacer cálculo de probabilidades. De hecho, los que vienen defendiendo que existe tal criterio objetivo en realidad, al negar el principio antrópico, lo que hacen es coger la medida humana para medir todas las proporciones del universo, y eso es antropocentrismo. Por tanto, lo contrario al antropocentrismo es el principio antrópico.

El antropocentrismo no es una filosofía. Es, como la misoginia, una reacción negativa que nació desde una época para cuando la sociedad evolucionó de forma natural. En el caso del antropocentrismo la Revolución fue la Coperniquiana, en el de la misoginia la Revolución Francesa. El principio antrópico sería la pedagogía contra los antropocéntricos, igual que el feminismo es la pedagogía contra los misóginos. Aún así no hay que descartar malos usos del principio antrópico, como ocurre con el feminismo, que puedan llevar al sujeto a defender el antropocentrismo como para provocar que haya personas que no quieran identificarse ni con el antropocentrismo ni con la idea que han entendido del principio antrópico.

En cualquier caso, algo contra lo que van a tener que luchar los informáticos hasta el día en el que me muera es contra los antropocentristas. Existen muchos grandes misterios, sin embargo: ¿es posible que ya hayamos dado con la revolución que explique de forma clara algunos de ellos y nuestro antropocentrismo lo esté negando? Quisiera centrarme en la consciencia, nuestra libertad de maniobra y ética dentro de ella.

Igual que hoy día hay quien piensa que la Tierra es plana, no negaré que las pruebas necesarias para demostrar que no es así no las he ejecutado personalmente, entre otras cosas porque un mundo tan obsesivamente conspirativo donde tantas personas tuvieran por necesidad que estar tan implicadas sin ganar nada por ello no me encaja. Tan fácil como preguntarles por un mapa de la Tierra, dibujar una diagonal y recoger cuatro lugares del mundo lo más alejados posibles en los dos hemisferios según la idea de Tierra redonda, más allá de entender que las estrellas giran en un sentido o en el contrario, los marinos portugueses entendieron fácilmente cómo se ubicaba la Tierra en la bóveda celeste, cualquier hijo de vecina lo deduce mirando al cielo en distintos puntos del planeta. Y, en cuanto a que es una trivialidad, por eso no necesito deducir ni calcular nada.

Pues el asunto es que en lo relativo a la consciencia y el cerebro ya tenemos bastantes estudios. Yo diría que los suficientes. Tenemos a los más grandes eruditos que pueden nombrarte cada rincón del cerebro con nombres de lo más variopintos, con más nombres de los que yo jamás habré recordado para nombrar a mis amigos. Hablamos, por tanto, de auténticos expertos que en civilización y estudios sobrepasarán a los antiguos marinos portugueses tan llenos de miedos por la existencia del Kraken que, paradógicamente, sí debía existir.

En mi haber tengo un código y unos conocimientos, se sabe cómo segmentar las técnicas para que luego sea la propia máquina la que se encargue de hacer un "entrenamiento profundo", sólo falta introducir un patrón (eso se hace con determinar el invariante de lo que se pretende conseguir - programación que se enseña en la universidad de toda la vida). Al final puedes generarte un esquema neuronal que se adapte a una intención de condición impuesta por un programador. A partir de cierto instante dejaremos a la máquina seguir funcionando por sí misma, para que evolucione por su cuenta, y se adapte al medio que le facilitemos.

A todo esto, ¿qué es la consciencia? La consciencia es el último bastión de los antropocentristas que no quieren admitir que en realidad es un escollo para la ciencia. Se trata de un término anticientífico y, como tal, es incompatible con el principio antrópico. De hecho, ya lo comentaba yo mismo en la facultad con mis colegas: que podíamos definir la consciencia a conveniencia de la ingeniería para delegar a la religión el completarla a su gusto. Es decir, la consciencia, como ha sido apuntado ya por los suficientes neurólogos, no es más que un engaño y, como tal, nos movemos dentro de dicho engaño para darle el uso que más nos conviene. Pero si partimos del supuesto de que la consciencia es un algo, entonces negamos el principio que nos protege de tal subjetividad.

En mi novela puse un ejemplo: un extraterrestre congela a dos amigos que están juntos hablando en el parque, entonces los desplaza para que al despertar de su congelación se vean a sí mismos besándose. Al descongelarlos ellos se montarán la historia de que decidieron besarse porque, en teoría, estaban enamorados: ¡aunque no fuera cierto porque fue la acción del extraterrestre la que provocó la unión!

Pues bien, el papel de la consciencia consiste en crear historias para la supervivencia de la especie. Eso quiere decir que, como decía Alan Turing, pues no añado nada nuevo al respecto con respecto a su más famoso ensayo, una máquina sólo necesita tener el comportamiento subversivo que tiene el ser humano para considerarla desde el punto de vista científico tan válido como otro ser humano. Finito.

¿Eso quiere decir necesariamente que la máquina que supere el test de Turing irá al paraíso? - No.
¿Significa necesariamente que cuando destruyamos una máquina de esas características estaremos matando? - No.

Y digo no porque son conceptos independientes de la ciencia. Es decir: la ciencia social no puede meterse en porqué decidimos lo que decidimos. Yo a eso en mi novela lo llamé la ética de los ganadores. Que es justo lo que no puede hacer la ciencia, donde no se puede meter. Y aquí hablo de nuestras decisiones últimas sobre qué es lo que entendemos por libertad y ética.

Sin embargo esto era una crítica a los antropocentristas dentro del hartazgo que pretendo generar contra mi persona por escribir lo que escribo, y es que no he ni empezado.

Volvamos al tema central: ¿pero QUÉ es la consciencia? Sería bastante gracioso que yo aquí y ahora dijera, ¡qué demonios! Pues a la mierda: os lo digo. Total: si pretendiera ir con artificios para no caer bien ahora mismo no servirían absolutamente de nada. Ni tampoco espero conseguir nada ni por decirlo ni por dejarlo de decir; sin embargo, ver cómo una y otra y otra y otra vez no paran de darse de hostias en mi presencia...... Quedaré como un cuñado, pero ¿y el peso que me quito?

Hace mucho tiempo ya implementé cuatro o cinco líneas de código en Python para representar la consciencia, como este blog no es de los que uso para referenciar nada, pues a quien le interese que lo busque. La consciencia es un concepto que, como ya se ha apuntado en tantos expertos, tiene muchas escalas, pero es tratada a través de una única palabra. Y eso es lo que desconcierta.

Yo, para resumirlo todo puedo hablar de la consciencia alfa (la que marca la filosofía de toda la regeneración de la misma para decir que no se convierte en otra palabra) y la consciencia última (que marca el último eslabón y final). Aquí me evadiré de explicar incompatibilidades que serían peligrosas para conformar sociedades aunque, en virtud de lo que me ha llevado a escribir esto... En cualquier caso, la consciencia última es la más sencilla de definir: parece que decimos que el sistema de información adquiere ese nivel de consciencia cuando es capaz de etiquetar y programar cada una de sus partes de manera que la película que se monta en su interior podría ser incluso un mundo más eficiente y perfecto que el exterior y, tirando de una locura que viene del género ecci en plan ciencia ficción, a saber si eso podría provocar un plan de complementación, recreación universal haciendo uso de la termodinámica...

Creo que en este punto ya he conseguido el cuñadismo extremo. Lo que pasa es que no hay que olvidar un pequeñito detalle: estoy hablando de ciencia ficción; la consciencia no existe. Y si el científico usa un concepto imaginario el resultado será constituir ideas que, en su estado supremo, acaben siendo lo más descomunalmente increibles que seamos capaces de imaginar.

En una realidad llena de universos paralelos y realidades posibles, la consciencia viaja más allá de las luces y las formas; el engaño se convierte en un cambio de recipiente. Pero insisto en que lo que no es medible no va a ser objeto de lo que pretendo aquí.

Volviendo. Cuando leemos la segunda ley de la termodinámica podemos comprender cuál es el verdadero papel de la consciencia dentro de un ser vivo en su estado más primigenio. Todo sistema termodinámico tiende al desorden. Por lo que un ser vivo se define por su pretensión de orden dentro de su ámbito (por llevar a cabo esos actos calienta el sistema en su conjunto, por lo que no se incumple el principio). El aumentar el orden le permite a un sistema ser más eficiente y sobrevivir. Éste es el papel primigenio de la consciencia generativa: contradecir el bucle.

El bucle es lo que hace la máquina. Mismo estado, misma actuación. Si los seres vivos (incluidas las plantas y los microbios, pero no los virus) reaccionaran ante una misma entrada percibida con una misma actuación, entonces el ente sería usado por otro como si fuera un instrumento, y sus energías no serían aprovechadas para evolucionar más allá. Su autoengaño no le sería beneficioso y perdería la consciencia.

Cuando hablamos de criminales que actúan bajo un instinto oculto, ésto parece contradecir las teorías expuestas más arriba: es innegable que saldrán perdiendo por salirse del redil, pues no mejorarán social ni espiritualmente. Tampoco sabemos de un psicópata que, una vez hechos esos actos, se volviera un haz de luz y nos diera a todos una lección marchándose en un carro de fuergo..., aunque Elias bien genocida que era, pero bueno, será cosas de puntos de vista.

No, lo que impulsa los estados alterados de decisión dentro de la consciencia puede ser un estímulo que proviene de las glándulas basales por la activación del miedo en la amígdala por inacción. Es decir, el último bastión lo tiene la presencia de un miedo por reiteración de un coste de oportunidad producido por una mala gestión en las glándulas basales. Es decir, este cuñado os está diciendo que hay que tratar a las malas personas como se trata a los epilépticos ¡Anda que no se estarán partiendo el culo los expertos en la materia!

Podría hablaros de mi maravillosa experiencia con un psicótico que actuaba con mala fe y siempre me atacaba..., pero tarde o temprano me tocará cagarme otra vez en los jueces y profesores de universidad. Hoy no.....

Es por ello que todavía la gente no se da cuenta de que la civilización constituye una consciencia propia donde la falta de trascendencia por parte de sus integrantes provoca que puedan ser víctimas de sus propios..., yo los he llamado arcontes. Es aquí donde se ve al pequeño nihilista que tengo dentro. Estas criaturas son resultado de nuestra mentira al conformar una sociedad. Por lo que existe una consciencia literada que, al mismo tiempo, trasciende a otras formas que son muy conocidas, estudiadas y referenciadas por los artistas; que son los recursos literarios.

Como ejemplo de lo dicho, toda esa consciencia que no alcanza el último nivel de magnificencia, tenemos la entrada anterior donde pongo en cuestión las partes que necesita el protolenguaje animal (que usa para orientarse), sin mencionar el código que se necesita para anidar tal protolenguaje (Broca), así como el código que se necesita para unificar lo que viene de fuera y codificarlo (Wernicke). Son distintas lecturas que obedecen a distintas acepciones que factorizan nuestra idea de consciencia, junto con el dolor...

Pero creo que esta entrada me está saliendo demasiado larga..., y eso de escribir durante una hora, mientras atiendo la tienda, las interrupciones..., suficiente, supongo.


Total, no va a servir de nada.
Al menos podré volver a escuchar tales declaraciones con sensación de que ya estuvo dicho.



 


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