jueves, 19 de julio de 2018

Donde experimentamos la impunidad

Pocas cosas hay que tener presentes, y lo que me ha atacado esta mañana son las sensaciones de impunidad que nos atosigan a todos. Se trata de aquellos recovecos donde lo oficial carece de sentido, donde el juez o el policía no llegará. Tan pronto como un policía puede darle una hostia gratuita a un fotoperiodista, luego puede usar su placa para salir corriendo de la escena del crimen, de la censura política considerando que se trata de un periodista no afín a las loas a Franco por parte del cuerpo, para luego ver cómo el periodismo en general no hace eco de este acto terrorista.

Muchos verán algunos sucesos como algo anecdótico, y es posible que tengan en ocasiones razón. El problema es cuando no la tengan. Es como negar el consentimiento sistemático de organizaciones que se mueven bajo la connivencia de que podrán hacer según qué cosas ya que saben que no van a ser perseguidos por ello.

Es como si dijéramos que se ve que cuando un juez se sale de su vereda habitual, siempre y cuando no sea de izquierdas, todo seguirá su curso y miraremos a otro lado. Sin embargo, debe ser interesante descubrir cómo es posible que tengamos tantos jueces y tan pocos casos de corrupción en ellos: ¿tenemos superjueces? Ni un solo juez acusado por sus vínculos con la droga, curioso, yo creía que España era de las primeras en tráfico y que, por supuesto, los estudiantes eran muy propensos a la cultura de saber qué meterse en el cuerpo para sobrellevar los torridos exámenes.

No es difícil imaginar que en una ingeniería (o en matemáticas) los estudiantes necesitan estar lúcidos para cuando lleguen al examen. Por lo que ciertos tráficos dependerán mucho de la materia. Pero en España lo que existe es más la vista gorda. Este país, el de Indultalia, se permite el lujo de colocar altos cargos para ir apadrinando a quienes van a seguir el camino y el ritmo. Se trata de un juego de procedimientos, quien destaque se queda fuera.

Esto me recuerda la vez en la que me crucé en el pasillo con tres profesores de historia, en el instituto, estaban discutiendo un tema y se me ocurrió el enorme sacrilegio ya no solo de lanzar una pulla objetiva, sino encima de marcharme al observar un enorme silencio. Formaba parte de la conversación y dejaba supuestamente mal a algún profesor. Se me comunicó que no aprobaría historia ese año y, efectivamente, ni para Junio, ni para Septiembre. Y daba igual que tuviera un resguardo que dijera que tenía derecho a revisar nada: no tuve ni derecho a revisar mi examen porque buscaron la manera de esconderse y de traspapelar dónde se revisaba. Total impunidad.

Al final me presenté en selectividad con esa asignatura que, obligatoriamente, me tenía que puntuar al 60%, con la consiguiente bajada de nota final: siempre supe que todo eso no era más que una farsa. Y tampoco había manera de denunciar todo ese cúmulo de despropósitos, que no eran ni mucho menos aislados. Porque peor era el departamento de física y química: unos auténticos perturbados, ¿se salva alguno? Uno o dos, sí. Pero la manera que tienen de decidir que un alumno suspenderá sí o sí, sin importar nada, ese fue el mensaje. El alumno tiene que pactar, dialogar con esos perdonavidas. Es así como funciona. Lo académico siempre fue completamente secundario y, para sostener la mentira, los montajes, las traiciones, los "ay no me di cuenta"..., etc, etc, etc...

Puedes estar encima, y puede que esa sea la solución cuando acabas en una de esas listas: algo así como empezar a insistir y obligar a que todo el mundo tenga conocimiento de que Fulanito de tal tiene envidia de Menganito de tal. Lo malo es cuando todo un seminario se pone de acuerdo: ¿realmente es tan buena idea ir por lo oficial? No hay otra, debe ser así.

Existen modelos educativos mucho más adecuados, donde los profesores no ejercen de perdonavidas. Entonces el alumno bien podría tener que pasar algún examen, pero quien le examina no tiene que ser quien le dio clase. Son formas más objetivas de conseguir mejores resultados. Sin embargo todos sabemos porqué no se hace: cualquier cosa que sea menos que la impunidad total es siempre incómodo para los corruptos.

Por eso aún veremos a los seguratas de los aeropuertos comportarse con completa impunidad, así como a los dentistas ponerse de acuerdo entre ellos, veremos a los distribuidores pactar precios y apadrinar clientes, veremos a familiares de guardias civiles saltarse STOPs, a conocidos de médicos saltarse listas de espera, a amigos del Opus saliendo de la cárcel por ponerse un capirote aun siendo asesinos o violadores, a políticos no saber sumar para luego conseguir que el alcalde que los expone sea puesto en la picota..., eso es lo que me dice la experiencia y los hechos.

Veremos cómo los medios de comunicación, en especial los privados, entran en el juego de apalear a los que se revuelvan, a los que expongan la corrupción, a los que se salgan del redil..., y también crearán falsos avances para que la sociedad tenga la imagen de que son progresistas: disidencia controlada. Como lo que ocurre con ese feminismo de bote que se mueve por el odio al varón y a la realidad y que, por supuesto, sucumbirá ante la coherencia del Patriarcado para alimentar el neomachismo...

Tales medios ya han sido advertidos, incluso desde siempre, pero hacer flacos a favor del progresismo es un negocio a favor de la misoginia, de los auténticos reaccionarios. Ponen en nómina a reaccionarios del progreso como tertulianos, para alimentar el discurso de la difamación y el odio, y no tenemos leyes contra los que objetivamente sabemos que mienten y distorsionan con fines manipulativos y de merma de la imagen. Los jueces están más centrados en perseguir tuiteros que hacen bromas sobre el primer astronauta español.

Sin embargo, la revolución cultural llegará en el mismo instante en el que el funcionario tenga la sensación de que es prescindible y que, por tanto, no va a ser protegido como ocurrió con los McCann cuando fueron protegidos por el gobierno británico del gobierno portugués a la hora de determinar la desaparición de Madeleine. Es lo que tiene ser imprescindible: el gobierno se corrompe - pero por pura inercia, ya no porque crea que sale ganando por ello.

Y por pura inercia lo denuncio. No porque vaya a conseguir nada por ello.

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