Hay quien te habla sin conocer el idioma, centrándose en los errores de diccionario (los ortográficos), sin ser capaces siquiera de apreciar cuándo el error lo aportan ellos mismos.
El palurdismo es acuciante,
pero en mi barca navegamos
siempre con rumbo hacia adelante
aunque eso haga que nos perdamos
Allá donde las olas vamos
no importa ni roca ni excepción
está el palurdo que ignoramos:
aparece su imitación.
Los vemos todos y avistamos
evitamos tantos escollos
y así, tan pronto continuamos,
continúa anclado en sus rollos.
Lo más gracioso es la gran cantidad de gente que quiere sentirse afín a esa forma de ser. Pero mi entrada no va a ser sobre los palurdos, sino sobre algo más genérico y que me vale más la pena: ¿Es posible que la falta de celo científico en la ciencia oficial haya provocado la ausencia de fuerza en enseñanzas sobre el correcto camino del escéptico por evitar el encontrar una excepción a todo? Esas ganas de decir no a todo es más propio de niños pequeños.
Cuando una persona se desmarca, automáticamente aparecen los pelotas de turno con el chiste inocente fácil lleno de ignorancia. Cuando alguien se comporta así sabes que jamás dirá algo que te representará algún interés de carácter autoritario; es decir, no puedes aprender, a partir de ciertas edades, ya nada de cierta clase de gente. Por tanto, sólo nos queda ignorarlos para intentar seguir adelante.
Para eso sirvió la mielización: no podemos permitirnos el lujo de seguir dando palos de ciego con personas que se comportan como niños y con tan reducida educación. De los niños se aprende mucho por cómo se comportan, un reflejo de cómo somos: sobretodo con esos adultos que no evolucionan y que más vale tenerlos bien lejos de ellos.
En un momento dado, el adolescente aprende a no echarle la culpa de todo al mundo y a no ver teorías de cosnpiración en todas partes; las quejas se reducen y se aprende a ser más constructivo. Entonces no es un no a todo, ahora es intentar entender porqué se dijo o se hizo lo que ocurrió; y no nos importará, como hace el buen turista, las taras del viaje.
Es de eso de lo que va la entrada.
Bienvenidos si han leído hasta aquí.
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