miércoles, 11 de julio de 2018

Quinta Entrada. Mentalidad de mierda.

La primera gran verdad, decía el budismo, era que existía el dolor, la razón por la cual somos conscientes - lo que nos distingue de estar muertos y, en definitiva, que existe una razón para decir que estamos más allá de lo que somos y, de ahí, un para qué somos.

Se está poniendo de moda el decir que en España no hay libertad sexual debido a la agresión que sufrió una denunciante que no necesitó ser coherente en su testimonio para condenar, en primera instancia, a unos sujetos que, muy probablemente, se merezcan cada año que les ha caído.

Se quejan de que aún quieren tener mayor control sobre la presunción de inocencia o el in dubio pro reo pero, eso sí, cuando hablemos de crimen de autor como en las más perversas dictaduras: hay que presuponer que ese comportamiento perverso proviene exclusivamente de los hombres, y la legislación debe interpretarse siempre de manera que sea el hombre el que conceda a la mujer.

Ese tipo de mundo donde la mujer no tiene control de su propio para sí contradice el existencialismo y habría puesto a vomitar a Simone de Beauvoir..., no recuerdo la cita, pero se puede leer algo parecido en El segundo sexo. Hablamos de usuarios que se avalanzan en Twitter asegurando saber de lo que hablan, pervirtiendo no sólo las palabras, sino las palabras puestas por los filósofos y, en lo posible, la historia real de tales filósofos.

En el bando de las de un lado, vemos feminazis gritando; en el bando de los del otro lado, vemos machistas bramando también. Cada uno inventándose la realidad y alardeando de saber de lo que hablan. Son fácilmente refutables, pero se valen del caos de la animosidad, así como de las pocas ganas que queramos tener muchos de pretender corregir a quien no va a cambiar ni un ápice.

Me pregunto si conseguirán cargarse la presunción de inocencia, si obligarán a que cada cinco segundos tengamos que preguntarle a una mujer si consiente para que lo diga verbal y expresamente, si eso mismo se aplicará a los hombres o, una vez más, se considerará a la mujer una criatura sin vida propia y sin consciencia o dolor o capacidad de iniciar una entrada por sí misma.

Todos estos despropósitos provienen de un debate que no se ha producido, sin que las dos partes de junten y discutan. Hablan de juristas feministas, ¡cómo me gustaría que transcribieran o emitieran en vivo los procesos de un debate no televisivo que pretenda ahondar en todos los detalles! Lo que supondría organizar un panel, con debate adicional y algún que otro roleplay para visualizar los contextos. Todo eso para redactar una cantidad limitada de versiones de propuesta de ley a partir de la pluralidad de los expertos, junto con un texto aclaratorio puesto a posteriori que cuestione la elección adoptada por sus contrarios.

Así la ciudadanía le vería los colmillos al lobo. Así sí podría saberse de qué se habla. Porque muchos no se dan cuenta de que con sus propuestas pretenden cargarse los Derechos Humanos.

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