viernes, 20 de julio de 2018

Atención a los GCNI (Grupos Cuñados No Identificados)

Poco a poco me voy estabilizando en la nueva realidad que me toca: la posible futura indigencia en el anonimato. Mientras tanto, aún tengo medios para tener relaciones sociales debido a las paradojas que nos ofrece la socialdemocracia: disponer de muchos medios tecnológicos, muchas deudas y los suficientes ingresos para mantenerme a flote y sin posibilidades de adquirir vivienda o vida propias.

En el trascurso de este periplo peculiar, donde día tras día me planteo si la cárcel sería hasta mejor: considerando que ni viajo, ni me relaciono, ni veo incentivos en nada. Aún me queda tener la oportunidad de observar entre los que me rodean: la única realidad social que me queda, a distintos GCNI (Grupos Cuñados No Identificados).

Atrás quedaron las maravillosas relaciones sociales, donde importaba más tener a un amigo, que te miraba a los ojos y conversabas con él. Ahora mismo lo que existen son los cuñados que, si bien es cierto que defienden lo que defenderían en un bar, con las nuevas tecnologías hasta se creen que están documentados, cuando no. Por eso, en un bar cuando alguien se inventa o habla de una manera u otra es más fácil de identificar; en Intenet, debido a que las conversaciones podrían hacerse más técnicas entonces es cuando florece la mentira patológica, el no querer admitir que se actúa de manera indocumentada.

Y el caso no es que sean cuñados, en quienes me tengo que desahogar ahora es en esos grupos que se forman y que atacan en plan ad hominem por no ser de su grupo. Y, como son cuñados, suelen jugar entre el ad ignorantiam y el ad autoritas, aunque prefieren el ad autoritas con esos expertos que se han sacado del buffet libre. Y, a pesar de que tienen un lenguaje en plan autosuficiente, ninguneando a los que no sean de su grupo y repitiendo consignas que, si bien no fueran suficientemente refutadas, al menos no han sido correspondientemente respondidas, hablan como si tuvieran la clave que resuelve el conflicto, con el mesianismo oportuno, y así dar con las claves de dar lecciones a quien sea.

Sin embargo no quería centrarme en un grupo evidente. Ayer mismo me encontré con uno de esos hippies de la ciencia que pretendía asegurar que era capaz de mejorar mi tecnología basada en máquinas virtuales. Entonces me convencieron de chatear por Facebook y, para ello, abrieron un grupo en el que conversarían conmigo. Fue nada más empezar a hablar y comprobar que el sujeto no sólo no tenía ni la más mínima base de informática, sino que encima no pasaba ni el baremo fundamental por el cual podría ser un programador siquiera. Curiosamente había cogido un documento sobre una ecuación que exige serios compromisos a la hora de desarrollarla y este hombre la estaba masturbando junto con otros enunciados de las matemáticas, la física, etc...

La cosa es, ¿cómo saber quién es el cuñado? ¿quién es el autosuficiente? Trivial:
- Cuando le preguntaba por documentación que le permitiera relacionar dos conceptos que no tenían nada que ver me ignoraba.
- Cuando le preguntaba qué documento había leído y mejorado me ignoraba.
- Cuando le preguntaba sobre conceptos básicos de la materia me ignoraba.

¿Qué clase de mejoras pretendía poner un tipo que lo mismo hablaba de máquinas de Turing como que lo mismo mete la masa molecular del hidrógeno y dice que eso corresponde con la distancia de la Luna con el Sol? Obviamente era un zumbao.

Sin embargo, hablando con ese tipo no me costó reconocer a esos otros GCNI que se encuentran en las universidades. Concretamente: cuando presenté ante ese programa llamado Collaboret..., o algo así, ante los grupos de IEEE en esa red social y tal..., así como en journals, un documento que hablaba sobre cómo podía ponerse en riesgo la seguridad informática la respuesta que obtuve fue que no usé los términos habituales en seguridad informática.

Y es que los hay paletos y los hay más que tontos, si reciben un documento técnico que cuestiona la seguridad de manera matemática y clara lo propio es no tomar en cuenta que se haya hecho en mejor o peor manera un buen uso de la literatura de la seguridad. Pues no se trataba de evaluar hasta qué punto la seguridad se veía en un brete, sino el hecho consumado de que había un boquete como un piano en ciertos sistemas convencionales, cuya denominación marqué en su momento..., y ya me da igual cómo se llamaban (no pienso buscarlo).

La cosa es que el cuñado puede ser muy remilgado con la nomenclatura hasta el punto de negar la necesidad de ser práctico, o simplemente puede quedarse como hablando con sus propias palabras y teorías alucinatorias, siempre y cuando no haya que hacer prácticas sus poyeces. Esos cuñados no son capaces de inventar, que es la crítica que una y otra vez lanzo al 90% de los señores que cobran grandes cantidades de dinero para publicar en Journals documentos que no transmiten innovación alguna. Pero que quedan muy estéticos, muy de desarrollo y de combinación de conceptos mientras referencian a cientos de documentos que también entran en el desarrollo y combinación de otras tantas demencias que no llegan a ninguna parte.

Esos son los GCNI, viven del estado la mayoría y, con la llegada de Internet, los que no han conseguido tener nada que hacer y tienen un ordenador delante acaban opinando desde el anonimato de cualquier tema que se les antoge  y con completa autosuficiencia.

Creo que ha sido muy pretencioso crearme un acrónimo que sólo voy a usar yo y para esta entrada.
Lo cierto es que me habrá servido para desahogarme un poco de la única realidad que me toca por vivir: si es cierto que si acabara en la cárcel sería más difícil encontrarme con estos autosuficientes, porque lo único que tienes que hacer es preguntarles los temas que intentan evitar y, al final, ellos mismos te evitan. Cuando tienes que compartir una estancia cerrada con alguien economizas mucho los motivos de vergüenza..., ¿es cosa mía o este pequeño republicanito está justificando las checas para cierta clase de energúmenos? Jeje, no debería de bromear con respecto a lo que no conozco.




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