domingo, 22 de julio de 2018

La octava.

Estabilidad y aceptación es lo que nos va quedando a medida que va pasando el tiempo y asumimos lo que nos toca a cada uno. Cuando se trata de terminar proyectos, el aburrimiento ataca debido a que las indecisiones sobre cómo diseñar las cosas hacen que no valga la pena el esfuerzo. Sin embargo, cada acción no llevada a cabo es una decisión de diseño que supone un avance.

Mientras tanto, el paro estructural, el reducido poder adquisitivo y las taimadas maneras de los distintos mercados que quiera imaginarme que existan echan para atrás proyectos que serán recogidos por quienes tienen crédito para intentarlo veinte veces antes de que alguna les haga ganar una vez más aún más dinero ¡Viva el libremercado y su mecanismo de defensa natural basado en los apadrinamientos!

El ser humano es imaginativo y ambicioso por naturaleza; bien se le puede obligar a quedarse calladito y arrinconado. Pero no sabemos hasta qué punto el que gasta tantas energías en destruir a alguien se está forjando con el tiempo no una rivalidad, sino unos enemigos muy poderosos de por vida y que, al mismo tiempo, le atacarán desde el anonimato.

Por eso, por muy oscura que sea la época, aunque uno muera antes de que la luz vuelva al final del tunel, la mezquindad no tiene más remedio que hundirse junto con aquellos que la defiendan.

Me ha venido a la mente el modelo económico que defiendo considerando la realidad de la superpoblación y el avance civilizado de la misma. Me supongo que eso es justo lo que nos encontraremos: una mayor automatización, personas más especializadas para tratar los problemas de mantenimiento y una paulatina persecución de la obsolescencia programada porque, vamos, perseguir a las empresas que regalan bolsas de plástico, en vez de a los fabricantes que no usan mecanismos ecológicos..., ¡cuánta cobardía! ¡Y cuánta dejadez!

Ahora que no ha ganado en la oposición la tecnocracia, y sí el facherío, temo que volvamos hacia atrás y que la política vuelva a buscar el titular fácil para obtener el caramelito socialdemócrata que justifique la financiación de su campaña..., nos retrotraemos, volvemos a lo de siempre. En cuanto Pedro Sánchez fracase como presidente y, gente como Pedro Duque, fracase como tecnócrata, las apariencias y el facherío se impondrán con la dictadura de las apariencias y los títulos en falso. El que fuera mal estudiante en una universidad, se convertirá en estudiante genial y brillante nada más dedicarse a la política o tener un padre alto funcionario.

Esta fue mi octava primera gran verdad. Que nadie se lo tome como un dogma, bastantes religiones tenemos ya y lo que aquí se escribe lo hago para no sucumbir a la demencia.

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