Me ha parecido maravilloso echar un ojo al Twitter y comprobar un TT: había un artículo publicado el día de hoy por el mismísimo Mario Vargas Llosa y, para grata sorpresa mía, Internet fue capaz de captar las ironías y las sutilezas..., aunque no se plasmó con los comentarios.
El señor Vargas Llosa es innegablemente una persona que suele escribir artículos pero, a menos que me equivoque, no suelen tener repercusión. Es maravilloso pensar que se puede referenciar la belleza de un artículo y, al mismo, oir como un run-run que te dice que ahí hay algo más. Y lo hay.
Maravilloso, como de hecho lo es este escritor, el artículo sobre un secuestro. Bien contado, con su elegancia habitual; sin demasiados artificios y, de vez en cuando, haciendo gala de alguna palabreja por la cual debiéramos el resto de los mortales acudir al libro de cabecera.
Pero la cosa por la cual escribía yo esta entrada es porque exactamente la misma historia que nos cuenta este hombre yo mismo la he visto: podías leer los libros de Vargas Llosa, tan hermosos, que te lo imaginabas defendiendo posturas..., más de la gente pobre ¡Pero ay los ignorantes que somos! ¿Cómo era? ¿Que si los pobres no leen es porque son ignorantes?
Este peruanio nos contaba la historia de una alicantina secuestrada por los ardides de un gurú en Perú ¡Qué no fue lo que llegué a pensar cuando vi a don Mario sentado al ladito de Aznar, haciendo migas! Y entonces me preguntaba, ¿qué ha pasado aquí? ¿Quién engaña a quién? Y veíamos a don Mario embaucado por los cortes occidentales y vestido al uso con todas las galas, trabajando para el liberalismo y el capital ¡Es que era éste el Vargas Llosa que salió del Perú con ese repertorio cultural!
Y entonces le podíamos preguntar a él, ya que es mayor de edad, si le gustaba ser raptado por el capitalismo; decía que sí. No se veía afectado ni contaminado por las riquezas y los lujos, podía seguir lanzando consignas hacia las distintas clases sin que afecte a su discernimiento. Claro, aquí más de uno se queda atónito ¡Cuánta peculiar ironía que fuera el propio Vargas Llosa el que escribiera este artículo con una víctima de las andanzas áusteras del Perú!
Pero leía el artículo y se me acumulaban las ironías, no podía ni recordarlas ni enumerarlas..., hay que recordar que soy pobre y, claro, como por ello debo ser ignorante debo no haber leído lo suficiente como para estar a la altura de las circunstancias.
Me parece curioso cómo al final aboga por la libertad de la chica: ¿se está reivindicando a sí mismo después de que se descubriera el esperpento de Aznar y sus amistades?
Yo no me creo que sea yo tan inteligente ni tan mordaz, de vez en cuando descubro que la gente sí es hasta inteligente..., lo cual es una grata sorpresa: me da la impresión de que es como si..., como si viviera en sociedad. No sé. La única novela que he escrito es casi una reivindicación al esoterismo de los libros, y me gusta infundir esa pobreza en las personas para que vuelvan a la realidad áustera de la que todos procedemos. Se trata de mezclar las fantasías y viajar en nuestro mundo con las reivindicaciones de unas letras sencillas que, de vez en cuando, nos obliguen a ir a un libro de referencia.
Me gustaría pensar que algún día don Mario sea atrapado por el héroe de su historia y acepte sus orígenes para reinvindicar incluso el folklore de su tierra por encima de la civilizada manera de observar a las élites sin capacidad de distinguir el pasado.
En cualquier caso, con un buen café en la mano y una magdalena (que no un muffin, que son muy caras) he podido disfrutar de un artículo mientras observaba cómo las segundas lecturas cobraban vida.
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